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Ovejas gestantes y lactantes, más susceptibles a ataques de parásitos


Durante estas etapas las hembras ven reducida su respuesta inmunológica, debido a que la enfocan en otros blancos como la formación del feto, la producción de calostro y la generación de la leche para alimentar a su cría.



Por eso estas poblaciones son dos de los tres grupos sobre los que se han adelantado estudios de resistencia o susceptibilidad genética frente al parasitismo intestinal, según lo manifestó el doctor Jimmy Vargas, profesor del Instituto de Genética de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.).

El grupo restante corresponde a los corderos, por la susceptibilidad inmunológica que presentan al encontrarse en proceso de formación, explicó el docente durante su intervención en el ciclo de conferencias realizado en el marco de la Semana de la Medicina Veterinaria 2019.

Con estos grupos se trabaja en la identificación de factores fenotípicos que evidencien qué tan resistentes son ante las enfermedades infecciosas ocasionadas por parásitos como Haemonchus contortus, Trichostrongylus colubriformis yTeladorsagia circumcincta, que por su importancia epidemiológica también corresponden a los modelos más estudiados en ovinos.

Dicha información se implementaría para mejorar los procesos de selección genética. “En el caso de los parásitos intestinales de las ovejas, que es uno de los más graves, muchos hablan de que la selección debería dirigirse hacia la resiliencia, para que a pesar de que un animal se infecte sea capaz de resistir esa situación, repeler el agente y no manifestar signos clínicos”, explicó el docente.

Para esto se llevan a cabo procesos como la toma de muestras de heces para análisis coprológicos, con el fin de saber cuántos huevos de parásitos tienen, datos que se correlacionan con la cantidad de hembras de estos microorganismos que se encuentran dentro del animal.

De hecho, ese es el principal marcador fenotípico a partir del cual se han generado mundialmente diferentes programas de selección de animales resistentes, ya que este recuento depende de otros factores asociados con la presencia del nematodo y la liberación de ciertas proteínas (antígenos) que serán procesadas principalmente por las células T del sistema inmune. Estas generarán citoquinas que motivarán la respuesta de linfocitos como los tipo TH2, los cuales van a crear anticuerpos, o los TH1, que van a generar una respuesta de tipo celular para combatir la enfermedad.

“En parásitos como los nematodos se considera que los más importantes son los linfocitos TH2 y que estas citoquinas también pueden estimular otras poblaciones celulares que nos ayudarán a combatir la enfermedad o a generar respuestas inflamatorias a nivel intestinal que reduzcan las poblaciones de nematodos”, señala el profesor Vargas.

Otros parámetros fenotípicos utilizados son la ganancia de peso y la condición corporal; la anemia –que se podría  medir por la cloración de la mucosa ocular– y la consistencia de las heces, los cuales se han aplicado para hacerles seguimiento a los ovinos de las razas romney marsh, hampshire, corriedale y criolla, del Centro de Investigaciones Agropecuarias Marengo, de la U.N.

“Hemos visto que las hembras gestantes y lactantes van a tener unas cargas mucho más altas de parásitos por la pérdida de respuesta inmune temporal”, expuso el docente, y añadió que esto se da especialmente en las etapas de gestación media y avanzada, y de lactación temprana y avanzada. En tales situaciones, los ovinos criollos siempre mantuvieron índices menores que los de las otras razas.

Alternativa a los antibióticos

Convencionalmente, la mayoría de estrategias de control se han hecho a través de intervención química con antibióticos y acaricidas, la cual hoy presenta limitaciones por la resistencia desarrollada por muchos microorganismos. Por otra parte, también se cuenta con estrategias de vacunación, pero estas no dan completa seguridad con respecto al riesgo de infección y presentan problemas, como consecuencia de las mutaciones que pueden tener los agentes patógenos, lo que hace que su virulencia cambie.

“La somatización y la desinfección también son importantes, además de las estrategias de bioseguridad como el aislamiento, el descarte de animales y los controles de movilización, pero también es prioritario tener en cuenta la capacidad de los animales de defenderse desde el punto de vista genético”, manifestó el doctor Vargas.


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