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Innovación e incorporación de herramientas biotecnológicas impulsadas por INIA-Chile marcan una nueva celebración del Día Nacional del Vino: Chile


La historia del vino chileno también está marcada por la ciencia. Avances en torno a la biotecnología para valorizar los vinos auténticos a través de su huella genética, la adaptación de la viticultura al cambio climático, el descubrimiento y puesta en valor de variedades criollas y patrimoniales, y la obtención de interesantes productos de la ingeniería genérica para responder a los exigentes mercados son algunos de los aportes que han hecho los investigadores.



Santiago, agosto de 2021.- No cabe duda que la calidad del vino chileno es el sello que representa al país alrededor del mundo. Por ello, cada 4 de septiembre se conmemora a esta bebida que representa además la identidad nacional y que, en septiembre, debido a las Fiestas Patrias, aumenta su consumo.

El día, declarado por Ley, reconoce las virtudes de un producto que, con el paso de los años, se ha ido perfeccionando gracias al trabajo de los representantes del sector público y privado.

Para nadie es un misterio los beneficios antioxidantes que posee, pero existe menos conocimiento sobre la I+D+i que rodean a la industria del vino. Ese es el caso de la innovación e incorporación de mejoras tecnológicas en el manejo del viñedo y en aspectos enológicos, hasta el desarrollo de herramientas biotecnológicas, por cuenta de profesionales del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA).

Por ejemplo, en el Centro Regional de Investigación INIA La Platina, explica su Director Emilio Ruz, se han desarrollado iniciativas que buscan impulsar la competitividad de la industria del vino en la región Metropolitana y a nivel nacional. 

Entre los principales logros destaca poseer la colección de variedades más importante a nivel nacional donde se conservan 374 accesiones, representadas en 200 variedades, de las cuales más del 60% corresponden a variedades para vino o doble propósito (vino/mesa) disponibles para estudios y ensayos. Todo este material está completamente caracterizado, tanto morfológica, fenológica y molecularmente, dando garantías de su identidad varietal y ampliando el conocimiento del comportamiento de estas, bajo las condiciones ambientales de la región Metropolitana. Un completo catálogo de las variedades que se conservan en el INIA estará pronto a disposición para todo público.

Además, hay diversos experimentos sobre la adaptación de la viticultura al cambio climático. Estudios con incremento de temperatura controlados que retrasan las etapas fenológicas de la vid y utilización de poda tardía de invierno para demorar madurez.  

A ello, se suman proyectos biotecnológicos en uva de mesa y más recientemente de vino que han permitido editar su genoma o aplicar tecnologías de RNA interferente, para el desarrollo de líneas con resistencia a patógenos fúngicos.

Actualmente, los laboratorios de INIA La Platina ofrecen el servicio de identificación genética de variedades, una actividad permanente que sirve a fitomejoradores, viveros, productores, exportadoras, comercializadores, Tribunales y al Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), entre otros. En este contexto, se listan logros como la confirmación de la identidad de la cepa Carmenère, la identificación del origen de las cepas criollas, la identificación de cepas que han permanecido anónimas en viñedos patrimoniales, etc.

Al trabajo de INIA La Platina, en la región Metropolitana, se suman los esfuerzos de los investigadores de otros Centros regionales de INIA, quienes lograron producir el vino más austral del mundo, elaborar un vino sin alcohol, valorizar variedades patrimoniales, entre otros aportes generados durante toda su historia.

Huella genética del vino

La creciente demanda de los consumidores por productos que inspiren confianza y presenten información referida al origen del vino, así como la necesidad de evitar prácticas poco transparentes que desvalorizan la imagen de calidad en torno al vino chileno, motivaron a un grupo de investigadores de INIA, con el apoyo de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA) y Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), a rastrear el origen de la materia prima que se utiliza en la elaboración de esta bebida. Para hacerlo, actualmente trabajan en desarrollar una metodología de trazabilidad genético-molecular del origen varietal de los vinos, que permita hacer un seguimiento inédito de las variedades que componen un vino.



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