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Requerimientos para la cría de tilapias: I. Parámetros ambientales


Atraídas por referencias personales, a través de las redes o el internet, muchas personas se encuentran incursionando en prácticas de piscicultura con tilapias, sin embargo, no todas ellas alcanzan los resultados esperados por diferentes motivos, entre los que destacan las malas las condiciones ambientales, inadecuadas asesorías, la venta de paquetes no probados, la especie o línea utilizada, y la fuente de alevines y alimentos.


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


La tilapia es un pez que se ha introducido prácticamente a nivel global y se cría de manera generalizada en los trópicos y las zonas subtropicales. Este pez presenta muchos atributos adecuados para su domesticación y cría. Entre ellos se incluyen la buena calidad y el sabor de su carne, una gran tolerancia a distintos entornos, su resistencia a muchas enfermedades habituales de los peces, y como eventual desventaja la relativa facilidad de reproducción que presenta en cautividad.

La tilapia roja, pez que taxonómicamente no responde a un nombre científico, es el producto del cruce de cuatro especies de tilapia: tres de ellas de origen africano y una cuarta israelita; el cruce selectivo permitió la obtención de un pez cuya coloración fenotípica puede ir desde el rojo cereza hasta el albino, pasando por el animal con manchas negras o completamente negro.

Es un pez que no debe ser criado por parte de personas no adecuadamente capacitadas y, ante todo, por ser una especie exótica, debe evitarse su escape a cuerpos de agua naturales.

Entre requerimientos ambientales recomendados para la cría de tilapias, destacan:

Temperatura (°C)

Aunque existen especies más o menos tolerantes a las bajas temperaturas, las tilapias se reproducen mejor en aguas con temperaturas que oscilan entre los 28 y 32ºC, por efectos de interrelación temperatura-amonio-pH, comprobándose una mejor conversión alimenticia cuando la temperatura alcanza los 26ºC, son más agresivas en su alimentación entre los 28°C y 30ºC, y más susceptibles a los efectos del estrés a los 32ºC.

Temperaturas bajas retardan los procesos metabólicos, haciendo que se requiera más tiempo para adquirir tallas comerciales, y a altas temperaturas aceleran el metabolismo, consumen más energía y provoca desordenes orgánicos en el pez.

Oxígeno (O2)

Estas especies poseen una alta tolerancia a bajas concentraciones de oxígeno disuelto, y su sangre es capaz de saturarse de oxí­geno y reducir su consumo si la concentración es inferior a 3 mg/l usando un metabolismo semi aeróbico.

Aunque la tilapia es capaz de sobrevivir a bajos niveles de oxígeno disuelto (1,0 mg/l), esto les provoca estrés, que es la principal causa del origen de infecciones patológicas.

Para la tilapia se recomienda trabajar con aguas que tengan 6 o más mg de oxígeno, para que, una vez utilizada el agua en el recipiente, ésta salga con niveles de 2 a 3 mg antes de ser descargada en el drenaje. Niveles menores en la salida indican mucha fragilidad en el sistema y puede colapsar si le falla el agua por un periodo corto o se presenta mortalidad al hacer un manejo de los peces.

pH (potencial hidrógeno)

Los efectos directos sobre el cambio del pH del agua en la cría de tilapia son relativos, sin embargo, la variación en este parámetro puede ser indicativo que el agua posea sustancias probablemente contaminantes por sí solas (carbonatos, azufre, nitritos y nitratos, entre otros).

En sistemas intensivos el pH es sumamente importante y su medición es parte de la rutina productiva de la granja.

El rango óptimo está entre un valor de pH de 6,5 a 9,0. Valores por encima o por debajo, causan cambios de comportamiento en los peces como letárgica, inapetencia, retardan el crecimiento y retrasan la reproducción, por su influencia en la baja toxicidad del amonio.

Valores cercanos a 5 producen mortalidad en un período de 3 a 5 horas por fallas respiratorias, además, causar pérdidas de pigmentación e incremento en la secreción de mucus de la piel.

Amonio

Es un gas tóxico disuelto en el agua generado como producto final del metabolismo de las proteínas. Se excreta por las membranas branquiales de los peces al agua o se acumula a partir de excretas y alimentos no consumido.

En las tilapias, su CL50 es igual a 2,46 mg NH3/l. y de acuerdo con el criterio de asumir como concentración segura valores por debajo del 10 % del CL50, la concentración máxima tolerable para esta especie sería 0,246 mg NH3/l.

Su elevada concentración en el agua causa bloqueos en el metabolismo, daño en las branquias, afecta el balance de sales, produce lesiones en órganos internos, inmunosupresión y susceptibilidad a las enfermedades, reducción del crecimiento y la sobrevivencia, exoftalmia (ojos brotados) y ascitis (acumulación de líquidos en el abdomen).

Su remoción del sistema se contempla fundamentalmente mediante el sistema de recirculación permanente del agua de los recipientes y oxigenación.

Nitritos

Son un parámetro de vital importancia, dado su gran toxicidad y por ser un poderoso agente contaminante. Son el producto de la oxidación del amonio-nitrógeno determinada por las bacterias Nitrosomonas y Nitrobacter, y su toxicidad depende de la cantidad de cloruros, temperatura y concentración de oxígeno en el agua.

Para el caso de las tilapias, estudios de toxicidad aguda han determinado que el CL50 de este compuesto equivale a 16,2 mg NO2-/l; por lo tanto, la concentración de seguridad (valor máximo tolerable) es de 1,62 mg NO2-/l (10 % del CL50).

Alcalinidad y dureza

La variación en los parámetros de alcalinidad y dureza, al igual que el pH, no influyen significativamente sobre la tilapia.

El nivel óptimo de alcalinidad es de 100 a 200 mg/l de CaCO3, y cuando la concentración es elevada, se produce una excesiva presión osmótica asfixiando a los peces por anoxia y bloqueando el me­canismo liberador de sal y cloro.

Para la dureza, se recomiendan valores que oscilen entre 20 y 350 mg/l.

Turbidez

El efecto primario que ocasionan las partículas en suspensión es sobre las branquias de los ejemplares, causando lesiones que son puerta de entrada a infecciones por patógenos. La recomendación es no permitir niveles crí­ticos de turbidez superiores a 100 ppm por medios físicos y químicos.

Los sólidos en suspensión aumentan la turbidez en el agua, disminuyendo el oxígeno disuelto en ella. Los sólidos se deben controlar mediante sistemas de desarenadores y filtros.

Dióxido de carbono (CO2):

En sistemas intensivos hay una alta incidencia de dióxido de carbono. Es consecuencia y producto de la actividad biológica y metabólica, y su concentración depende significativamente de la densidad de siembra y el metabolismo de los ejemplares.

Aunque las tilapias se adaptan a niveles de hasta 120 ppm, debe mantenerse en un nivel inferior a 20 ppm. Cuando sobrepasa este valor se presenta inapetencia y muerte de los individuos.

Una vigorosa aireación las 24 horas ayudan altamente a alivianar este problema.

A mayor concentración de CO2, menor disponibilidad de oxígeno en la sangre de los peces, lo que aumenta el estrés y puede ser un factor muy importante en las mortalidades que ocurren durante el verano.

Salinidad

Las tilapias evolucionaron a partir de un antecesor marino, por lo cual se adaptan a vivir en aguas saladas, y algunas especies se reproducen inclusive en el mar. Esta tolerancia se ve influenciada por la temperatura.

Las tilapias que soportan amplios rangos de concentraciones de sal (eurihalinos) crecen más rápi­do a niveles intermedios (isotónicas), ya que reducen el gasto de energía para el control osmótico de sus fluidos corporales, una ventaja que permite criar estas especies en zonas de tierra no apta para la agricultura o ganadería, como son los de agua marinas, salobres y en agua dulce.

Otras variables

El éxito en la adaptación y distribución de la tilapia puede deberse a su tolerancia a diferentes contami­nantes presentes en el medio acuático.

A diferencia de otros peces, son tolerantes a diversas sustancias, desde los desechos me­tabólicos excretados por los mismos peces, toxinas producidas por el fitoplancton o por otras plantas, aflatoxinas contenidas en alimentos mal almacenados, metales pesados, pesticidas, fertilizantes, detergentes, pinturas, gases tóxicos, fosfatos, cloruros y sulfatos, pero a pesar de estas ventajas, el óptimo desarrollo y factor de conversión alimento-peso requiere de agua de buena calidad.


Germán Robaina G. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario, en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario, redireccionando hacia el artículo original.

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