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Mientras la mayoría de los países del mundo incrementan el consumo de productos pesqueros, Venezuela lo disminuye


Por: Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


Per Cápita:

Per cápita o percápita, es una locución de origen latino de uso actual que significa literalmente ‘por cada cabeza’, ‘por persona’ o ‘por individuo’

Generalmente se utiliza para indicar la media por persona en estadística social determinada. Aunque su uso más común es en el área de los ingresos, índices de consumo de productos como energía y alimentos, entre otros.

Así, hablamos del consumo per cápita de productos pesqueros, como un indicador estadístico del nivel del consumo de estos productos, ya sea por extracción y/o cultivo, incluyendo en ellos los peces propiamente dichos, los mariscos y moluscos.

Los pescados se encuentran incluidos entre los grupos de alimentos recomendados, debiendo alternar su consumo con los otros grupos de carnes y los huevos, recomendándose consumir tanto pescados blancos como azules, además de mariscos, ya sean frescos, congelados o en conservas.

La incorporación del pescado como parte fundamental de la alimentación de la población en general y, particularmente en la infancia y adolescencia, es garantía del aporte adecuado de proteínas, vitaminas y minerales, y supone muy adecuada alternativa ante el consumo de otros alimentos con alto valor proteico, pero con mala calidad de sus grasas, y constituye una de las mejores inversiones para la salud a corto y largo plazo en el país.

Pobreza Extrema:

La Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela (Encovi) publicada el pasado mes de febrero, y realizada por las principales universidades del país, reveló que la pobreza extrema en Venezuela aumentó de 23,6 % a 61,2 % en cuatro años y casi 10 % tan solo entre 2016 y 2017.

Cuando se comenzó la aplicación de esta encuesta en el año 2014, la pobreza (entre crónica y extrema) estaba ubicada en 48,4 % y cuatro años después, en el 2017, la pobreza, a partir de los ingresos (por hogar) se ubica en 87 %”.

La mayor proporción se ubica en la categoría de “pobreza extrema” y se refiere a aquellos hogares cuyos ingresos no les dan para pagar, al menos, el costo de alimentación, es decir, aquellos hogares en los que la sobrevivencia biológica de sus miembros se encuentra comprometida, según Encovi.

En el marco de un contexto hiperinflacionario como el que vive el país, la mayoría de los hogares venezolanos no pueden alcanzar la velocidad de la inflación y menos aún cubrir sus requerimientos nutricionales básicos.

Producción pesquera:

Para el año 2016, el consumo mundial de pescado había batido un nuevo récord al superar por primera vez, los 20 kilos por habitante/año, mientras que América Latina y el Caribe alcanzaba los12.2 kg/hab/año, previéndose que este consumo alcance los 27.6 kilos en el año 2025, destacando Perú, Brasil, Chile y México como los países con mayor tasa de consumo per cápita en Latinoamérica, y por primera vez en la historia, se consumieron más pescados criados en piscifactorías que peces capturados en la naturaleza.

En nuestro país el Instituto Nacional de Nutrición (INN) señala que en el 2003 el consumo per cápita anual de pescado se ubicaba en 17,2 kilogramos. Para el año 2012, apenas nueve (9) después, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) reporta un consumo promedio nacional de 8,5 Kg/hab/año, (- 50,58%), y dos (2) años después, para el año 2014, el consumo promedio difícilmente alcanzaba los 5 Kg/hab/año (- 41,17%), lo que equivaldría a decir, que entre el año 2003 y el año 2012, en apenas 10 años, el consumo per cápita de productos pesqueros del pueblo venezolano disminuyó en un 70,93%.

Respaldan estas cifras la página oficial del Ministerio del Poder Popular de Pesca y Acuicultura (MPPPA), cuando indica que para el año 2017 se logró una producción total de 157.270 toneladas de productos pesqueros.

Esta cifra, para una población algo superior a los 31,5 millones de habitantes, representa un consumo aparente per cápita de 4,98 Kg/hab/año, sin tomar en cuenta la fracción de ella que se destina a exportación y/o a la formulación de alimentos para animales.

Este nivel de consumo, a todas luces uno de los más bajos de la región, es un indicativo del nivel de desabastecimiento de productos alimenticios básicos que requiere el país, y es un eslabón más de importancia en los niveles de “pobreza extrema” y “desnutrición” que afronta el país.

Es realmente triste e indignante ver a los máximos representantes de los máximos organismos rectores de las políticas pesqueras, alimentarias y estadísticas del país, dedicarse sólo a adular a la cabeza de gobierno, asumir papel de presentadores de TV, promocionarse en las redes sociales y/o a publicitar los supuestos éxitos de la actual gestión, con cifras falsas, absurdas e irreales por decir lo menos.

Son muchas las apariciones públicas de estos representantes, en las que se jactan de haber logrado “grandes avances” en lo que a capturas pesqueras se refiere, publicando como el mayor de los éxitos el desembarque en los muelles venezolanos de capturas que apenas representan un 1/4 o 1/3 de las capturas que tradicionalmente se realizaban años atrás.

460.000 toneladas por año era la producción pesquera nacional para inicios de la denominada V República, y ésta no ha hecho más que descender año tras año gracias a inadecuadas políticas y estrategias.

Déficit de productos pesqueros:

La baja producción pesquera venezolana, aunado a la imposibilidad de realizar importaciones masivas de alimentos sustitutivos, no ha hecho más que acentuar la generación de un déficit de productos alimentarios en el país.

El déficit de productos pesqueros alcanza niveles alarmantes en la actualidad, y a medida que disminuye la producción pesquera, existe un aumento poblacional que reclama más alimentos (los migrantes no logran disminuir significativamente esta cifra).

Para la población actual estimada para el país y el consumo per cápita promedio existente en la Región, Venezuela posee un déficit actual de unas 227.954 toneladas por año, déficit que representa el 164% de la producción pesquera actual.

Este déficit, como hemos aseverado con anterioridad, sólo puede ser cubierto con la aplicación de adecuadas políticas pesqueras, incorporación de nuevos placeres y tecnologías de pesca y, especialmente, la potenciación de la actividad acuícola, entre la que juega rol preponderante la piscicultura.

Propuestas van y propuestas vienen, pero predomina la improvisación, el populismo y la demagogia.



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