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Los insectos y el hombre

Foto referencial

Roberto Sierra B.

En general los agricultores están atentos al daño que puede causar la presencia de insectos en la parte aérea del vegetal; honrosas excepciones correlacionan las plagas del suelo, las cuales pueden tener una presencia constante debido al número de generaciones que pueden estar, en su metamorfosis dañando, o propiciando un medio comunitario creciente; el ejemplo más común es “la gallina ciega” en los suelos de cultivo de granos como el maíz y el sorgo.

Daños ocasionado por insectos subterráneos. Los ejemplos constantes los tenemos en los pastos de jardinería o deportivos. Ahí se encuentran la gallina ciega, el gusano de alambre, el ciempiés y la lombriz segmentada. ¿Cuántos propietarios de jardines citadinos, cuantos jardines públicos y cuantos jardines deportivos, tiene un tratamiento de prevención y control en programas de calendario?.

Casi tan seguros del ataque del hombre como los insectos que se alimentan internamente, están aquellos insectos que atacan a las plantas por debajo de la superficie del suelo. Entre estos se incluyen: masticadores, chupadores de savia, barrenadores de rices como los nematodos, e insectos que forman agallas (tejidos hipertrofiados e hinchazones en la raíz), cuyos ataques en sus características difieren de las formas aéreas justamente descritas, solo en su posición como referencia a la superficie del suelo.

Los insectos subterráneos, pueden pasar su ciclo de vida entero debajo del suelo, como por ejemplo el pulgón lanígero del manzano que mencionamos anteriormente. Este insecto, tanto en forma de ninfa como de adulto, chupa la savia de las raíces del manzano, ocasionando el desarrollo de tumores de mal aspecto y la pudrición subsecuente de las raíces en el punto de ataque.

Con mayor frecuencia, hay cuando menos un estadio de la vida del insecto que no ha tomado el habito subterráneo, como en el caso de la gallina ciega que ya hemos mencionado, los gusanos de alambre, el escarabajo japonés, las larvas de mosca que atacan a las raíces, y los gusanos de las raíces de la vid o parra y el maíz, en todo los cuales las larvas se alimentan de las raíces mientras que los adultos han retenido grandemente la forma más primitiva de la vida aérea. Grados y adaptaciones interesantes, a la vida subterránea, son vistos en la forma en la cual los huevecillos de estos insectos son puestos u ovipositados y en el lugar de la pupacion.

En general se puede decir, que la mayor parte de su ciclo de vida de estos insectos es pasada bajo tierra, resulta más difícil su combate. Sin embargo debemos decir que métodos y tecnologías están al alcance del productor que ha detectado daños a su cultivo por insectos en el suelo.

La aplicación de insecticidas y fungicidas es posible, con el recurso del riego rodado entre surcos o bien, en los riegos por goteo o aspersión; sí es necesario e indispensable, que el productor se interese por muestrear sus suelos y, poder evaluar el resultado. La inversión de insumos pesticidas para el suelo es mínima en comparación con los gastos que ocasionan las aspersiones aéreas.

Para concluir vamos a describir algunos de los hábitos: además de poner los huevecillos en las plantas, los insectos algunas veces quitan partes de las plantas para la construcción de nidos, o para el aprovisionamiento de nidos en otra parte, aunque ellos no se alimentan de estos materiales. Este daño es más interesante que serio. Por ejemplo, las abejas cortadoras de hojas, cortan pedazos bastante circulares de las hojas del rosal y otros follajes, los cuales son llevados y acondicionados, pegados juntos para formar celdas hexagonales unas sobre las otras, en un túnel previamente formado en el tallo de una planta. Cuando cada celda es completada, contiene una maza de néctar y polen y un huevecillo completamente rodeado por pedacitos de hojas; en este nido se desarrollan las abejas jóvenes. Las hormigas tropicales cortadoras de hojas quitan a los arboles millones de hojas, o a las plantas herbáceas y las llevan al interior de sus nidos en donde son cortadas en pequeños pedazos, los cuales algunas veces son mescladas con trozos de su propio excremento o el de otros insectos y forman así un medio sobre el cual crecen hongos, los cuales son el único alimento tanto de las larvas como de los adultos. Otras clases de hormigas ahuecan los tallos y espinas de las plantas en las cuales habitan pero esta fase del daño no es seria para el hombre.

De esta forma hemos puesto en antecedentes al agricultor –productor que nos lee y nos consulta.

El autor es productor asesor-consultor


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Roberto Sierra B.  es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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