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Cooperativismo como estrategia en la producción piscícola Venezolana


El alimento representa el más importante de los desembolsos que se deben realizar en un desarrollo piscícola  comercial. No siempre se cuenta ni con la calidad ni con la presentación mínima exigida por nuestros cultivos, y las plantas procesadoras de alimento no cubrirán nuestras expectativas hasta tanto ello no cubra sus aspiraciones mercantilistas en lo que a volumen solicitado se refiere. Conocer y evaluar esta realidad, sin caer en desasosiego ni dejar engañarnos por falsas creencias y soluciones fantasiosas es de gran importancia.


German Robaina G.

robainag@gmail.com

Estimaciones de la ONU muestran que la poblacional mundial para el 2050 será 9,7 billones de personas, lo cual genera fuerte presión sobre el medio ambiente y los recursos naturales para satisfacer las necesidades de agua, energía y alimento.

En el año 2014 la producción acuícola supero por primera vez a la pesca capturada del ambiente natural, colocando a la acuicultura en una elevada posición de importancia, no sólo por ser proveedora de alimento de calidad, sino por su importancia económico-social en la generación de fuentes de trabajo.

Sin embargo la producción acuícola posee como uno de sus más grandes retos, producir biomasa pesquera generando adecuada rentabilidad, afrontando enormes gastos en los insumos, especialmente en lo que alimento se refiere.

Muchos productores independientes se dedican a buscar alternativas para sustituir el alimento comercial por fuentes alternas, ejercicio éste delicado y peligroso si no se maneja adecuadamente y se establecen límites, ya que estas búsquedas pudieran llevarlos a realizar mayores desembolsos económicos que en la adquisición de los alimentos comerciales.

A nuestro parecer, esto es responsabilidad de las universidades y centros de investigación que deberían estar vinculados con el sector productivo, pero ese es otra historia.

Por otra parte, algunos críticos de la actividad afirman que para producir peces se requiere gran cantidad de alimento de origen marino, y de ahí su elevado costo; lo cual es incorrecto, y si fuese así, la actividad piscícola mundial.

La industria de alimentos para acuicultura ha tenido avances significativos en los últimos años, logrando que la dependencia de altos niveles de inclusión de materia prima de origen marino (harina y aceite de pescado) disminuya cada día más, y está siendo sustituida por fuentes alternas de proteínas con mucho éxito, entre otras por la soya.

El año 2015 The Marine Ingredients Organisation (IFFO) actualizó los valores de kilogramos de peces silvestres necesarios para producir un kilogramo de peces en acuicultura FIFO (fish in fish out).

Las evaluaciones realizadas demostraron una diminución interanual en los valores FIFO estimados durante los últimos años, encontrándose además que la mayoría de los valores son menores a 1, gracias a la optimización del uso de harina y aceite de pescado en las dietas y los FCA logrados por parte del manejo y técnicas de los piscicultores (tamaño de la ración, frecuencia, etc.)

Así, que no siempre el uso y el costo del aceite y harina de pescado son los responsables del elevado costo del alimento de peces en nuestros países.

En general la poca y aislada demanda por parte de consumidores hacia las plantas procesadoras y fabricantes de estos alimentos, los obliga a producirlos sólo cuando no tienen pedidos de mayor envergadura (pollos, cerdos, ganado bovino, etc.), ya que requieren paralizar la maquinaria, limpiarla entre uno y otro bach de producción, movilizar los ingredientes, entre otros, generando gastos.

Como consecuencia de ello, suelen elaborar alimentos según su propio criterio y estimaciones de mercado, muchas veces a riesgo, y lo entregan a los distribuidores y minoristas, que al fin y al cabo son los verdaderos encarecedores del producto, entre otros por el flete y gastos de almacenaje que asumen, además de sus lógicas pero generalmente exageradas ganancias.

Por ello, parte fundamental de las propuestas que hemos presentado para la potenciación de la piscicultura nacional es la del cooperativismo.

Cooperativismo en la adquisición de alimentos, cooperativismo en la adquisición de quipos, cooperativismo en la contratación de asistencia técnica, en el procesamiento, en la comercialización, en la exportación, y hasta en la realización de los trámites burocráticos ante los entes rectores.

Y ahí vuelve a tomar importancia nuestra propuesta de Piscicultura Intermedia. Iniciarnos mediante asociaciones estratégicas en desarrollo de alcance comercial (nunca subsistencia) mientras nos consolidamos, y una vez que se ha alcanzado una elevada producción y si se desea dar el gran salto al nivel industrial, cualquier productor puede independizarse si es de su agrado, lo cual perjudicará muy poco o en nada a los demás cooperativistas.

Solo como ejemplo matemático: Un productor de Tilapia que posea 24 tanques de cultivo de 50.000 litros cada uno, posee en potencial de producción de 52 TM/año de tilapia roja, y se estima que requiere 78.000 kilogramos de alimento al año a razón de una Tasa de conversión de 1:1,5.

Si se lograra conformar una cooperativa de cien productores, tendrían la fuerza suficiente requerida para generar un pedido directo y programado a fabrica de 7.800.000 Kg de alimento con la calidad y dimensiones exigidas por su cultivo (% proteína y tamaño del grano)

Este último tema, el % de proteína del alimento, y el tamaño del pellet, es otro gran engaño a tener en cuenta.

En nuestro país el alimento no posee el nivel adecuado de proteína, ni las demisiones adecuadas para su ingesta.

Las diferencias en el contenido de proteína podemos manejarlo ajustando las raciones y frecuencias de alimentación. Pero para solventar lo correspondiente a tamaño del grano, recurrimos a trillarlo o molerlo, para lograr gránulos de adecuado tamaño para nuestros ejemplares, lo que trae como consecuencia una importante pérdida de alimento en forma de harina, que debe ser contabilizada a la hora de hacer nuestros cálculos y estimar la FCA, cifra ésta que tradicionalmente nunca logramos alcanzar y debe ser evaluada al momento de estimar la rentabilidad del ejercicio de producción para no engañarnos.

Ejercicios iguales o similares suceden con los fletes, almacenamientos, maquinarias y equipos, entre otros.

Hace ya muchos asistimos a reuniones en las que los camaronicultores colombianos asociados en ACUANAL, se estaban organizando y evaluando alternativas para “enfrentar” los problemas logísticos que tendrían en la contratación de fletes frente a sus eventuales exportaciones ante sus “potenciales rivales”, los bananeros.

Se organizaron, se agruparon, sortearon los obstáculos e inconvenientes y lo lograron.

La instalación de plantas de producción privada de alimentos balanceados (ABA) no siempre es la solución. Si la producción total a obtener no es la suficiente, en general no se logra amortizar su costo en el tiempo y es más el tiempo en desuso que operativa. Sin embargo sí se construye un ABA para una cadena de producción piscícola privada conformada por varios productores, cuya demanda de alimento sobrepase el punto de equilibrio financiero y operativo de dicha planta, la historia es otra.

La propuesta que hiciéramos a PDVSA Agrícola y fue rechazado por muchos de los actuales promotores de la piscicultura venezolana (incluyendo a representantes de Insopesca) por involucrar al sector privado venezolano, contemplaba tres eslabones básicos para sortear estos inconvenientes: 1.- Una granja especializada para garantizar el adecuado, oportuno suministro de alevines a un precio mucho más accesible que el mercado tradicional. 2.- Una instalación común de procesamiento y almacenamiento de la producción obtenida para su comercialización a los mejores precios del mercado sorteando los tradicionales intermediarios y, 3.- Estrategias de adquisición o producción del alimento requerido para una adecuada producción y rentabilidad por parte de todos los miembros comunitarios.

Revisemos la historia de otros países latinoamericanos que han logrado pasar el umbral del conuquismo piscícola a la producción comercial y encontraran un gran factor común.

Pero no se asusten, el comerciante y prestatario privado de servicios e insumos no tiene que desaparecer ni sentirse desplazado, él tiene su nicho propio para aquellos que no forman parte de cooperativas, para aquellos insumos no contemplados en la cooperativa, para aquellos que no producen a escala comercial, y por supuesto, puede también formar parte de éstas cooperativas bajo condiciones más favorables al productor.

Nuestra propuesta hecha meses atrás en este mismo medio, sobre la conformación de una Red tilapia para Venezuela, se enfoca en esta dirección.


Germán Robaina es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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