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Una granja hidropónica pretende devolver su buena fama al tomate italiano


En Sfera Agrícola, finca localizada en la Toscana, la fruta, también llamada “oro rojo” y la más utilizada en enlatados, crece en invernaderos libres de pesticidas



La granja hidropónica más grande del sur de Europa, localizada en medio de las colinas de la Toscana, pretende devolver el brillo al tomate italiano, cuya imagen se ha visto afectada por la infiltración de la mafia, la contaminación y la mano de obra barata. Fundada en 2015 por Luigi Galimberti, Sfera Agricola cultiva plantas sin pesticidas en invernaderos ecológicos, deja que las abejas realicen la mayor parte de su labor y es una respuesta a los repetidos llamados de la ONU, sobre la necesidad de encontrar formas de alimentar a una población que aumenta sin cesar, en un planeta sin recursos.

La granja produce 1 kilo de tomate o lechuga con solo 2 litros de agua, frente a los 75 litros que se emplean en cultivos tradicionales, explica Galimberti a AFP. Además, 90% de esa cantidad de agua es de lluvia. Ese método –conocido como hidroponía– usa disoluciones minerales en vez de suelo agrícola y permite que las raíces reciban una solución nutritiva y equilibrada disuelta en agua con algunos de los elementos químicos esenciales para su desarrollo. El control biológico está garantizado por organismos naturales que luchan contra insectos y enfermedades. «Usamos abejas para fertilizar las flores, y lanzamos una serie de insectos depredadores para combatir los insectos que más tememos», agrega Galimberti, quien reconoce que el método favorece la formación de nuevas colmenas y refuerza el ecosistema local.

Además de contar con buenas condiciones de trabajo para sus empleados, Sfera Agricola cultiva tres variedades de tomates que fueron abandonadaspor agricultores | FOTO: AFP

Instalados en plataformas alimentadas con energía solar, los trabajadores agrícolas van y vienen entre las plantas, levantan suavemente las ramas superiores para atarlas y ayudar así a la maduración de los tomates. Un poco más lejos, una especie de lechuga pequeña crece sobre planchas de poliestireno, que flotan en grandes tanques, que brillan bajo el sol del mediodía. Debajo, se observan las largas raíces blancas que se sumergen directamente en una solución nutritiva y oxigenada. El dueño de la granja espera en el futuro ampliar su gama de producción con repollo, espinacas, calabacín, pimientos o berenjenas.

Los inversores y los bancos proporcionaron los 20 millones de euros necesarios para lanzar el invernadero de 13 hectáreas, que ahora emplea a 230 personas y produce alimentos durante todo el año.

Los tomates de Italia, un país que figura, junto con España, entre los 10 mayores productores del mundo, son conocidos en todos los continentes, sobre todo los enlatados. Sin embargo, han perdido su buena fama, debido a las denuncias por las pésimas condiciones en que miles de extranjeros trabajan en los campos del sur de la península. Los trabajadores, a menudo africanos, alojados en pésimas condiciones, en zonas marginales, se agotan físicamente para recoger el “oro rojo”, tomate destinado a los supermercados de medio planeta; que también está considerado como una de las causas de la contaminación de suelos de las regiones del sur de Italia, como Campania, alrededor de Nápoles, y un buen negocio que atrae a las mafias. Todas esas denuncias han afectado una industria que factura al año cerca de 24.500 millones de euros, de acuerdo con cifras de la asociación de agricultores Coldiretti.

Los tomates de Italia, un país que figura, junto con España, entre los 10 mayores productores del mundo, son los más utilizados para enlatar | FOTO: AFP

Además de contar con buenas condiciones de trabajo para sus empleados, Sfera Agricola cultiva tres nuevas variedades que fueron abandonadas por agricultores y distribuidores. «En los últimos 50 años el mercado ha cambiado rápidamente por razones de distribución y comercio. Han querido hacer más gruesa la piel del tomate para que dure más en las tiendas, y la fruta ya no se cae de las ramas cuando madura», asegura Galimberti. Gracias a unos cubos con lana de roca, unas lanas minerales -el método más común de producción hidropónica que permite el cultivo sin suelo- la planta está protegida y se pueden usar variedades más viejas y más débiles, agrega el propietario de la granja, que  planea construir 500 hectáreas de invernaderos hidropónicos en los próximos 10 años, para convertirse en líder del sector en Europa.


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