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Sobre la huella hídrica acuícola


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


El concepto de la huella hídrica fue creado por el holandés Arjen Ysbert Hoekstra, y considera el cálculo de toda el agua utilizada en la cadena de suministro de un producto; no sólo el agua incorporada al producto en sí mismo, sino la que se ha contaminado, la devuelta a otra cuenca o al mar e incluso la evaporada en todos los procesos.

Ofrecemos resumen de los principales aspectos relacionados con la Huella Hídrica y en posterior publicación su importancia y cálculo y en los cultivos acuícolas.

Además de su componente biológico, pesquero, ecológico y comercial, un desarrollo acuícola posee un componente hidráulico de gran magnitud e importancia. Este componente tiene como objetivo lograr un balance entre la oferta y la demanda de agua, y este equilibrio implica, lógicamente, su permanencia en el tiempo y en el espacio.

Así, podemos diseñar una unidad de producción acuícola bajo dos alternativas diferentes según la disponibilidad del agua:

  • A partir de un sistema abierto, cuando disponemos de un caudal que supera significativamente nuestros requerimientos de cultivo, limpieza y mantenimiento sin afectar otros sistemas agropecuarios vecinos.
  • A partir de un sistema cerrado, cuando no disponemos de un caudal que supere nuestros requerimientos de cultivo, limpieza y mantenimiento sin afectar otros sistemas agropecuarios cercanos.

Sea cual sea la alternativa y diseño a utilizar, la infraestructura requerida debe conceptualizarse en base al balance hídrico, caudal total requerido de agua fresca y caudal diario de funcionamiento de la granja acuícola.

Sin embargo, cada vez es más persistente la escasez hídrica, los desafíos relacionados con la disponibilidad, el saneamiento y las cuestiones medioambientales y socioeconómicas de su uso, ya que la humanidad por acción, omisión o codicia, ha causado graves problemas de contaminación que han limitado el uso de los recursos hídricos de agua dulce, lo que también afecta a nuestros océanos.

Por lo general, los sistemas convencionales de producción acuícola se han caracterizado por la necesidad de grandes cantidades de agua, y aumento de la contaminación de los afluentes de descarga, por lo que la búsqueda de nuevas posibilidades de producción que sean amigables con el ambiente, incluyentes socialmente y rentables, son cada vez más indispensables.

Aunque tradicionalmente las evaluaciones del uso del agua se realizaban midiendo las captaciones de las fuentes, ignorando la producción de los bienes y servicios finales, hay que tener en cuenta que estos productos se generan utilizando largas cadenas de producción que consumen un importante volumen de agua en cada una de las etapas con impactos específicos según cada zona.

La huella hídrica (HH) es un indicador medioambiental que define el volumen total de agua dulce requerida para producir determinado bien o servicio, e incluye tres sumandos identificados con tres colores diferentes.

  • Huella azul, que es el volumen de agua dulce consumida de las aguas superficiales (ríos, lagos y embalses) y subterráneas (acuíferos).
  • Huella verde, que corresponde al volumen de agua evaporada de los recursos hídricos.
  • Huella gris que es el volumen de agua que se contamina y desecha tras la producción del producto o servicio.

Además, se puede identificar una Huella Hídrica Directa, correspondiente al uso de agua para la producción, fabricación y/o actividades de mantenimiento por parte del operario, y una Huella Hídrica Indirecta, correspondiente al uso del agua en la cadena de distribución del fabricante, productor o industrial.

Así, la huella hídrica considera el cálculo de toda el agua utilizada en la cadena de suministro del producto; y esto incluye no sólo el agua incorporada al producto en sí mismo, sino también toda el agua que se ha contaminado, el agua devuelta a otra cuenca, el agua devuelta al mar, e incluso el agua evaporada en todos los procesos. De este modo, la huella hídrica de un determinado producto o servicio, vincula tanto al proveedor de los insumos, al productor, los comercializadores y el consumidor final del producto.

Como ejemplo de su importancia conviene conocer que la Huella Hídrica en una determinada cuenca se compone de: i). huella relativa al consumo por parte de la población asociada a ella, y ii). huella formada por la suma del consumo de agua directa del sector agrícola, ganadero o industrial, y por inverosímil que parezca, se estima que sólo el 3,8% del volumen total del agua disponible lo utilizamos para el consumo humano (i), mientras que un 96.2% se consume en producir los miles de productos que día a día utilizamos en nuestra vida (ii).

Bajo el contexto de la actividad acuícola, se entiende el concepto de huella hídrica como la sumatoria de todo el uso del agua de forma directa e indirecta utilizada en nuestro proceso de producir biomasa pesquera, y corresponde al cociente del volumen total de agua azul, verde y gris consumida en el proceso, sobre la cantidad de producto producido (biomasa).

Para el correcto cálculo, se debe estimar la huella hídrica para cada etapa del proceso productivo desarrollado, desde la fabricación y/u obtención de los insumos (alevines y alimento, por ejemplo), hasta los procesos de pre cría, engorde, cosecha, procesamiento, almacenamiento y comercialización del producto hasta su entrega al consumidor final.

Por otra parte, aunque el término Huella Hídrica y su evaluación fue propuesto inicialmente para el agua dulce, no es menos importante evaluar la HH gris de la actividad acuícola sobre los océanos del mundo sobre los cuales la actividad acuícola juega importante rol por la intensa polución que las descargas suelen generar.

Se calcula que un 5% en peso del alimento suministrado a los peces no es ingerido (pérdidas por manejo) y cerca del 15% del alimento suministrado se transforma en heces (digestibilidad del 85%), así que por lo menos un 20% del alimento suministrado a peces de cultivo se transforma en sedimentos, lo que representa un significativo aporte de materia orgánica exógena que formará parte del sedimento. Además, se deben considerar los sólidos en suspensión que provienen normalmente de la fuente hídrica, por lo que debería ser una exigencia que toda explotación acuícola destine áreas dirigidas a la sedimentación, almacenaje y recolección de los sedimentos producidos, y se facilite que los procesos de degradación orgánica se lleven a cabo normalmente.

Alternativas como el BFT, el RAS, prebióticos, probióticos, biorreguladores, filtración, sedimentación, manejo de lodos, así como la retención de nutrientes constituyen solución para minimizar los problemas ambientales de la actividad acuícola, minimizando la descarga de la materia orgánica en ríos, lagos y estuarios, minimizando los recambios de agua requeridos para el manejo acuícola mediante el manejo de los nutrientes, ya sea removiéndolos o transformándolos en nitrógeno no tóxico por medio de la acción microbiana a través del balance del carbono y el nitrógeno en el sistema.

Como todos sabemos, los recipientes de cultivo, sean tanques o lagunas, acumulan la mayor parte de la carga de residuos provenientes de la respiración microbiana, la volatilización de amoniaco, la nitrificación y desnitrificación, así como la acumulación de nitrógeno, fósforo y la materia orgánica, por lo que se hace imprescindible capturar o retener gran parte de las heces y del alimento no ingerido en lagunas de sedimentación construidas exprofeso, y/o en los sedimentadores y canales de recolección de aguas servidas, para retirar luego los sólidos sedimentados (lodos) para su debido tratamiento, ya que el agua que utiliza diariamente un cultivo acuícola a altas densidades de siembra, requiere ser devueltas al medio ambiente diariamente previa filtración física, sedimentación de materia orgánica en suspensión, minimizando la carga bacteriana, garantizando no contengan sustancias contaminantes externas, evitando el escape de ejemplares al medio ambiente natural y ofreciendo un adecuado manejo de los sedimentos (lodos) retenidos.

Aunque en el país, no se dispone de normas específicas de manejo en este sentido, la Ley Orgánica del Ambiente dispone severas sanciones por los daños ambientales que se puedan generar.

En sistemas intensivos tradicionales utilizando recambio de agua, algunos autores han estimado se requiere la asombrosa cantidad de 20 a 64 m3 de agua para producir un kilo de camarón (sólo agua dulce), mientras que para el cultivo de tilapia se estima en 5.486 m3 /Ton para el cultivo de cachama 6.193 m3/Ton y para el cultivo de trucha oscila entre 15.825 de 19.854 m3 /Ton, según el sistema de cultivo utilizado.

Aunque en el caso del cultivo del camarón prácticamente toda el agua utilizada es vertida al mar, en el caso de la trucha, la tilapia y la cachama, estas estimaciones se realizan suponiendo que el vertido del volumen de agua utilizado es devuelta a la cuenca sin tratamiento alguno, hecho este que no siempre es así, y que con los modernos métodos y tecnologías existentes, gran parte del volumen utilizado en determinadas etapas (especialmente engorde) pueden ser devueltas a la misma cuenca prácticamente sin contaminación si se implementan los adecuados correctivos.

Pero, aunque las cifras ofrecidas les parezcan impresionantes, debido que la agricultura es el sector que más agua consume (entre el 70 y el 90 %), los alimentos y productos de origen vegetal, son los que mayor huella hídrica presentan, y casi el 92% de la huella hídrica planetaria pertenece a la producción de alimentos. Entre ellos, el café y la carne de bovino son los que más agua consumen.

Según datos de la Red de la Huella Hídrica (la Water Footprint Network), para producir 1 kilo de café torrefacto se emplean unos 18.900 litros de agua, por lo que cada taza de café tiene una huella hídrica de unos 130 litros. Una cantidad de agua similar es la que está implícita en una manzana de 160 gramos o en un plátano de 150 gramos, mientras que un filete de ternera de 100 gramos requiere 1.500 litros de agua, pues hay que tener en cuenta que, tras los tres años de promedio que han sido necesarios para que el animal crezca y pueda producir 200 kg de carne deshuesada, han sido precisos más de tres millones de litros de agua, después de contabilizar la que ha bebido, el forraje que ha comido y los servicios que ha necesitado (transporte, veterinaria, etc.) en su vida.

Y…, si está leyendo este artículo en un “smartphone”, en su mano hay casi 13.000 litros de agua dulce de huella hídrica, calculando toda el agua utilizada en la producción, embalaje y transporte del dispositivo hasta que llegó a sus manos.

Ahora bien, para el estudio detallado de la demanda de agua en una determinada actividad, debemos distinguir entre dos diferentes tipos de demanda: i) consuntivas y ii) no consuntivas.

Las demandas consuntivas son aquellas que están relacionadas con el uso del agua que no se devuelve de manera inmediata al ciclo del agua y, generalmente, se vincula a la “Huella Hídrica” azul.

Las demandas no consuntivas son aquellas en las que el agua no es (por lo menos totalmente) consumida y, lejos de generar una pérdida del recurso agua, lo trasladan o comercializan como materia prima ya elaborada, y este es el caso de las granjas acuícolas.

Conocer las principales etapas de cada proceso productivo acuícola, y por lo menos tener una idea referencial de la Huella Hídrica de cada una de estas etapas, aunque no las desarrollemos, es de gran ayuda e importancia, y de ello puede depender significativamente el reducir la Huella Hídrica Total de la actividad, y/u optimizar los modelos de producción, su eficiencia y sustentabilidad en el tiempo, además de permitirnos realizar ajustes que pudieran repercutir en su rentabilidad, al suprimir, ajustar y/ incorporar algunas etapas.

Fuente bibliográfica principal:

M.M. Mekonnen and A.Y. Hoekstra 2011. National  Water Footprint Accounts:The Green, Blue And Grey Water Footprint  Of Production  And Consumption.


Germán Robaina G. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario, en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario, redireccionando hacia el artículo original.

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