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Combustible, COVID 19 y la seguridad alimentaria en Venezuela


Pedro Raúl Solórzano Peraza


Para Venezuela, en la etapa post COVID-19 el suministro de alimentos quedará tan afectado, que la agricultura tendrá que ocupar un lugar prioritario para que contribuya con la seguridad alimentaria de la población.

La inesperada aparición del COVID-19 en la escena mundial como una mortal pandemia, ha afectado las actividades humanas en todas las disciplinas y niveles, y el pronóstico para la etapa que vendrá una vez superada la crisis generada por este virus, es de profundos cambios en el comportamiento del hombre, de sus artes, considerándose que una de las áreas más afectadas será la agricultura, en lo que respecta a la producción y distribución de alimentos suficientes para satisfacer las necesidades de la población.

En Venezuela, además del impacto de las consecuencias del COVID-19 se está viviendo el impacto de la escasez de combustible para las faenas agrícolas, lo cual afectará enormemente el abastecimiento de alimentos para la población. Esto por dos razones fundamentales: 1.-La gran disminución de la producción interna de alimentos estimada en los años recientes en menos del 20% de los requerimientos nacionales, la cual será cada vez menor por causa del desabastecimiento de combustible. 2.-La dependencia de las importaciones de alimentos basadas sobre los ingresos generados por el petróleo, hoy muy disminuidos debido a la precaria producción de la industria petrolera nacional, y por la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos.

Para el abastecimiento de alimentos en el futuro, también nos afectará el panorama mundial, porque la producción y distribución de los alimentos en todos los rincones del planeta se encontrará con muchos obstáculos y exigencias. Es evidente que el confinamiento de la población y la limitación en su movilización, ha causado caída en la producción e interrupción en las cadenas de suministro de los alimentos; además, se debe considerar que la población mundial va en aumento, con una proyección que permite estimar que para el año 2050, el planeta contará con más de 9.200 millones de habitantes que deben ser alimentados y lucharán por su seguridad alimentaria.

Como consecuencia de estas expectativas, la agricultura en Venezuela tiene que ser prioritaria, estratégica para el desarrollo del país. Para ello, es fundamental que se dicten políticas de verdadero apoyo a toda la cadena del agro, partiendo desde la producción primaria y el procesamiento, hasta la distribución y la comercialización de los alimentos. Que se tenga como norte lograr una agricultura cada vez más productiva, con mayores rendimientos y con el menor impacto negativo sobre el medio ambiente.

La agricultura venezolana se tiene que reinventar. Como política pública es perentorio sustituir la economía rentista basada en los ingresos petroleros, por una de mayor amplitud con la agricultura a la vanguardia. Hay que acabar con la “Enfermedad Holandesa” que ha oscilado como un péndulo sobre la economía del país, favoreciendo la importación de alimentos en lugar de apoyar la agricultura y poniendo en un permanente jaque a nuestra seguridad alimentaria. Esto lo estamos viviendo ahora, cuando el COVID-19, la disminución del consumo energético mundial que ha originado sobre oferta de petróleo y caída significativa de sus precios, más la bajísima producción petrolera nacional, han dejado al descubierto nuestra vulnerabilidad para asegurar una sana y suficiente alimentación a los venezolanos.

Para la orientación de nuestra agricultura  se puede incorporar el objetivo planteado por FAO en el 2011 de implementar el ISPA o Intensificación Sostenible de la Producción Agrícola, lo cual se define como “el incremento de la producción a partir de la misma área de tierra, al tiempo que se reducen los efectos negativos para el medio ambiente y se aumenta la contribución al capital natural y el flujo de servicios ambientales”. Para lograr ese objetivo, FAO decide utilizar el enfoque ecosistémico en la gestión agrícola, empleando insumos como tierra, agua, semillas y fertilizantes, en complemento con los procesos naturales que respaldan el crecimiento de las plantas como son polinización, depredación natural para el control biológico de insectos plaga y de enfermedades dentro de sistemas de manejo integrado, y la acción de la biota del suelo que permite mejorar el acceso de las plantas a los nutrientes disueltos en la solución del suelo.

Actualmente, con el desarrollo de la Cuarta Revolución Industrial que lleva a su lado lo que han denominado Agricultura 4, considerada como “la aplicación del bigdata al sector agrícola con el apoyo de sistemas de captación y trasmisión de datos en tiempo real”, se persigue una agricultura de precisión, que contemple un uso más racional de los recursos y de los insumos básicos para la producción con el fin de incrementar los rendimientos, a la vez que se brinda un mejor trato al medio ambiente.




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