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Los acuicultores, entre los más interesados en preservar la salud de los océanos*


Según un artículo llamando a la reflexión recientemente publicado por National Geographic, la sobrepesca, los residuos plásticos, la acidificación de las aguas, el cambio climático y el turismo descontrolado destacan entre las amenazas que acechan a los océanos.

Y señalan que, aunque se lleva tiempo advirtiendo que el deterioro de las cuencas oceánicas y sus ecosistemas nos pasarán una gran factura, el grueso de la población y la mayoría de los gobiernos no lo toman en cuenta.


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


Los océanos son vitales para nuestra supervivencia, pero la mayoría de las aguas del planeta no están sometidas a ningún tipo de regulación que garantice su protección, por lo que los ecosistemas marinos están destinados al declive, ahogados por la sobrepesca y degradados por la contaminación de unas aguas a las que cada año llegan millones de toneladas de residuos que podrían causarle daños irreversibles en las cuencas oceánicas.

Aunque se estima que más de un 70% de la superficie terrestre está cubierta de agua, menos de un 5% de esta superficie está protegida y/o no cuentan con medidas efectivas de protección, tanto en materia pesquera, como en otros ámbitos.

El mayor instrumento de protección son las llamadas “Áreas Protegidas”, y los conservacionistas llevan años instigando a las autoridades de todo el mundo a delimitar estas zonas para proteger los ecosistemas marinos mediante el establecimiento de esta figura, promoviendo la pesca y el desarrollo sostenible, sin embargo, la mayoría de estas áreas, cuando existen,  no pasan de ser  áreas protegidas en el papel, decretadas pero no protegidas, tal como ocurre en los Parques Marino Costeros del país, en los cuales la  presión del turismo, la circulación de embarcaciones y la pesca descontrolada, afecta la salud de sus aguas y ecosistemas.

La pesca insostenible es señalada como una de las mayores amenazas de los océanos, y estiman que las flotas pesqueras tendrán que invertir por lo menos cinco veces más esfuerzo para poder obtener el mismo volumen de capturas, ya que prácticamente todos los océanos han sufrido los estragos de la sobrepesca, y el número de peces disponibles es hoy una fracción de lo que fue hace siglos.

Por otra parte, el desarrollo urbanístico afecta las costas de todo el planeta. Los efectos sobre el medio ambiente por la necesidad de satisfacer las demandas habitacionales tienen un importante efecto en los ecosistemas costeros, en los cuales se estima se alberga un 60% de la población mundial.

Se estima que el 80% del turismo internacional se desarrolla en zonas costeras, playas y arrecifes de coral, y el desarrollo de complejos habitacionales, turísticos y recreacionales, para cuya construcción numerosas veces se levantan diques y presas, están diezmando seriamente estos ecosistemas, tal como ocurre actualmente en nuestra Reserva de Cuare y el Parque Nacional Los Roques, entre otros.

Señalan que cada día decenas de miles de barcos mercantes navegan por los océanos del mundo, transportando todo tipo de mercancías, desde alimentos y combustible hasta materiales de construcción, productos químicos y gran parte de los artículos que compramos en las grandes ciudades. En su trayecto, estas enormes masas flotantes siguen la ruta de las denominadas autopistas marítimas, cuya estela de contaminación puede apreciarse incluso desde el espacio.

Igualmente estimam, que más del 80% de la contaminación marina proviene de actividades terrestres, y que la mayoría de los desechos que producimos en tierra -desde los pesticidas hasta las bolsas de plástico- van a parar a los océanos, ya sea a través del vertido deliberado o por la escorrentía de las aguas a través de ríos y desagües, además de las aguas de escorrentía llenas de fertilizantes procedentes de granjas o explotaciones agrícolas que causan el fenómeno de la eutrofización, florecimiento masivo de algas que agotan el oxígeno disuelto del agua, acabando con gran parte de la fauna marina.

Así, prácticamente todo lo que no se elimina o se recicla acaba en el mar, convirtiéndolo en el gran basurero de la humanidad, y entre toda esa basura, preocupa especialmente la compuesta por plástico, ya que se descompone muy lentamente, y amenaza seriamente a los ecosistemas marinos y contaminando los océanos desde las costas hasta las profundidades de todos los océanos hasta la superficie del mar, y desde el Ártico hasta el Antártico.

Por otra parte, las corrientes marinas transportan los desechos flotantes hasta los confines más lejanos del planeta. Una parte importante de toda esa basura flotante va a parar al denominado Gran Basurero del Pacífico, situada entre Hawái y la costa de California, que posee un área está de unos 1,6 millones de kilómetros cuadrados, área que equivaldría aproximadamente a la suma de la superficie de España, Francia y Alemania juntas.

Gran parte de los millones de toneladas de toda esta basura plástica que llega a los océanos cada año han sido arrojados al suelo o a los ríos y arrastrado posteriormente al mar, y se ha encontrado plástico en el estómago de diminutos animales marinos que viven en las fosas del Pacífico, a casi 11 kilómetros de profundidad, hasta en el hielo marino del Ártico.

Aunque de una manera algo más lenta, el carbono liberado a la atmósfera también afecta considerablemente a la salud de los océanos.

El aire y el agua intercambian gases constantemente, de modo que una parte de lo que se emite a la atmósfera acaba llegando al mar, donde el viento lo mezcla rápidamente con la capa más superficial, y las corrientes lo expanden a todas las profundidades marinas.

Investigaciones desarrolladas por científicos revelaron que los océanos han absorbido el 30 % del dióxido de carbono emitido por la humanidad en los dos últimos siglos, y siguen absorbiendo alrededor de un millón de toneladas por hora, y aunque para la vida en la tierra este proceso es positivo, para la vida marina el panorama es muy diferente.

El exceso de COreduce el PH del agua, un proceso conocido como “acidificación”, que causa estragos en los ecosistemas marinos, en especial en aquellas especies que producen conchas o esqueletos pétreos de carbonato de calcio, como los caracoles, los pólipos de coral.

Esta “acidificación” de los océanos parece afectar la capacidad de los corales para producir nuevas colonias, pues el descenso del PH se traduce en una menor capacidad de fecundación y al denominado “blanqueamiento”, que se produce cuando los corales  expulsan las zooxantelas responsables de su coloración, rompiendo su relación simbiótica de la que depende para sobrevivir, daño que pudiera llegar a ser irreversible, y que se podría ralentizar evitando que las temperaturas sigan aumentando.

Finalmente, la actividad acuícola, tanto marina como continental, no escapa a esta realidad, y desarrollos mal planificados, mal ubicados, tecnológicamente mal formulados y  -especialmente- mal administrados, se transforman en potenciales contaminadores de nuestros océanos.

Los acuicultores de todo el planeta debemos ser los principales protectores y denunciantes de la salud de los océanos, y extremar esfuerzos para prevenir su degradación.

El agua que se utiliza diariamente los cultivos, contiene mayor concentración de nitrógeno, fósforo, materia orgánica en suspensión, y demanda bioquímica de oxígeno que las aguas receptoras naturales marinas y/o continentales, por lo que requieren ser devueltas al medio ambiente cumpliendo algunas directrices básicas:

  • Filtración física.
  • Sedimentación de materia orgánica en suspensión.
  • Minimizar carga bacteriana.
  • No contengan sustancias contaminantes externas.
  • No permitan el escape de ejemplares al medio ambiente natural.

Igualmente, los fangos generados por esta actividad, han de sufrir una serie de procesos para facilitar su gestión y minimizar el riesgo medioambiental y la salud pública, destacando entre ello:

  • Concentrar los lodos para reducir su volumen,
  • Estabilizarlos para evitar su putrefacción y evitar los malos olores,
  • Deshidratarlos para conseguir una textura que los haga más fácilmente manejables y transportables.

Las denominadas Buenas Prácticas de Producción Acuícola (BPPA) juegan importante rol en nuestros intentos de protección oceánica.

*Una adaptación del artículo de National Geographic “Los océanos más allá de un día en el calendario” del pasado 13 de junio de 2020.


Germán Robaina G. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario, en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario, redireccionando hacia el artículo original.

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