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¿Qué factores determinan la sustentabilidad de mi cultivo acuícola?


Un desarrollo acuícola armónico y sustentable, debe ser ambientalmente limpio, técnicamente apropiado, económicamente rentable, socialmente aceptable, ingenierilmente seguro, biológicamente viable y legalmente factible, siendo tarea de los entes rectores de la actividad, formular reglas claras para su fomento y desarrollo, y de sus desarrolladores encontrar formas para conciliar las diferentes dimensiones de sostenibilidad mediante el desarrollo de programas de investigación (I+D) y la aplicación de tecnologías innovadoras y optimizadoras.


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


La acuicultura ha crecido de manera exponencial en los últimos 50 años, partiendo de una producción de menos de 1 millón de toneladas en 1950 a 80 millones de toneladas en 2016, continúa creciendo más rápidamente que cualquier otro sector productor de alimentos de origen animal y seguirá desempeñando un destacado papel a nivel mundial en la producción de biomasa pesquera para satisfacer la creciente demanda mundial, por lo que es esencial continuar buscando alternativas para hacer las prácticas de producción acuícola más sostenibles, eficientes y rentables mejorando las capacidades humanas, el uso de los recursos y la gestión ambiental.

Para estimar si una actividad acuícola sostenible, se han diseñado y utilizado diferentes metodologías y criterios, desde las más generales, hasta las más específicas para determinada especie, y se han desarrollado actividades de divulgación para transferir a los acuicultores el alcance de las mismas y los resultados obtenidos.

El concepto de «desarrollo sostenible» encuentra su origen en el informe “Nuestro Futuro Común de 1987, y en el que se afirmaba que:

Un desarrollo sostenible es aquel que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

Para ese entonces, un desarrollo sostenible solía presentarse básicamente en función a tres dimensiones (ecológica, económica y social), dimensiones que tenían la misma importancia, se influían mutuamente y no se podían separar; pero con el devenir de los años y las experiencias obtenidas, hoy por hoy se sabe que no solo aspectos ambientales, económicos y sociales afectan o son afectados por la actividad acuícola, sino que intervienen diferentes aspectos, entre los que destacan los de índole biológico-pesqueros, tecnológicos,  ingenieriles, además de aspectos políticos y legales a escala local, nacional e internacional.

Aunque actualmente se encuentran muy en uso las denominadas Buenas Prácticas Acuícolas (BPA), las ASC (Consejo de Gestión Responsable de la Acuicultura) y las recomendaciones FAO para los desarrollos acuícolas, entre otras, en los primeros sistemas propuestos para lograr la certificación de la actividad acuícola (CONSENSO), se establecía además, que para que la actividad acuícola fuese sostenible, manejable y factible, era indispensable definir y conocer primero los niveles y actores de cada sistema.

Así, independientemente del cultivo desarrollado, según esta propuesta, un sistema acuícola está conformado por cuatro niveles de intervención diferentes, en los que los diferentes actores tienen un grado de participación y responsabilidad. Si alguno de estos niveles falla, es deficiente o no se toma en cuenta, los demás, por sí solos, no podrán garantizar la sustentabilidad de ningún desarrollo acuícola.

Seguramente los actores de cada uno de estos niveles varían según el grado de desarrollo, la tecnología utilizada y hasta la locación de cada desarrollo.

Para un pequeño o mediano productor acuícola estos niveles son:

1. «Primer nivel»: agrupa los factores de la explotación que son influenciados o manejados directamente por el acuicultor, tales como la huella hídrica, la calidad del agua, la gestión de los nutrientes, desechos, energía y la salud de los peces, entre otros.

2. «Segundo nivel»: incluye los factores directamente relacionados con el proceso de explotación en los cuales el acuicultor no ejerce influencia directa, pero que podría ejercerla si así lo necesitara (calidad y composición de los alimentos, procesado, el medio de transporte empleado, el tipo de energía utilizada, la distancia a los mercados de sus productos, etc.).

3. «Tercer Nivel»: determinado por los factores indirectamente relacionados con el proceso de explotación, pero sobre los que el acuicultor prácticamente nunca ejerce influencia. Estos son, entre otros, combustibles, embalaje, cadena de producción, materiales, almacenamiento, calidad de insumos y fármacos, etc.


4. “Cuarto Nivel” o «nivel normativo» que incluye la legislación nacional e internacional, que rigen a la actividad y afectan a todos los otros niveles de diferentes maneras, y sobre los que tradicionalmente el acuicultor muestra bastante indiferencia, hasta tanto estos lo afectan severamente (pasividad legislativa).

Revisando estos preceptos, interpretamos que la sostenibilidad no reposa únicamente en manos del acuicultor, ya que diferentes actores participan directa o indirectamente en toda la cadena productiva, desde papá gobierno formulando regulaciones, hasta las empresas de servicio contratadas para completar la cadena productiva.

Los diferentes aspectos a evaluar para determinar el grado de sostenibilidad de nuestro desarrollo, juega un papel preponderante, y de la acertada participación de los actores involucrados en los diferentes niveles de la explotación, dependerá mayor o menor sostenibilidad.

En comparación con otros sistemas de producción animal, la acuicultura está especialmente presionada para ser más sostenible debido al uso de importantes recursos naturales, tales como el agua, las áreas de manglar, los humedales, las zonas costeras y hasta la captura de peces para la producción de alimentos o como fuente se semillas o reproductores para el desarrollo de las actividades.

Cada uno de los aspectos propuestos para tomarlos en cuenta para el desarrollo de una actividad acuícola sustentable y armónica, posee un grado de importancia y un nivel de requerimientos de actuación para cada una de las especies que se deseen explotar, y para cada uno de los territorios (región, país, estado, provincia, etc.), de manera que no existe una fórmula mágica común para todos los desarrollos.

Cada enfoque de sostenibilidad incluye valoraciones que pueden ser objeto de debate o de un cambio en el tiempo. Esto significa que no en todos los casos es posible decidir si un proceso es sostenible de forma inequívoca, y frecuentemente hay transiciones entre los procesos sostenibles y los que no lo son.

Los principales temas relacionados con la sostenibilidad ecológica de las explotaciones acuícolas son el agua, los nutrientes, el área utilizada para el desarrollo de la actividad, la energía y la biodiversidad.

Las actividades acuícolas serán económicamente sostenibles y viables si la explotación es rentable, los ingresos son confiables y seguros y los productos son aceptados por los consumidores.

La cuestión de la sostenibilidad social es muy compleja, e incluye el desarrollo regional, las oportunidades de empleo, las condiciones de vida de los trabajadores (higiene, seguridad, formación) y sus potenciales efectos sobre el público en general en relación a temas como ocio (espacios recreacionales), salud y cuestiones nutricionales.

El grado de sostenibilidad biológica-pesquera viene definido principalmente por al dominio del ciclo de cultivo de la especie sometida a cultivo, la no dependencia de la captura de semillas y/o alevines del medio ambiente natural y la factibilidad de ofrecer alimentos de bajo impacto ecológico, entre otros.

La sostenibilidad ingenieril, de reciente aparición, y que quizá forma parte de la sostenibilidad ecológica, corresponde al adecuado diseño y manejo de las diferentes instalaciones requeridas para los desarrollos acuícolas a efectos de minimizar su impacto al medio ambiente, su posible remoción ante el fin de las actividades, evitar el escape de ejemplares al medio ambiente, adecuadas y seguras estrategias de fondeo de instalaciones flotantes, resistencia a cambios climáticos, etc.

La sostenibilidad técnica del cultivo, corresponde a la viabilidad de manejar adecuadamente las diferentes etapas de la cría de los ejemplares a lo largo de las diferentes fases o etapas del ciclo de vida de la especie seleccionada.

Finalmente, la sostenibilidad política y legal corresponde a la existencia de regulaciones claras e idóneas que permitan el desarrollo de la actividad a lo largo del tiempo, sin cambios e interrupciones que pongan en riesgo las inversiones realizadas. Correspondería también a esta sostenibilidad, nuestra actuación y respeto frente las regulaciones existentes.

Seguramente el desarrollo de una matriz Parámetro/Nivel nos facilite identificar que nivel de sostenibilidad le estemos ofreciendo a nuestro desarrollo, y a identificar que actores son los responsables de no permitir que podamos alcanzar la máxima expresión de sostenibilidad.

Basado en:

SustainAqua–Integrated approach for a sustainable and healthy freshwater aquaculture” (2009).

Robaina, G. Bases Conceptuales para el Desarrollo de una Piscicultura Comercial, Armónica e Integral. Mundo Agropecuario (2018).


Germán Robaina G. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario, en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario, redireccionando hacia el artículo original.

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