Acuicultura y piscicultura Articulistas Pesca Venezuela

El alcance de tu cultivo piscícola determinará cuantos recipientes requieres


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


Proceso básico para el inicio de cualquier cultivo piscícola, es proyectar y planificar cuidadosamente las diferentes etapas, procesos y rutinas requeridas para la obtención de beneficios y cuantificar adecuadamente los costos para poder garantizar el éxito de la empresa que queremos desarrollar.

Si lo que queremos es desarrollar una actividad piscícola como pasatiempo u ornato, proveernos de proteína de origen pesquero para autoconsumo, o una actividad de alcance comercial (para lucrarnos y vivir de ella), tenemos que evaluar diferentes aspectos, no todos de índole biológico, para poder dimensionar nuestra inversión y estar absolutamente claros en el alcance del desarrollo requerido, su costo de implementación, los beneficios que nos proporcionará, y cuanto tiempo requeriremos para lograrlo y amortizarlo.

Para ello debemos esquematizar el desarrollo de la actividad a realizar y dimensionarla de acuerdo con las metas propuestas, incluyendo en esto la especie a utilizar, el número de recipientes de cultivo, la densidad de siembra, la producción esperada, el costo y disponibilidad de los insumos, el precio de venta, potenciales mercados, estrategias de comercialización, entre muchos otros.

Este proceso nos permitirá identificar con anticipación no solo los recursos requeridos para su desarrollo, las eventuales ganancias esperadas y los periodos de máxima demanda de recursos financieros, a la vez que minimiza riesgos, contingencias y per­mite generar una proyección de los resultados espera­dos para cada ciclo de cultivo.

Si nuestro cultivo se acerca más a una escala comercial que a una escala de subsistencia y/u ornato, recomendamos elaborar una Matriz de Planeación y Manejo (MPM), representada por una tabla Excel con las principales variables que afectan el proceso de cultivo utilizando datos e información de ciclos previos y/o referencias de profesionales confiables aplicables a nuestro sistema.

Esta matriz suele identificarse como “Corrida de Producción”, sin embargo, ésta no ofrece información detallada sobre aspectos administrativos y contables de la actividad a desarrollar, y aunque esta simulación permitirá obtener una aproximación de los requerimientos de personal, alevines, alimento, cosechas, etc., y organizar las principales actividades del ciclo de cultivo, poniéndole un valor (precio) a cada una de ellas, tan solo nos permitirá proyectar la viabilidad bruta en biomasa e ingresos generales de nuestro proyecto, por lo que sus resultados suelen ser siempre positivos y generalmente muy engañosos.

Por el contrario, una “Corrida Financiera” que no es otra cosa que una proyección detallada a futuro -generalmente proyectado a 5 años- de todas las inversiones, ingresos y egresos de un proyecto, nos ofrecerá una visión mucho más integral de la viabilidad del proyecto.

Una corrida financiera debidamente formulada, que incluya detalles de todos los gastos (actuales, previos y futuros), inversiones, costos de capital requerido para su desarrollo, costos de financiamiento (capital más intereses), devaluación y reposición de infraestructura y equipos, entre muchos otros, nos ofrecerá un panorama bastante más real y generalmente diferente al ofrecido por la corrida de producción.

Tan solo la amortización a cinco años del capital de trabajo requerido y sus intereses (si los hubiese), suelen echar por tierra los resultados de la corrida de producción, y esta última suele elaborarse ciclo por ciclo (invierto tanto y gano tanto), de manera que da por sentado que toda la biomasa generada es vendida al mejor precio posible al finalizar el mismo ciclo, algo que  tradicionalmente es falso, además de no contemplar variables financieras (amortización, devaluación, reposición, intereses).

Los ingresos por la venta de la biomasa obtenida en los primeros ciclos de cultivo, aún si se vendiera toda ella a corto plazo y al mejor precio posible, generalmente son requeridos para cubrir gastos del próximo ciclo de cultivo hasta que el sistema alcance su estabilidad operativa y productiva, información que no suele reflejarse en las corridas de producción.

Por otra parte, esta matriz MPM puede facilitarnos la estimación del denominado Proyecto Mínimo Viable (PMV) que corresponderá a la menor dimensión posible que el desarrollo requiere para alcanzar una producción continua, estable y económicamente rentable, con el menor costo fundacional y operativo posible.

Para la formulación de referido PMV se suelen realizar sobre nuestra MPM, algunos “ajuste” sobre los diferentes valores otorgados a las principales variables que lo afectan (número de recipientes, volumen y densidad de siembra, entre los más importantes), y los resultados obtenidos en este ejercicio ofrecerán información sobre el dimensionamiento mínimo de nuestra unidad, y la mínima densidad de siembra recomendada para que nuestra empresa no entre en default.

Muchos fracasos se han obtenido en la piscicultura venezolana proviene de la venta de proyectos, instalaciones y/o modelos sub o sobre dimensionados, sin contar con la debida valoración y evaluación técnica-financiera.

Entre las principales variables recomendadas a tomar en consideración destacan algunas variables técnicas (densidad de siembra, peso final de los ejemplares, mortalidad esperada, tasa conversión alimentaria, biomasa final esperada entre otros), mientras que entre las principales variables operativas destacan la frecuencia de siembras y cosechas, la alimentación, mano de obra fija y temporal requerida y el mantenimiento de instalaciones y equipos, entre otras, mientras que entre las principales variables económicas destacan la inversión inicial (proyecto, adecuaciones, instalaciones y equipos), el capital de trabajo requerido para llevar a buen término nuestro proyecto, precio de venta, ingresos por ventas, la amortización del capital y de intereses, y la devaluación de equipos e instalaciones, agrupados todos ellos en los denominados costos fijos y variables

Finalmente, con los resultados teóricos obtenidos en nuestra matriz, nos corresponderá planificar los ciclos de cultivo y asegurarse se cuente con los recursos económicos mínimos requeridos y se puedan cumplir compromisos adquiridos mientras de logran siembras y cosechas escalonadas a lo largo de todo el año, aumentando paulatinamente la densidad de siembra mientras se adquiere experiencia, lo que repercute en incrementos en la producción total por año y disminución de los costos operativos, pudiendo resultar abismal la diferencia de producción, productividad y rentabilidad de la operación según el número total de recipientes utilizados y su densidad de siembra.

Aunque en nuestra Corrida de Producción todo parezca estar bien, una vez iniciado el ciclo de producción, se recomienda ir verificando los resultados obtenidos y constatar que estos resultados corresponden a los estimados, así la matriz se convierte en un modelo dinámico de producción, que sirve de referencia para las actividades de manejo, además de prever los momentos críticos para las variables de interés, ofrece un punto de comparación de los resultados obtenidos conforme avanza el cultivo, y tomar las decisiones inmediatas cuando se requiera corregir o mejorar el desarrollo sin tener que esperar hasta que el ciclo termine, ya que sin ello, nada puede hacerse para evitar o reducir las repercusiones económicas que un mal ciclo puede tener.

Debemos en este punto recordar, que no es siempre conveniente iniciar con las más elevadas densidades de siembra, no solo por aquello de ir ganando experiencias, sino también para minimizar los recursos económicos requeridos hasta que se estabilice el ciclo de producción – venta, ya que cada aumento en la densidad de siembra trae consigo un fuerte aumento en los desembolsos requeridos para mantener el ciclo de producción.

También debemos recalcar que, aunque se requiere algo más de inversión inicial, resulta mucho más eficiente y rentable contar con el mismo volumen de agua distribuido en 12 o 24 recipientes, que colocarlo en tan solo 6 u 8 recipientes de cultivo.

El número de recipientes de cultivo utilizados, así como la duración del ciclo de engorde de la especie seleccionada determinaran cada cuanto tiempo podremos sembrar estos recipientes y cosechar nuestra biomasa. Si cultivamos una especie con un ciclo de engorde de seis (6) meses y disponemos de 24 recipientes, podremos realizar siembras y cosechas semanales una vez puesto todo el sistema en funcionamiento, mientras que a duras penas podremos realizar cosechas mensuales si disponemos de 6 recipientes, y/o quincenales si disponemos de 12 recipientes, mientras se deben afrontar gastos operativos fijos aún sin producción.

La primera tabla anexa muestra un resumen de los resultados teóricos obtenidos en una proyección para el cultivo de tilapias utilizando 6, 12 y 24 recipientes de cultivo de 100 m3, a una misma densidad (50 ejemplares/m3) y costos de producción equivalentes a las dimensiones del desarrollo,

La segunda tabla nos ofrece un resumen de los resultados obtenidos en ese mismo ejercicio para estimar la rentabilidad esperada (ganancias/ventas) y la denominada ROA (ganancias/costos) sin tomar en cuantos valores
correspondientes a financiamiento e intereses.

La tercera y última tabla ofrece los valores correspondientes a rentabilidad estimada tomando en cuenta los valores de financiamiento e intereses requeridos para los tres desarrollos, incluyendo gastos de amortización de capital con un año de gracia y 4 años de plazo y un interés del 3% anual, tomando especial cuidado en recordar que el financiamiento y sus intereses “desaparecerán” a tras el octavo ciclo de cultivo.

Finalmente, aunque muchos no lo comparten, escalonar siembras y cosechas a lo largo del año mediante el aumento del número de recipientes de cultivo (que puede realizarse de manera modular), contribuirá en minimizar la acumulación de los desembolsos (gastos), al disminuir el tiempo requerido para el retorno del capital, lo que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso de la iniciativa propuesta.

Un breve análisis matemático nos indica que si sembramos simultáneamente seis (6) recipientes de cultivo y los cosechamos a los seis (6) meses, estaremos cosechando unos 10.824 Kg de biomasa con un valor a puerta de finca estimado a $ 27.060, habiendo acumulado una deuda de $17.520 por concepto del capital de trabajo utilizado, mientras que si sembramos un recipiente mensual, una vez estabilizado el sistema, obtendremos cosechas individuales de 1.804 Kg semanales (24 recipientes), con un valor de $ 4,510, pero acumulando una deuda por capital de trabajo de apenas $ 2.920 (todo ello sin contabilizar préstamos y/o intereses).

Todo este capital tiene un costo de oportunidad, y a menos que sea usted uno de esos pocos privilegiados a los que le sobra el dinero y no sabe qué hacer con él, no se deje embaucar. Saque muy bien sus cuentas, el negocio funciona, pero tiene sus bemoles.

Ofrézcanos los datos de su unidad de producción, y con mucho gusto le ofreceremos ayuda y proyecciones para maximizar su producción.



Germán Robaina es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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