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Soportan nuestros cultivos piscícolas toda la tecnología disponible: Un ensayo


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


La gran demanda de alimentos que existe a nivel mundial y la crisis ambiental generada por la escasez de recursos naturales, ha propiciado la creación de estrategias que ayuden a subsanar estas deficiencias, promoviendo a la vez la protección del medio ambiente.

Aunque la piscicultura ha tenido un limitado desarrollo en el país, es totalmente factible de realizar cultivos de peces como una opción rentable y sustentable tanto para el medio ambiente, como para la economía de los emprendedores.

Para satisfacer esta creciente demanda, la industria piscícola ha invertido en el desarrollo y adopción de tecnologías que transformaron drásticamente la forma en que se producen muchas especies de peces de manera sostenible.

Para la potenciación y diversificación de los nuevos cultivos piscícolas se ha recurrido a tecnificarlos en mayor o menor medida, definiéndose en este caso como tecnologías acuícolas, el conjunto de conocimientos, técnicas y artefactos tecnológicos que aplicados de forma lógica y ordenada, nos permiten modificar y optimizar el desarrollo de estos cultivos en un entorno que satisfaga las necesidades de los organismos cultivados, y en pro de la obtención de la mayor biomasa posible, presentaciones atractivas de alta demanda, y los mayores beneficios económicos posibles para el desarrollador.

Así, la tecnología acuícola es un campo de estudio multidisciplinario que incluye áreas de la biología, química, genética, ingeniería, medicina y veterinaria, entre otras -además de mucho sentido común- para la obtención de biomasa pesquera de utilidad para el ser humano.

Esta tecnología es aplicada en diferentes sectores de la cadena de producción acuícola para ayudar a diseñar nuevos sistemas, optimizar el rendimiento de los sistemas ya existentes, mejorar las condiciones de vida de los ejemplares sometidos a cultivo, su alimentación, nutrición, ritmo de crecimiento, salubridad y sobrevivencia, entre otros, y desempeña un significativo papel en el desarrollo y avance de la actividad a escala global.

Sin lugar a duda el desarrollo de la salmonicultura es el ejemplo de la máxima tecnificación alcanzada, indudablemente acompañado y soportada por el elevado precio internacional de estas especies.

Noruega emergió como el productor mundial de salmón, basando su éxito en innovaciones en cuanto a mejora genética, sistemas de gestión, productos de salud y sistemas de producción.

Además, los acuatecnólogos noruegos desarrollaron soluciones para abordar las limitaciones del oxígeno, en los sistemas de formulación, producción, distribución de alimento, así como el control y tratamiento de enfermedades, para aumentar la escala y la eficiencia de los sitios de producción, el diseño, construcción de instalaciones, su mantenimiento y limpieza en alta mar.

Al mismo tiempo, desarrollaron tecnologías para aumentar la producción en sistemas terrestres de circuito cerrado y abordaron cuestiones de sostenibilidad tratando de ubicar la producción lo más cercano posible de los centros de consumo, minimizando costos, disminuyendo las presiones ambientales sobre las aguas costeras, mejorando la bioseguridad, el bienestar de los peces y preservación ambiental.

El modelo utilizado para aumentar la escala y la sostenibilidad a largo plazo de la producción de salmón viene siendo utilizado como referencia para aumentar la producción de otras especies, tanto de agua dulce como en agua de mar, sin embargo, no todas las especies sometidas a cultivo toleran las mismas inversiones tecnológicas, y la mayoría de los emprendimientos acuícolas se han enfocado hacia la formulación de alimentos, el uso de especies o líneas mejoradas genéticamente, adaptaciones en el diseño y manejo de los sistemas de cultivo, optimizar las condiciones requeridas para garantizar la sobrevivencia de los ejemplares bajo condiciones de salubridad y máximo crecimiento en condiciones ambientales amigables, y mantener las condiciones de calidad del agua.

Aunque muchas de estas tecnologías poseen elevados costos, algunas de ellas son de obligatorio uso para garantizar la sobrevivencia y crecimiento de los ejemplares, otras ofrecen la posibilidad de mejorar las condiciones de vida de los ejemplares cultivados, su salubridad, y/o a recuperar las inversiones realizadas a lo largo de menos ciclos de cultivo, mientras que otras más accesorias, colaboran a maximizar la productividad de las operaciones y/o permiten el aprovechamiento de locaciones antes impensables, por ejemplo.

El enorme diferencial de tecnologías aplicadas a las prácticas piscícolas a escala mundial guarda relación directa con el precio de venta final de la biomasa generada, y este precio de venta posee una enorme fluctuación tanto de especie a especie, como de locación a locación.

Así, pretender utilizar y/o adaptar todas y cada una de las tecnologías acuícolas ya desarrolladas, resulta una utopía para la mayoría de las especies sometidas a cultivo.

A medida que mayor número de tecnologías acuícolas de producción se empleen, se irá incrementando los costos totales del cultivo, y en la medida que se incrementan los costos de producción, la utilidad neta de nuestro cultivo (ROE) descenderá paulatinamente, identificándose así dos puntos de importancia que denominaremos Mínima Tecnología Aceptable (MTA), y Máxima Tecnología Soportable (MTS).

Cualquier intento de desarrollar una actividad acuícola comercial que no sobrepase el punto de MTA, está destinada al fracaso comercial, ya que este punto representa el punto de utilidad cero; y cualquier intento de desarrollar una actividad acuícola comercial por encima del MTS, estará sacrificando la utilidad de las inversiones realizadas por un aumento desmedido en las inversiones realizadas en tecnologías, ya que, por su precio de mercado, la comercialización de la biomasa generada no compensará las inversiones realizadas, y afectará directamente la tasa de retorno financiera (ROE).

Como es lógico suponer, el precio de mercado de la biomasa generada por prácticas piscícolas, y la sumatoria de los costos de cada una de las tecnologías utilizadas en cada una de las locaciones en las que se desarrolle el cultivo, ofrecerán diferentes valores para cada una de estas estimaciones.

Así, el máximo nivel de inversión factibles de realizar para las tecnologías aplicables a nuestros cultivos fluctuará de especie a especie, y de locación a locación para una misma especie.

Las diferentes técnicas de aireación, suministro y recambio de agua, alimentación, nutrición, prevención de enfermedades, RAS, Biofloc, desinfección, vacunas, prevención de enfermedades, fotoperiodo, control de la temperatura, manejo y control de efluentes, monitoreo ambiental, monitoreo a distancia, mediciones electrónicas de peso, talla, densidades son de gran ayuda para maximizar nuestra producción, pero cada una de ellas conlleva un costo operativo que deben ser evaluados antes de decidir su aplicación y estimar su relación costo-beneficio.

Recordemos que nuestro país se encuentra en uno de los niveles de desarrollo piscícola más bajos del continente, dadas sus precarias condiciones socioeconómicas, actualización tecnológica, fuga de talento, costos de las tecnologías acuícolas y apoyo gubernamental para el sector acuícola.

Esta triste situación nos obliga en pensar en producir, pero también en ser lo más cuto posible a la hora de realizar nuestras inversiones.

imágenes: AkvaGroup.


Germán Robaina G. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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