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Otro mayo que pasa


Pedro Raúl Solórzano Peraza

En el campo venezolano, el mes de mayo siempre ha sido esperado por los agricultores, y en general, por las familias campesinas, para iniciar la siembra de las semillas que generarán los alimentos, que generarán los beneficios para disfrutar de una vida confortable y plena luego de meses de arduo trabajo fertilizando los terrenos, limpiándolos, controlando plagas, recolectando los frutos de la labor, despachándolos a los sitios de acopio o de consumo, vendiéndolos.

¿Por qué el mes de mayo? Porque es cuando se inicia el período de lluvias en casi todo el territorio nacional. Lluvias que saciarán la sed de los suelos resecos por el fuerte y prolongado verano. Agua de la lluvia que será retenida en los poros del suelo para alimentar a las plantas, cuyas raíces hurgarán el suelo buscando sus alimentos diarios disueltos en este maravilloso líquido.

Es el mes cuando los campos reverdecen, cuando se ablandan suficientemente para que las semillas germinen y las pequeñas plantas puedan emerger y continuar su vida, libres en el espacio y bañadas por el sol, para fotosintetizar y producir materia orgánica, alimentos directos o indirectos para los organismos heterotróficos que habitamos la tierra.

Cuando llega mayo ya las fincas están repletas de los insumos necesarios para la siembra: fertilizantes y semillas, herbicidas e insecticidas, llenan galpones y anaqueles. Tractores a tono y equipos agrícolas como rastras, abonadoras, sembradoras, asperjadoras y otros, en perfecto estado y chequeados en campo. Todo eso acompañado de la algarabía de los trabajadores, operadores de maquinarias, obreros de todo tipo, la satisfacción del agricultor coordinando las actividades, en la fresca madrugada que cada día es aromatizada por la fragancia de un café recién colado.

Cuando finaliza mayo, cuando pasa mayo, ya los campos están sembrados, y la esperanza del agricultor en un nuevo ciclo de cultivo se encuentra sustentada por el arduo trabajo realizado hasta la fecha. Por eso el mes de mayo es tan esperado por los productores del campo, comenzando allí la producción de alimentos para la población del país.

Hasta hace pocos años, quizás diez años atrás, se logró producir un 70% o más de los alimentos requeridos por los treinta millones de venezolanos; sin embargo, ese porcentaje ha venido en picada hasta llegar el año pasado, 2018, a estimarse que solo se produjo alimentos para cubrir el 20% de los requerimientos. Pero las expectativas para este año, 2019, son aún peores, más desalentadoras, cuando se está estimando que ni siquiera se llegará al 20% de los requerimientos.

Estos años sin agricultura, con nuestros campos vacíos, el agua de la lluvia se irá fluyendo a través de ríos, caños y quebradas de cada cuenca hidrográfica, a perderse en su mayoría hacia el mar. La que infiltra en el suelo se irá a los acuíferos profundos o se evaporará desde los poros de suelo para perderse en la atmósfera. No habrá raíces suficientes que la puedan utilizar, más allá de las raíces de malezas que ocuparán los espacios donde deberían estar plantas de maíz, arroz, soya, caña de azúcar, girasol, algodón, hortalizas, raíces y tubérculos, y otras.

Por eso decimos que pasó otro mayo, el cual perdimos nuevamente por la incuria e ignorancia de nuestros gobernantes, o por su mala intención, quien sabe…..


Pedro Raúl Solórzano Peraza es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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