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Injerencia más crisis igual a soberanía agroalimentaria: Bendita ecuación.


Vicente E. Contreras R.


Pensar en fuentes alternas nacionales para la alimentación animal antes del viernes negro, del año 1982, en Venezuela, eran acciones románticas o quiméricas de emprendedores que percibían el enorme potencial de nuestra biodiversidad. 

El calificativo romántico o quimérico se deriva de que hasta ese entonces el  país tuvo una moneda artificialmente fuerte, que permitía comprar materias primas y alimentos a muy bajo costo, y cualquier desarrollo agrícola nacional con esta finalidad tenía que enfrentarse contra: políticas de Estado incoherentes con el desarrollo agrícola nacional, poco apoyo tecnológico, desconocimiento del potencial, uso y manejo, agronómico y agro industrial de nuestros cultivos forrajeros, y a los enormes subsidios que los países desarrollados proveían directa o indirectamente a sus productores generando las distorsiones de mercado que tales prácticas incidían en el comercio nacional.

En el año 1992, se disponía de mucha información que no había sido comprobada ni validada en campo e industria. Pero a finales de los 90’s numerosos estudiosos habían aportado suficiente información como para desarrollar la alimentación animal, basada en cultivos denominados “forrajeros” o “estratégicos”, a los que varios factores han restringido su desarrollo, tales como: resistencia al cambio, no estar incluidos en los patrones de financiamiento de los rubros agrícolas normalmente acreditados por entidades financieras, falta de abordarlos con escalamiento industrial, entre otros.

Desde hace tiempo se dispone de integrados tecnológicos que ofrecen razonable confianza en la producción animal, la idoneidad comprobada y validada de los cultivos estratégicos y recursos locales para la alimentación animal, las políticas de Estado derivadas de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, las relaciones de comercio complementario generada por la integración con países aliados, una población mundial creciente con pobreza y hambre desatadas por las dos crisis que arropan la mayor parte de la humanidad: la del capitalismo y la pandemia Covit-19, sobre esas lamentables tragedias, así como las obligantes iniciativas generadas por el bloqueo económico y medidas coercitivas, se abre un marco de oportunidades y fortalezas para el desarrollo integral de proyectos de Desarrollo Endógeno.

Cómo ejemplos de iniciativas privadas se pueden mencionar la cría de pequeños animales, la nueva visión de la acuicultura y la producción de cerdos. Sobre la mayoría de estos desarrollos el Estado luce anclado a paradigmas de dominación.

Una oferta tecnológica integral para la producción sustentable de cerdos, que entre otros puntos relevantes, se ofrece como la alternativa ambiental, social y económica, a las tecnologías aplicadas para la explotación intensiva que tienen amenazadas las cuantiosas inversiones previstas por Chinas en Argentina, por estar vinculadas estás últimas con hacinamiento, maltrato animal y contaminación.


Vicente E. Contreras R. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario, en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario, redireccionando hacia el artículo original.

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