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¿Qué secretos pueden aprender las empresas de los bosques?

¿Qué secretos esconden los bosques acerca de la economía sostenible? Un filósofo economista alemán muestra un bosque en Múnich a varios gerentes, explicándoles lo que pueden aprender de los hongos y árboles muertos.

 

Unos 20 gerentes se paran en medio de un bosque y miran fijamente a un tronco de árbol en descomposición cubierto de musgo. Apenas se oye un ruido, excepto el susurro silencioso de las hojas bajo los pies y el canto de los pájaros en lo alto.

El grupo de hombres y mujeres está disfrutando de este momento de paz. No obstante, no se encuentra aquí para estar en comunión con la naturaleza, sino para aprender. Quieren saber cómo pueden sobrevivir sus negocios a la creciente competencia y globalización, evitando contribuir al agotamiento de los recursos naturales.

La mayoría dirige empresas regionales de tamaño medio. Esperan encontrar las respuestas entre los árboles de una década de antigüedad en Múnich, en el sur de Alemania.

El paseo por el bosque forma parte de un seminario organizado por el filósofo economista Friedrich Glauner y el experto en bosques Rainer Kant. Juntos ofrecen un nuevo concepto económico que aplica los principios del éxito de un ecosistema forestal a las empresas.

El grupo se adentra en el bosque.
El filósofo Glauner, de la Universidad de Tubinga, cree que un nuevo concepto económico es necesario porque “el colapso está cerca”.

Consumo, competencia y colapso

Por la mañana, antes de partir hacia el bosque, los participantes del seminario se sientan juntos en un restaurante tradicional bávaro. Disfrutando de unos típicos bretzel (una especie de rosquilla salada) acompañados de café, aprenden sobre el nuevo modelo económico y el fin del mundo.

Según Glauner, profesor de la Universidad de Tubinga, es necesario un nuevo concepto económico porque “el colapso está cerca”. “La gente corre colectivamente hacia el abismo como los lemmings”, advierte.

“Si bien tiene sentido a nivel individual y racional perseguir la maximización de las ganancias, esto tiene un efecto destructivo en nuestra sociedad. Conduce a la sobreexplotación de los recursos naturales y a una creciente desigualdad. En el pasado, estas fueron las dos razones principales por las que las sociedades colapsaron”, explica.

Es un mensaje apocalíptico para digerir con el primer café de la mañana. Mientras unos se muestran escépticos, otros asienten con la cabeza. Los gerentes, sentados alrededor de una robusta mesa de madera, proceden de industrias muy diversas, como la cosmética natural, la impresión en 3D o el galvanizado de componentes metálicos. Pero todos ellos comparten el deseo de aplicar un modelo de negocio más sostenible.

“Trabajamos con pequeños agricultores y recursos naturales de todo el mundo”, cuenta Gabriele Pölt, empleada de la empresa de cosmética natural. “Me gustaría saber cómo podemos mejorar nuestros procesos, no sólo para la naturaleza, sino también para nuestra gente”, aclara.

El filósofo propone un cambio de mentalidad. En lugar de, simplemente, perseguir los beneficios, las empresas deben entender que forman parte de una estructura más amplia. Deben centrarse en la creación de productos y servicios que beneficien a los clientes, al personal y a todos aquellos que forman parte de la cadena de suministro.

Kant muestra qué animales y organismos viven en la madera muerta.
La diversidad hace que los bosques sean más resistentes, según Kant. Pero también es importante a nivel microbiológico.

Relaciones comerciales entre hongos y árboles

La teoría, en el restaurante, es seguida por la práctica en el bosque. En un pequeño claro rodeado de falsos abetos, abetos y abedules, el experto forestal Kant ofrece ejemplos prácticos.

El capitalismo vive de la competencia, pero en la naturaleza la cooperación y la comunicación son más importantes, según explica Kant al grupo, mientras señala al suelo. La micorriza, por ejemplo, es una relación simbiótica entre un hongo y un árbol. El hongo crece como una telaraña alrededor de las raíces de un árbol, suministrándole agua y nutrientes de la tierra. A cambio, el árbol captura la energía del sol para sí mismo y para el hongo. Se trata de dar y recibir. Pero si uno de los socios no sigue el juego, entran en negociaciones difíciles.

“Un árbol puede cooperar con varias micorrizas, y si un hongo no suministra suficiente agua y nutrientes, el árbol le dará menos azúcar al hongo para alentarlo a aumentar el suministro”, explica Kant, que trabaja para la red de manejo sostenible B.A.U.M. El árbol tiene cuidado de no matar al hongo privándolo completamente de alimento, porque quiere mantener la relación mutuamente beneficiosa. “Dirigen relaciones comerciales equilibradas”, aclara Kant.

Filosóficamente hablando, las empresas pueden tomar esta simbiosis como modelo. Empleados, clientes y proveedores forman parte del ecosistema de una empresa, según explica Glauner. No deben ser considerados como meros factores de costo, sino como miembros vitales de una relación simbiótica en la que todos agregan valor y beneficio al mismo tiempo.

Kant (en el centro) espera serpientes en el suelo.
El experto forestal Kant ofrece ejemplos prácticos de las teorías filosóficas de su colega Glauner.

Madera muerta y descomposición

Ya más adentrado en el bosque, el grupo se detiene en otro pequeño claro, estaba vez rodeado sólo de falsos abetos. Según Kant, alrededor del 89 por ciento de los bosques alemanes están gestionados como ecosistemas con tan sólo una o dos especies de árboles. Esto hace que los bosques sean más vulnerables a enfermedades e infecciones. Por el contrario, en bosques más diversos, las hayas y los abetos que rodean a un falso abeto pueden prevenir la propagación de determinadas enfermedades.

Señalando un trozo de madera muerto en el suelo, el experto forestal explica que se necesitan de 50 a 80 años para que un árbol se descomponga completamente. Durante ese tiempo, alberga millones de organismos y almacena agua y nutrientes, que libera gradualmente al medio ambiente.

“Cada cosa, por pequeña que sea, juega un papel importante. En la naturaleza, el crecimiento no tiene valor en sí mismo. Hay estancamiento y destrucción, fases de recuperación y descanso”, matiza Kant.

“Las empresas también deben permitirse descansar de vez en cuando para reflexionar sobre lo que mejor saben hacer”, interviene Glauner. El consejo es bien recibido entre los gerentes, especialmente por Josef Obeser.

Obeser trabajó en una empresa que en diez años creció de 50 a 2.500 empleados. “Lo queríamos todo. Pero cuando las ganancias bajaron, la compañía fue vendida. Probablemente debimos detenernos en 500 empleados y concentrarnos en lo que mejor hacíamos”, recapacita Obeser.

Una visión general del bosque
“Soy un haya en plena floración”, dice uno de los participantes al final de la caminata por el bosque.

Entornos saludables

Al final de la caminata, los gerentes parecen estar de acuerdo con la filosofía de Kant y Glauner, a pesar de las advertencias apocalípticas del desayuno.

“Soy un haya en pleno florecimiento”, dice uno de los participantes, lo suficientemente inspirado como para ofrecer una analogía. “Guardo tanta energía como necesito para crecer y en lugar de almacenar la sobrante la distribuyo a quienes me rodean para que ellos también puedan crecer y podamos ser un sistema fuerte y unido”, reflexiona.

Sin embargo, todos son muy conscientes del entorno en el que trabajan. La economía global sigue reglas diferentes. Beneficio y crecimiento son normalmente las metas principales. La pregunta sigue siendo cómo pueden las grandes empresas convencer a los accionistas para que desarrollen sistemas que beneficien a todos los implicados en la creación de un producto o servicio, en lugar de simplemente obtener ganancias.

Glauner cree que su modelo ofrece algo aplicable a cada empresa. Asume, sin embargo, que es más adecuado para las pequeñas empresas o negocios familiares, donde los propietarios tienen mayor capacidad decisoria. Con ese fin, planea más talleres por toda Alemania para finales de este año, donde continuará difundiendo su mensaje.

“Si podemos cambiar la forma de hacer negocios, estoy profundamente convencido de que podemos evitar el colapso”, concluye Glauner.

Autor: Katharina Wecker, Múnich (AR/CP)


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