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Jóvenes rurales con un futuro educativo incierto frente a la pandemia


ANA LUISA MENDOZA VELA


La pobreza que a traviesan los países de tres continentes es muy lamentable, podría atribuirse a varios factores, quizás la alimentación y otro factor a la educación. En este artículo mi reflexión va en el sentido que el factor educativo tiene una repercusión significativa en los altos índices de pobreza de África, India y Latinoamérica.

En África, se encuentran los 10 países más pobres del mundo caracterizados por la desnutrición y por vivir en extrema pobreza (256 millones de personas padecen hambre); India se caracteriza porque una cuarta parte de su población sufre hambre extrema, en Asia 513 millones de personas padecen de hambre y en América Latina 42 millones de personas. 

Asimismo, más del 70% de la población de África es analfabeta, principalmente los jóvenes y las mujeres, más de 40% de la población de Asia es analfabeta, en América Latina sólo un 10% es población analfabeta. Otro dato, el promedio de hijos en África es de 5; en India y Latino América es de 3 hijos.

Esta situación de hambre, pobreza extrema, analfabetismo y número de hijos son factores que repercuten de forma negativa en la familia rural. Debido a que la familia rural vive en territorios normalmente alejados de las grandes ciudades y por lo tanto le genera dificultades para acceder a buenos servicios de salud, educación, infraestructura, energía eléctrica, agua potable, internet, entre otros. El padre y la madre al no poder acceder a estos servicios les será difícil transmitir o presentar una opción de vida mejor para sus hijos e hijas, debido a que no tienen un panorama más amplio de lo dinámico, exigente y competitivo que es el mundo actual; por lo tanto, solo les incentivan dedicarse a actividades agrarias, como es cultivar o crianza de animales o ser trabajadores agrarios si se quedan en la zona rural; o ser empleadas domésticas si migran a la ciudad o ser vendedores ambulantes o ser mendigos, si migran a las grandes ciudades. Por lo tanto, esta generación de jóvenes crece sin ninguna visión, porque son los padres y las madres quienes como adultos pueden mostrar un futuro diferente para sus hijos e hijas, pero no tienen los elementos necesarios para mostrarles una mejor opción de vida.

Conforme estos hijos crecen, he podido observar que ni siquiera tienen el incentivo por parte de sus padres para estudiar o aprender a leer y a escribir, y aunque ellos sepan o no, consideran que lo mejor será que se dedique a la finca o a la parcela u algún oficio que rápidamente pueda generarle ingresos tan denigrantes. Este joven cuando crece quiere buscar nuevas opciones en la vida, pero como no le incentivaron la lectura, la escritura, y el estudio en toda su magnitud, entonces se tiene como resultado que no tiene empatía con el estudio; y termina siendo una cifra más a los datos de pobreza mundial.

Ahora la situación de la pandemia ha vulnerado más a las familias rurales. Por mencionar, en Latinoamérica, las familias rurales hacían esfuerzos por enviar a sus hijos e hijas a las escuelas y los profesores de la comunidad ya los motivaban a asistir; actualmente eso ya no está sucediendo, porque no podemos estar aglomerados y además las familias no tienen acceso a los servicios de internet o de telecomunicaciones y lo que es peor como no han incentivado a sus hijos, el amor por el estudio, ellos tampoco quieren la educación virtual o a distancia.

Con esto quiero decir, que es indispensable que los Gobiernos analicen este contexto que están afrontando las familias rurales, debido a que la pandemia va a continuar, mientras tanto un gran porcentaje de niños, niñas y jóvenes rurales no tendrán acceso a la educación. No sólo se debe evaluar los indicadores económicos, sino también los sociales, ¿cuánto esta crisis sanitaria va a repercutir en el incremento del analfabetismo o del abandono escolar y ese abandono hasta termine en embarazos no deseados de adolescentes, y más efectos negativos?

Las familias rurales ya son vulnerables por su condición territorial, ahora lo son más, una población que no tiene acceso a la educación está condenada a ser engañada, manipulada, utilizada, a trabajar a merced de otros, ejerciendo trabajos vulnerables que atenta sus derechos. Estas generaciones rurales en 5 a 10 años son el futuro rural, ¿qué nos espera? Una crisis socio educativa grave, que terminarán siendo las personas más vulnerables en un mundo que ya actualmente es crítico. Mucho que hacer pensando en un futuro, por lo tanto, los gobiernos, la UNESCO y los organismos de ayuda deben generar las escuelas agropecuarias o instaurar los cursos de educación por el trabajo, que contribuya a los jóvenes, terminar su educación básica con un oficio o generar cursos laborales, que les permita incorporarse a la población económicamente activa; como agropecuarios, ganaderos, pintores, carpinteros, reposteras, costureras, peluqueros, etc, etc. En los últimos años se observa que los oficios especializados tienen  cada vez más demanda, pero las familias rurales desconocen;  si se tiene jóvenes preparados, podrán desempeñarse dignamente y generar sus ingresos sin llegar a ser vulnerables en un sistema de vida tan complejo.


ANA LUISA MENDOZA VELA es colaboradora destacada de Mundo Agropecuario

Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario, en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario, redireccionando hacia el artículo original.

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