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Poroto: evalúan la respuesta de distintos cultivares


En un informe de Pampero TV, emitido por la Televisión Pública argentina, especialistas del INTA Tucumán comparten detalles sobre las respuestas de distintas variedades de poroto en las principales regiones productoras de la Argentina.



Las legumbres son especies con muchos años de domesticación, adaptadas a condiciones climáticas muy variadas. Pertenecen a la familia de las fabáceas, que son plantas originarias de América. Han sido parte esencial de la alimentación humana desde hace siglos, y en muchas regiones son unas de las principales fuentes de proteínas.

Por el rol importante que cumplen en la sustentabilidad de los sistemas productivos, es que el INTA ha desarrollado diversas líneas de investigación en torno a estas especies. Con un equipo interdisciplinario a nivel nacional y en colaboración con otras instituciones en el Programa de Mejoramiento Genético de Legumbres Secas se estudian cultivos de importancia a nivel regional como son el poroto común, el garbanzo, la arveja y la lenteja.

Por su ciclo corto, su amplia adaptación y su importancia productiva en el noroeste del país, es que el poroto es estudiando en las parcelas demostrativas del INTA en Tucumán, en donde se encuentran todas las variedades disponibles obtenidas en los programas y materiales incorporados para la comparación.

“Estas parcelas las ubicamos dentro del último eslabón del Programa de Mejoramiento de Legumbres, el mismo se inscribe dentro del Programa Nacional de Hortalizas”, indicó Facundo Alamo –investigador del INTA Famaillá, Tucumán–. “Incluyen poroto blanco, negro, colorado, rosado, cranberry, alubia y navy bean”, agregó.

Cada Programa de Mejoramiento a través de cruzamientos artificiales busca incorporar germoplasma de mayor calidad comercial y adaptación a las diferentes zonas, con caracteres deseables como resistencia a enfermedades y stress abiótico (sequía y altas temperaturas). El objetivo es mejorar la respuesta de los cultivos a las limitantes ambientales, aumentando la producción.

“El poroto es un cultivo que se adapta muy bien con bajos requerimientos hídricos, no tiene gran presión de plagas y enfermedades, tiene un desarrollo rápido y se cosecha en 90 días”, explicó Alamo.

Como las demás leguminosas, requiere menos fertilizantes ya que es capaz de aprovechar el nitrógeno atmosférico a través de la fijación biológica, aportando fertilidad al suelo para el siguiente cultivo.

En el noroeste argentino se produce casi el total de los porotos exportados y consumidos en el país. Las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca, son las principales productoras y albergan un gran número de poblaciones primitivas y silvestres, que representan una proporción importante de la variabilidad genética.

Para Alamo, “si bien la mayor parte se cultiva en Salta, se trabaja de forma conjunta entre productores, investigadores y obtentores, para tener materiales y enviarlos a las

zonas productivas”. Como las condiciones óptimas de crecimiento del poroto se da en climas secos y con gran amplitud térmica, en el norte de Córdoba se ha incrementado la superficie plantada en los últimos años.

A su vez, de los ensayos pudo deducirse que el hongo Sclerotinia sclerotiorum o moho blanco del poroto es una de las enfermedades que más afecta a las variedades. Está presente en las zonas templadas, tropicales y subtropicales, afectando hortalizas y granos que se producen a finales del verano o principios de otoño.

“Sclerotinia representa uno de los mayores problemas de los productores, aparece a mitad o fin del ciclo y puede permanecer en el suelo por muchos años”, indicó. Una de las recomendaciones es correr la fecha de siembra para evitar que los periodos de humedad coincidan con la floración, en donde la planta está en las condiciones óptimas para la infestación.



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