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No hay sacos para los fertilizantes


Pedro Raúl Solórzano Peraza


Pequiven, nuestra industria petroquímica que entre otras cosas realiza la producción de fertilizantes en apoyo a la agricultura venezolana, enfrenta innumerables limitaciones tales como falta de gas natural, pobre suministro de roca fosfórica, energía eléctrica insuficiente para activar a total capacidad los mecanismos de las plantas, accidentes laborales, deterioro de las plantas por falta de mantenimiento, paralización de las mismas por algún repuesto que no llega a tiempo, mala gerencia por desconocimiento de la actividad; y así, múltiples problemas que obstaculizan la producción de fertilizantes nitrogenados y fosfatados, y el procesamiento de los potásicos que se deben importar para producir fertilizantes complejos.

Se puede señalar que todas las plantas de Pequiven están accidentadas por una u otra razón, pero quizás las del Complejo Petroquímico de Morón sean las más representativas porque allí, además de la producción de amoníaco para la fabricación de fertilizantes nitrogenados como la urea, se debe procesar la roca fosfórica para producir ácido fosfórico y el fertilizante fosfato diamónico especial, conocido popularmente como DAPITO. por poseer menor contenido de P2O5 que el DAP (DiAmonium Phosphate).

Las limitaciones del complejo de Morón, también se sufren en las demás instalaciones de Pequiven, como es el caso del Complejo Ana María Campos, ubicado en El Tablazo, Puertos de Altagracia del estado Zulia, donde ha habido momentos en los cuales todas las plantas han estado paralizadas. La zuliana Ana María Campos fue una de las valerosas mujeres, verdaderas heroínas venezolanas que de alguna manera participaron en las luchas para independizarnos de las legiones españolas, unas más conocidas que otras, pero todas dispuestas a arriesgarlo todo por la causa patriótica.

El complejo petroquímico de El Tablazo fue bautizado con el nombre de esta valerosa mujer, Ana María Campos, con el fin de darle la fuerza necesaria para que se convirtiera en un baluarte de nuestra soberanía económica, y no para que terminase como otro elefante blanco símbolo de la administración venezolana del siglo XXI.

La problemática de los fertilizantes no concluye con su bajísima producción, ya que tampoco se dispone de sacos para un adecuado manejo de estos productos. Así, otro de los problemas de Pequiven, es referido a que las plantas de olefinas y poliolefinas no están trabajando eficientemente porque no hay suministro suficiente de propano y de etano, que son materias primas para la producción de dos de las olefinas más importantes: propileno y etileno.

La polimerización de esas olefinas permite producir poliolefinas, que son fibras de polipropileno y polietileno que tienen múltiples usos, entre los cuales se encuentra la fabricación de sacos que sirven para envasar fertilizantes. Esta falta de producción de polietileno y polipropileno causa que las empresas fabricantes de sacos para fertilizantes no puedan operar por falta de materia prima, dificultándose la comercialización de los abonos y su distribución hacia los centros de producción agrícola.

La escasez de sacos no es nueva. Recuerdo que en el 2015, ante la falta de sacos, en Pequiven ofrecían la venta del sulfato de amonio a granel y, en estos momentos del año 2020, están ofreciendo urea a granel. El sulfato de amonio es un fertilizante difícil de manejar, en parte, porque físicamente es un polvo, y si se adquiere sin la protección y la facilidad de manipulación del saco, su transporte, almacenamiento y distribución en las fincas requerirán de equipos e infraestructuras especiales o acondicionadas para este manejo. En el caso de la urea, su almacenamiento a granel puede causar enormes pérdidas debido a su elevada higroscopicidad, requiriendo medidas especiales para mantenerla en óptimas condiciones. Para un pequeño o mediano productor quizás sea imposible disponer de esas facilidades, y quienes puedan hacerlo tendrán gastos adicionales en el proceso productivo por esta causa, y posiblemente una pérdida de producto por problemas de humedad y por otros contaminantes, que pueden causar que las pérdidas superen los límites de tolerancia.

La falta de sacos también implica que las importaciones se tengan que realizar con productos ya envasados, porque ante la escasez de sacos no se puede importar fertilizante a granel para ser ensacado al costado del barco, lo que le daría al producto un valor agregado al utilizar mano de obra, materiales y equipos nacionales. En fin, Pequiven debe revisar sus actividades, su organización, su gerencia, para tratar de aprovechar el potencial que tiene el país en recursos, tanto naturales como de infraestructura, para la producción y distribución de fertilizantes. No se puede justificar que los diferentes complejos petroquímicos del país se encuentren parcialmente paralizados u operando con una eficiencia bajísima, o sus plantas, en algunos casos, totalmente paralizadas. No se puede continuar con una agricultura sin fertilizantes.

Recordemos que: SIN FERTILIZANTES es imposible producir la cantidad de alimentos que necesitamos para satisfacer los requerimientos de la población.

En Amazon está a la venta el libro del autor: “Fertilidad de suelos y su manejo en la agricultura venezolana”. Tiene información muy útil para mejorar la práctica de fertilización de los cultivos, con miras a una mayor productividad y a un mejor trato a los suelos y al ambiente en general.

pedroraulsolorzanoperaza.blogspot.com

pedroraulsolorzano@yahoo.com


Pedro Raúl Solórzano Peraza es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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