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Un estudio de la UB identifica la primera especie potencialmente invasiva que llega a la Antártida sobre algas marinas a la deriva


Barcelona, 31 de enero de 2020. Las algas flotantes del océano austral pueden transportar especies invasivas hasta las costas antárticas, según un estudio publicado en la revista Scientific Reports.


El nuevo trabajo describe la primera evidencia científica de una especie potencialmente invasora y colonial —el briozoo marino Membranipora membranacea— capaz de llegar a islas de latitudes antárticas en macroalgas que flotan a la deriva en el medio marino.

La nueva investigación sobre biodiversidad en los ecosistemas antárticos está liderada por la profesora Conxita Àvila, de la Facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio). En ella también participan expertos del Instituto de Ciencias del Mar (ICM -CSIC), el Servicio Antártico Británico (BAS) y la Universidad de Hull (Reino Unido).

Pasajeros inesperados en el mundo del hielo

Turismo, tráfico marítimo e investigación científica son algunas actividades humanas que han facilitado la dispersión de organismos no autóctonos —insectos, plantas, etc.— en los frágiles ecosistemas terrestres de la Antártida. En estos hábitats extremos, la deriva de las algas y los plásticos arrastrados por el viento y las corrientes marinas también pueden ser un mecanismo natural de entrada de organismos exóticos.

El nuevo artículo de Scientific Reports describe por primera vez la llegada de organismos al medio marino de latitudes antárticas gracias a macroalgas flotantes procedentes de ecosistemas alejados. «Aunque esta vía de dispersión natural se conocía en otros ecosistemas naturales del planeta, en el caso de la Antártida este fenómeno ha cobrado especial relevancia científica desde hace tiempo como potencial mecanismo para introducir especies nuevas en los ecosistemas antárticos», destaca la profesora Conxita Àvila, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales y del IRBio.

Briozoos, moluscos, anelidos, artrópodos, equinodermos, cnidarios y poríferos son algunos de los pasajeros inesperados que han viajado miles de kilómetros sobre macroalgas arrastradas por los vientos y las corrientes marinas hasta islas antárticas y subantárticas. Con una estructura laminar y de gran tamaño, estas algas pardas (kelp) —las especies Macrocystis pyrifera y Durvillaea antarctica— forman densos bosques submarinos y tienen un papel ecológico decisivo en los ecosistemas marinos como refugio natural para una amplia diversidad de organismos (algas, peces, moluscos, etc.).

A la deriva hacia latitudes extremas del Sur

Como primicia científica, el nuevo trabajo ha identificado una especie potencialmente invasiva en las algas varadas en el litoral antártico: el briozoo M. membranacea, un organismo colonial que se considera originario del nordeste del océano Pacífico.

Tal como explica la investigadora Blanca Figuerola (ICM-CSIC), esta especie no se había descrito previamente en ecosistemas oceánicos al sur del frente polar. «Así pues —indica la experta—, podría tener un gran impacto ecológico sobre la biodiversidad de la Antártida en el futuro. Es una especie incrustante, tiene una alta tasa de crecimiento, puede colonizar fácilmente una superficie considerable de láminas de kelp, creando capas gruesas y haciéndolas más frágiles. Las colonias de M. membranacea limitan la capacidad de reproducción y crecimiento de las algas y facilitan que se rompan durante los temporales, y eso hace aún más fácil la dispersión del briozoo».

«Además —continúa Figuerola—, las colonias pueden incrustarse en otras superficies (plásticos, barcos, etc.) y las larvas planctónicas pueden ser transportadas a través del agua de lastre y resistir durante meses. Todos estos factores afectarían al equilibrio medioambiental en caso de que la especie se acabara estableciendo en la Antártida».

Península antártica: ¿un nuevo territorio para las invasiones biológicas?

Con los efectos del calentamiento global —temperaturas más altas y aceleración de la pérdida de hielo en todo el planeta—, cada vez hay más áreas sensibles a la entrada de especies invasoras. Estos fenómenos son especialmente preocupantes en zonas como la península antártica, donde las condiciones ambientales podrían favorecer la supervivencia de las especies potencialmente invasoras.

«La península antártica es el área más vulnerable a los episodios de invasiones biológicas a través de algas flotantes. La latitud geográfica, la proximidad a regiones terrestres con especies potencialmente invasoras —América del Sur, islas del mar de Scotia, etc.—, la orientación de las costas respecto a la corriente circumpolar antártica, y las condiciones climáticas son factores que facilitarían la entrada y el éxito colonizador de especies exóticas transportadas por algas o plásticos flotantes», apunta la profesora Àvila, jefa de los proyectos de investigación Bluebio, Distantcom, Ecoquim y Actiquim, centrados en la ecología de las comunidades de invertebrados marinos en la Antártida.

El riesgo de invasión de especies no nativas es muy alto en zonas de carácter volcánico —como la isla Decepción—, ya que a priori las condiciones ambientales son más favorables. No obstante, cualquier región costera libre de hielo sería potencialmente un punto donde las algas flotantes podrían llegar y dispersar los organismos que hayan podido transportar.  

«En el contexto del cambio global, lo que ocurre en la península antártica podría repetirse en otras áreas del continente blanco. Además, algunas especies foráneas y generalistas también podrían llegar al medio antártico y adaptarse a las nuevas condiciones ambientales. Ello podría tener efectos dramáticos en los organismos autóctonos de los ecosistemas marinos», apunta la profesora Àvila.

«La Antártida se está calentando y presenta nuevas oportunidades —tanto de origen antrópico como naturales— para que animales y plantas puedan llegar a las aguas antárticas, cambiando así las comunidades biológicas locales para siempre. Nuestros resultados muestran que para estos animales, que han provocado daños ambientales en otros lugares, es más fácil de lo que pensábamos llegar al continente más remoto y extremo de la Tierra. Asimismo, nos hacen recordar que el trabajo constante de los científicos en el estudio de la biodiversidad y la ecología de esta región es vital para poder detectar estos cambios antes de que las especies se establezcan», concluye el experto Huw J. Griffiths (Servicio Antártico Británico, BAS).

Antártida: más allá de las barreras biogeográficas

En la actualidad, todas las barreras biogeográficas que limitan la Antártida han dejado de ser impenetrables para muchos organismos. Tal como revela un trabajo previo del equipo UB-IRBio (Marine Environmental Research, 2017), algunos briozoos son capaces de superar el frente polar y la corriente circumpolar antártica, fronteras biogeográficas en latitudes extremas del océano austral. Estudios más recientes perfilan un escenario polar donde el océano Sur no está tan aislado como se pensaba, los límites biogeográficos —viento, corrientes y frentes polares— se desdibujan y los archipiélagos remotos —entre los 45º y los 60º S de latitud— son puntos clave para la dispersión a través del frente polar.

En este escenario de transformación ecológica y climática, amenazado por los efectos del cambio global, se hace cada vez más necesaria la investigación y la monitorización de los ecosistemas naturales para conservar la biodiversidad, alertan los autores del nuevo estudio.


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