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Nuevas especies de moscas y su relevancia ecológica

Vista lateral de la ‘Argentinomyia choachi’/Grupo de Entomología de la Universidad de Antioquía.

¿Nauseabundas o inexploradas? ¿Asquerosas o incomprendidas? El descubrimiento de 12 nuevas especies de moscas en Colombia durante 2020 confirma que esos insectos merecen reconocimiento por su importancia ecológica


UDEA/DICYT Conservar el cuerpo de un héroe caído en batalla durante el Medioevo era un anhelo imposible, aunque se tratara del hijo del rey o del mismísimo emperador. El visitante infaltable, y gran contribuyente a la descomposición del cadáver, era la mosca. Así, la figura de ese insecto fungió cual amuleto —símbolo de supremacía de la muerte sobre la vida— como insignia en los escudos de guerra, e incluso fue asociada con el demonismo por su inclusión en pinturas religiosas, recordó la entomóloga Marta Wolff Echeverri.

Wolff, profesora en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de Universidad de Antioquía (UDEA), señaló que los mitos sobre las moscas son tan arcaicos como el ser humano. Para ella, el egocentrismo del hombre, que considera a la mosca como «una cosa chiquita e insignificante», ha favorecido el desconocimiento del papel crucial que desempeña en beneficio del planeta desde mucho antes de la era Jurásica.

¿Cómo cambiar esa percepción? Con conocimiento científico. Precisamente, en 2020 los investigadores del Grupo de Entomología de la Universidad de Antioquia enlistaron 12 nuevas especies en Colombia, y tres más en Costa Rica y en México. Estas se suman a las más de 150 000 especies conocidas hasta ahora en el mundo. Los expertos esperan que sus hallazgos ayuden a derrumbar el mito de que «mosca» es sinónimo de «suciedad». Solo una minoría de estas se alimenta de materia orgánica en descomposición.

Además de aportar al conocimiento de la rica biodiversidad colombiana, su descubrimiento devela la historia de vida de sus ecosistemas. La presencia de estas moscas sirve como marcadoras de la calidad de los ambientes, dado que puede señalar el nivel de degradación que han sufrido dichos ecosistemas a manos del hombre.

Vista lateral de la ‘Eudicrana silvaandina’/Grupo de Entomología de la Universidad de Antioquía.

Eudicranas con sello andino


Además de la Reinwardtia bicolor —una nueva especie oriunda del páramo de Belmira, en Antioquia— el hallazgo de nuevos individuos del género Eudicrana pone a la región Andina colombiana como fuente de riqueza natural. Mientras que Eudicrana maculata fue encontrada en San José de la Montaña, Eudicrana merizaldei fue descubierta en Envigado, ambos municipio antioqueños.

De otra parte, Eudicrana silvaandina Eudicrana chingaza provienen de Cundinamarca. Eudicrana silvaandina constituye un homenaje a la selva andina. Eudicrana chingaza, descubierta en el parque natural Chingaza, evoca a los muiscas, indígenas que abarcaron y dominaron las tierras cundinamarquesas. Eudicrana maculata hace gala de los tonos café de sus alas manchadas. Y Eudicrana merizaldei representa una dedicatoria al biólogo Gabriel Merizalde, por su contribución a la colecta de diferentes especímenes en los altos de la Loma del Escobero, en Envigado.

Estos descubrimientos permiten concluir que Colombia fue la puerta de llegada al continente Sudamericano del género Eudicrana desde otros continentes, como Oceanía y Europa. Así lo señaló Carolina Henao Sepúlveda, investigadora del Grupo de Entomología de la Universidad de Antioquia. Las nuevas especies pertenecen a la extensa familia Mycetophilidae, la cual contribuye a la dispersión mecánica de los hongos, que son indicadores de humedad. Muchas de esas especies también se alimentan de madera en descomposición y son degradadoras de otras materias vegetales en descomposición, además de polinizar orquídeas y otras plantas, explicó Henao.

Cuatro nuevas caras en los Sarcophagidae

Algunas especies de la familia Sarcophagidae, que significa «moscas que se alimentan de carne», se desarrollan exclusivamente en cuerpos vertebrados en descomposición. Con ellas, los expertos forenses pueden conocer información clave para investigaciones relacionadas, por ejemplo, con el tiempo transcurrido desde el deceso de una persona hasta el hallazgo de su cadáver. El investigador César Valverde Castro destacó que se encontraron cuatro nuevas especies en esa familia en diferentes departamentos del Caribe colombiano.

Las nuevas fotografías que desde ahora aparecerán en el álbum familiar de los Sarcophagidae son las de Blaesixipha wajira, de La Guajira; Lepidodexia deborarango, de Bolívar; Oxisarcodexia luriza, de Atlántico; y Udamopyga iku, de Cesar. Según Valverde, «esas especies fueron encontradas en bosques secos tropicales, ecosistemas altamente fragmentados. En Colombia, por ejemplo, solo queda entre el 5 y el 10 % de su cobertura natural porque han sido intervenidos para efectos de ganadería, agricultura y urbanización».

Blaesixipha wajira debe su nombre al epicentro de su hallazgo. Lo mismo ocurre con Oxisarcodexia luriza, cuyo bautismo alude a Luriza, la reserva natural donde fue descubierta. Lepidodexia deborarango es un homenaje a la artista antioqueña Débora Arango. Y Udamopyga iku, recolectada en la Sierra Nevada de Santa Marta, fue dedicada a los indígenas arhuacos que conservan esa zona. En su lengua natal —el ika— los arhuacos se hacen llamar iku.

Nuevas moscas de las flores

Las Argentinomyia, o «moscas de las flores», son un género para el que también se reportaron novedades en los bosques nublados de los Andes tropicales colombianos y ecuatorianos. Se trata de Argentinomyia andina, Argentinomyia choachi, Argentinomyia quimbaya, resaltó Augusto Montoya Giraldo, investigador del Grupo de Entomología. Los investigadores también descubrieron tres nuevas especies en México y Costa Rica: Argentinomyia huitepecensis, Argentinomyia puntarena y Argentinomyia talamanca.

Las especies del género Argentinomyia, perteneciente a la familia Syrphidae, visitan flores en búsqueda de polen y néctar, con lo que favorecen la variabilidad genética de esas plantas y contribuyen con la seguridad alimentaria humana. Se ha registrado la presencia de al menos 26 especies de Syrphidae polinizando las flores en los cultivos de aguacate colombianos.

Las Argentinomyia, también conocidas como «moscas zumbadoras», son admiradas por su habilidad para permanecer estáticas durante el vuelo y la de imitar a las abejas y avispas, a fin de evitar a sus depredadores. Sin embargo, «su distribución restringida, la abundancia local y el hecho de que la mayoría de las especies habitan áreas protegidas y conservadas, sugieren una alta vulnerabilidad y sensibilidad frente a las actividades humanas y al cambio climático», dijo Montoya. De ahí la importancia de conocerlas, estudiarlas y conservarlas.

Argentinomyia andina fue hallada en los páramos de Sonsón y San José de la Montaña, en Antioquia. Argentinomyia choachi proviene de un término muisca que significa «La ventana donde se asoma la luna». Y Argentinomyia quimbaya evoca a los indígenas que habitaron parte de la cordillera Central de los Andes en la época precolombina, entre los departamentos de Caldas y Risaralda. También alude al Santuario de Flora y Fauna Otún Quimbaya, donde se recolectó parte del material tipo.

Está claro: el descubrimiento de estas nuevas especies de moscas es un logro que trasciende del papel. No implica solamente la producción de nuevas fotografías para los álbumes de biología. Se trata, más bien, de una magna contribución científica al reconocimiento del rol fundamental que desempeñan esos insectos en el equilibrio de la vida en nuestro planeta. Sí, hablamos de insectos diminutos en tamaño pero colosales en su relevancia ecológica. Y vale la pena recordarlo, «por si las moscas».




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