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UNA RUTA ACUÍCOLA PARA VENEZUELA IV: Centros Piscícolas Regionales


Para el fomento de la actividad piscícola comercial venezolana, proponemos la creación de una red de granjas integrales que funcionen como centros de fomento integral y servicios en aquellas regiones administrativas de elevado potencial, disponibilidad de recursos hídricos y voluntad política evidente, acompañados de una red de granjas piscícolas productivas asociadas vinculadas a dichos centros.

Contar con el suministro seguro de alevines y alimentos requeridos para el desarrollo de la actividad, además de la asistencia técnica, supervisión, capacitación, servicios básicos, y la garantía de acopio, procesamiento y distribución de la biomasa obtenida, será la mayor garantía para favorecer la masificación ordenada de la producción piscícola nacional, y el éxito comercial por parte del productor, mientras que el ente rector de la actividad (Minpesca), minimizará los esfuerzos requeridos para supervisar el cumplimiento de la normativa legal vigente, maximizando sus esfuerzos hacia el fomento de la actividad acuícola de alcance comercial.


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com

La piscicultura comercial venezolana no podrá nunca desarrollarse adecuadamente y cubrir los requerimientos alimentarios y nutricionales de la población nacional, si el productor interesado en ella, no logra abastecerse ininterrumpidamente de los principales insumos y servicios requeridos de la mejor calidad y garantía sanitaria y genética.

Durante los comienzos de los años 90, ante la inquietud que tuvieran directivos de FAO para el sector pesquero y acuícola sobre letargo que tenía (y sigue teniendo) la piscicultura venezolana a pesar de sus evidente potencial, comentamos que la principal causa era -sin lugar a dudas- la poca atención e indiferencia que las instancias oficiales nacionales le habían brindado a la actividad, la desorganización imperante en el sector productivo, a los múltiples obstáculos que se le imponían, y a la errónea percepción que programas de alcance social alcanzarían una adecuada biomasa para cubrir los requerimientos de la población.

En aquellos años se iniciaba en el país aquel proceso que se denominó “Regionalización” y aparecían en el horizonte gobernadores electos directamente en sus estados e instancias regionales de fomento científico y tecnológico (FUNDACITE) entre otras.

Aprovechando esa coyuntura, entre los años 1993 y 1994, bajo patrocinio de esa misma agencia (FAO) se desarrolló un programa destinado a diagnosticar y evaluar esta premisa, y el verdadero potencial de la actividad piscícola nacional, a partir del trabajo conjunto de las diferentes instancias vinculadas a ella en una determinada región, y formular una propuesta para su fomento, desarrollo y potenciación.

A partir de dicho diagnóstico, se evidenció la realidad de la premisa, y al contar con el apoyo de una gobernación estadal (Táchira), la Corporación de Desarrollo Regional respectiva (CVS), y los principales órganos oficiales vinculados a la actividad (MAC, FUNDACITE, UNET, etc.), no sólo se realizó el diagnostico solicitado, sino que se puso de manifiesto la frustración de productores rurales interesados en producir si el estado los dejaba, y más aún, si se lograba contar con posibles fuentes de financiamiento, apoyo y la asesoría técnica requerida.

En base a la información recabada en el campo, se formularon 12 “recetas” para el cultivo comercial de Truchas, Tilapias y Cachamas, que fueron evaluadas por especialistas internacionales traídos al país a tal fin. Después de una meticulosa revisión, nueve (9) de estas recetas fueron aprobadas, avaladas y recomendadas como modelos de desarrollo piscícola de viabilidad comprobada para el país.  

Sin embargo, sobrevino el correspondiente cambio de gobierno nacional, y estas “recetas” quedaron en el olvido.

Los esfuerzos se perdieron.

Posteriormente, tuvimos el privilegio de visitar algunas granjas piscícolas noruegas gracias a la invitación que AKVAFORT nos hiciera a tales efectos.

Palpar la realidad del éxito noruego en el cultivo de peces (especialmente salmón), en donde la gran cantidad de biomasa producida no provienen únicamente de “mega granjas”, sino de una red de grandes, medianas y pequeñas granjas privadas propiedad de biólogos, odontólogos, abogados, etc., pero asistidas en gran parte por agencias oficiales, universidades y centros de desarrollo, nos convenció que esa era la mejor vía a seguir para nuestro país.

Crear un programa de fomento de la actividad piscícola comercial en el país y apoyar al productor agropecuario nacional a iniciarse en tan ventajosa actividad, ofreciéndoles la asistencia capacitación y seguimiento requerido.

Con sus correspondientes ajustes, la denominada “piscicultura rural Tipo II” de FAO, la transformamos en la “Piscicultura Intermedia”, actividad piscícola de escala comercial, pero no industrial, desarrollada por profesionales, hacendados e inversionistas interesados en ello, que, por poseer cierto grado de solvencia económica, pueden acceder a recursos crediticios, sin lastrar a los gobiernos.

Sin embargo, si bien el país posee grandes deficiencias en lo que al aprovechamiento de la piscicultura como actividad productiva se refiere, también lo es que no todas las regiones del país poseen la misma potencialidad para ello.

Temas como la disponibilidad de recursos hídricos, calidad del agua, clima e insumos, entre otros, marcan diferencias entre región y región para el desarrollo de programas piscícolas de alcance comercial.

Por otra parte, están las diferentes especies cultivables en cada una de esas regiones, en general asociada su posible producción a los parámetros anteriormente citados, pero también, a aspectos políticos, culturales, tradiciones, preferencias, y hasta mitos.

En función a todo esto, se incluyó en nuestra propuesta de Plan Acuícola Nacional, la conformación y puesta en marcha de los denominados “Centros Piscícolas Regionales”, como centros de producción y distribución masiva y certificada de alevines de la más elevada calidad genética y sanitaria, así como a la distribución -por fabricación o acopio- de los distintos alimentos requeridos para el cultivo de las diferentes especies, coadyuvando en minimizar los costos de producción, y minimizando los eventuales riesgos de epizootias por la utilización de ejemplares de dudosa calidad genética y sin adecuados protocolos de sanidad durante su importación.

Además de ello, estos centros podrían prestar servicios de acopio, procesamiento, almacenamiento y distribución de la biomasa generada por una red de granjas bajo una adecuada estrategia de asociatividad, que evite la necesidad que tiene el productor de incurrir en gastos que le encarecen significativamente el proceso, al realizar inversiones que requieren largo plazo para su amortización.

Finalmente, sean privados o mixtos (publico + privado), un Centro Piscícola Regional, además de garantizar el suministro de los insumos básicos requeridos para el inicio de actividades productivas, y coadyuvar en garantizar la distribución de la biomasa producida por el privado en los primeros años de actividades   -años en que la consolidación de la infraestructura requerida nos lleva a niveles de muy baja rentabilidad- prestaría además servicios de asistencia y capacitación.

Un Centro Piscícola Regional en la región andina dedicado única y exclusivamente al proceso productivo de truchas, ayudaría a minimizar los múltiples obstáculos que los productores andinos poseen para fomentar su producción en nuestro país, con un potencial por nosotros estimado no menor a las 10.000 toneladas año.

Centros Piscícola Regionales especialmente dedicados a la producción de cachamas en el centro occidente del país, harían lo propio para solucionar las constantes limitaciones que se encuentran para la producción masiva de la principal especie autóctona que se cultiva en el país, con no menos de 100.000 toneladas año de potencial productivo.

Centros Piscícolas Regionales dedicados al fomento, regulación, supervisión y servicios básicos requeridos para el cultivo de la tilapia, la especie que a nuestro criterio es la que posee mayor potencial para generar la biomasa pesquera que requiere el país, ubicados en el oriente, centro y occidente del país, ayudaran, sin lugar a dudas, a generar las 300.000 toneladas de biomasa pesquera para el venidero 2030.

Por otra parte, se recomienda la formulación y promoción de desarrollos piscícolas integrales de alcance municipal (granjas municipales) prediseñados y pre evaluados, con sus correspondientes recomendaciones de manejo, organización, estrategias y con una adecuada proyección a los requerimientos poblacionales de la jurisdicción y de la estructura de costo, como estrategia para la producción de la biomasa íctica subvencionada para las clases populares de escasos recursos.

No más barriles sin fondos.

Finalmente, la presencia de un Biólogo Regente y adecuados protocolos de producción acuícola, protección ambiental, tratamiento de desechos biológicos y devolución de aguas de cultivo (protocolos ya elaborados y disponibles), minimizará los errores que tradicionalmente se cometen por desconocimiento y/o comodidad, y coadyuvaran a garantizar el correcto manejo de las unidades de producción y el más firme apego a la normativa legal y ambiental vigente.

Diferentes opiniones, sugerencias y alternativas hemos recibido sobre esta propuesta, sin embargo, solo faltaría ajustarla a los intereses de su ejecutor, y la visualizamos como una alternativa para la potenciación de la producción acuícola nacional.

Pueden contar con nuestro apoyo……


Germán Robaina G. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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