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Agricultura natural contribuye a reducir el cambio climático


Se estima que entre 13 y 16 % de la producción de gases de invernadero (GEI) global son producto del uso de agroquímicos, de la implementación de maquinaria pesada que opera con energías fósiles, de prácticas agresivas como la deforestación y de modelos de consumo asociados con la agricultura convencional.



Así se refirió al impacto ambiental de estas prácticas el profesor Álvaro Acevedo de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien destaca que en contraste, “la agricultura natural combate el cambio climático al disminuir el uso de energía fósil asociado con la implementación de maquinarias, insumos químicos y manejo del suelo”.

Para el docente, director del Grupo de Investigación Agricultura, Ambiente y Sociedad de la UNAL, la agricultura moderna ha “satanizado” conocimientos naturales que fijan su atención en la tierra y no en los mercados. De ahí la importancia de volver a la agricultura natural, una práctica que nació en los años setenta de la mano del japonés Masanobu Fukuoka.

“La agricultura natural es el entendimiento de la tierra”, manifestó Larry Korn, agricultor natural y discípulo de la filosofía del sensei Fukuoka, quien visito la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL para difundir los principios de la agricultura natural y las técnicas utilizadas durante los años setenta en Japón, que saltaron al mundo buscando una producción y un consumo que no afectara el medioambiente.

El señor Korn difunde los principios del sensei Fukuoka, basados en la abundancia de la naturaleza y en la espiritualidad que se necesita a la hora de cultivar para entender el suelo, los cultivos, las plantas y los frutos. Al respecto, recalca la importancia de respetar el ritmo natural y la cosmogonía de las tribus nativas que le aportan a la agricultura frente al pensamiento controlador que ha tenido el hombre.

La agricultura natural se diferencia de la orgánica en que mientras la primera mantiene las dinámicas de la naturaleza sin basarse en un solo cultivo sino en la diversificación, la segunda busca sustituir insumos químicos por orgánicos, aunque también busca producir y vender en cantidades.

Uno de los principales retos de este modelo agrícola es el cuidado del suelo, elemento que conserva importantes reservas de carbono, que libera al ser intervenido con maquinaria pesada, afectando directamente la atmósfera y contribuyendo al calentamiento global. En la agricultura natural el suelo se conserva para garantizar la vida de las plantas, las cadenas de carbono y los contenidos de humus.

Además, se entiende a las hierbas espontáneas, comúnmente conocidas como “maleza”, como agentes que permiten el proceso de recuperación ambiental, conservan la humedad del suelo, dan comida y refugio a animales e insectos benéficos para los cultivos y ayudan a preservar el carbono reduciendo las emisiones de gases.

Así mismo, la agricultura natural va en contravía de los actuales procesos productivos alimenticios, los cuales también influyen en la producción de GEI.

“En el mundo, la producción, transformación, distribución y consumo de alimentos produce el 50 % de los gases emitidos, razón por la cual la agricultura natural busca promover sistemas de distribución más locales”, explica el profesor Acevedo.

Agricultura natural en la UNAL

La UNAL, además de tener una huerta de agricultura natural en la que se convive con la “maleza”, desde la Facultad de Ciencias Agrarias aboga por circuitos cortos de comercialización en los cuales los alimentos sean consumidos localmente y se invierta menos energía en su empaquetado, refrigeración y transporte a largas distancias.

También promueve el reciclaje de residuos sólidos orgánicos para generar abonos, la producción de biofertilizantes líquidos que se crean con base en minerales y microorganismos, y abonos verdes, que se refieren al cultivo de plantas vivas como leguminosas, para reciclar el carbono del suelo.

“La agricultura natural no es una receta, la clave es entender y leer la naturaleza, comprender qué puede producir según sus dinámicas, con lo cual se obtiene una calidad única en los alimentos que se producen reduciendo considerablemente las aportaciones de recursos externos al modelo”, finalizó el profesor Acevedo.


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