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Valoración de la agricultura familiar por los consumidores finales


Ana Luisa Mendoza Vela


La alimentación es un factor indispensable en las personas, para cubrir todo el funcionamiento de nuestro organismo y este año de pandemia fue evidente que la alimentación es uno de los puntos cruciales en las personas. Al alimentarse cada día, quizás las personas no se detengan a pensar de dónde vienen o de donde se provisionan los alimentos para salvaguardar a la población, generándose de forma involuntaria un desconocimiento, sobre los denotados esfuerzos que realizan las familias agricultoras para labrar la tierra y producir cultivos y crianzas, cuya práctica es muy ancestral; en efecto, las personas se han dedicado a la agricultura por años para asegurar su alimentación y la de su entorno.

En los últimos años, el crecimiento progresivo de la población ha generado que sea difícil abastecer de alimentos para toda la población, por diversas causas, entre las cuales se tiene: el cambio climático, las variabilidades climáticas, la pérdida nutricional del suelo y entre otros aspectos que no permiten obtener buenas cosechas; debido a que las plantas como todo ser vivo requiere un paquete nutricional para producir cultivos de calidad, sin que estén afectados por plagas y enfermedades. A esto se suma, otros factores antrópicos, como la necesidad de que exista una buena infraestructura y servicios básicos, como agua y energía eléctrica, etc.

Consecuentemente, las familias agricultoras tienen que lidiar diariamente con estos factores naturales y antrópicos para asegurar el abastecimiento de alimentos a la población, cuya presencia de pandemia no los ha detenido. Tampoco puede negarse que algunas personas dedicadas a la agricultura familiar estén perdiendo interés por la falta de recursos económicos para financiar paquetes tecnológicos, que les permita realizar una agricultura de calidad. Aunque, las familias agricultoras reciban capacitación y asistencia técnica, no es suficiente para asegurar que sus cosechas sean productivas y de calidad.

Esta situación que afrontan diariamente los agricultores, ha ido tomando posición con el avanzar de los años; en efecto, la concepción de agricultura familiar ha evolucionado desde el pensamiento de los años 90 como una forma de generar empleo agrícola, hasta los años 2000 que se fue entendiendo que la agricultura familiar es una actividad desarrollada por la familia que vive en una parcela o finca y que se dedica a producir cultivos para su subsistencia o para su comercialización. Y es recién en el año 2017, que FAO la ha definido como un modo de vida de los hombres y las mujeres que integran una familia, cuya producción la destina para su autoconsumo o para la comercialización y que estos productos no solo son producidos mediante el uso de la tierra, sino también productos que vienen de la pesca, del bosque, de la actividad pecuaria, de artesanía, o de servicios, del turismo rural, etc; entendido como todas las actividades que se realizan dentro de una finca o parcela.

Esta nueva concepción, nos hace ver que la agricultura familiar, es una visión más integral, es mas allá de que la gente de las ciudades los vea como personas que los abastecen de arroz, de papas, de verduras, de frutas, o de carne; sino que la agricultura familiar es el núcleo fundamental del punto inicial de una cadena de suministros, que trabaja día a día para abastecer de alimentos integrales a la población del mundo. Para la población de las ciudades quizás sea difícil entender todo el esfuerzo que realizan los 2 mil 500 millones de agricultores del mundo, para asegurar la alimentación de la población mundial; y hasta comprender que los precios que muchas veces se pagan sean tan irrisorios que realmente no cubren los costos de producción de la agricultura familiar, debido a que no se valora su mano de obra.

Como se aprecia que recién en el año 2017, FAO emite un concepto más integral de lo que es la agricultura familiar, entonces desde ese momento los países emergentes han empezado a revalorar a la agricultura familiar, mediante la generación de políticas públicas en favor de este núcleo familiar rural; debido a que, por muchos años, las familias han venido generando una agricultura incipiente y de subsistencia. Esto se evidencia, en la diferencia de precios que se paga en chacra a los agricultores, con el precio que se expenden en los mercados populares y con el precio que se presenta en los supermercados; en consecuencia, no existe una valoración por la producción agraria.

Por lo tanto, es necesario que exista una “Valoración” de la agricultura familiar por parte de la población consumidora, tomando conciencia que detrás de cada alimento que consume diariamente, existe una familia agricultora esforzándose por producir este alimento y que necesita ser valorado mediante un precio justo. Sin embargo, para que ese producto sea de calidad, no es suficiente que los agricultores posean la tierra, sino que necesita de una confluencia de servicios,  donde el gobierno cumple un rol importante, primero asegurando que los servicios de abastecimiento de agua para el riego y para los procesos de postcosecha funcionen, asimismo los servicios de energía eléctrica que se necesitan para el procesamiento y conservación de alimentos, también el óptimo funcionamiento de las vías de comunicación como las carreteras y el abastecimiento de insumos agrícolas.

Es apropiado hacer notar, que no basta con estos elementos, sino también con políticas públicas que favorezcan a que desde la agricultura familiar se puedan producir alimentos de calidad y con valor agregado que puedan ingresar a mercados diferenciados, para que así las familias agricultoras puedan recibir un verdadero precio de sus productos y el esfuerzo que realizan por esta producción sea revalorado. Complementariamente desde el gobierno se debe impulsar la aplicación de nuevas tecnologías desde la producción agraria (semillas de calidad) hasta la transformación, para que se produzcan productos de calidad y que puedan posicionarse en diversos mercados de forma competitiva, mediante programas de capacitación y asistencia técnica personalizados en cada una de las organizaciones de productores, donde paso a paso se les guie en la generación de productos competitivos y que cumplan con todos los estándares de calidad; caso contrario, las familias agricultoras seguirán abasteciendo al mercado de productos precarios que los consumidores no valorizarán, seguirán recibiendo bajos precios y continuarán sumergidos en la pobreza. En cambio, sí a las familias agricultoras se les explica que la realización de inversiones productivas- comerciales van a redundar en que su producto se revalore y obtenga un mejor precio en el mercado, ellas se organizarán para mejorar su producción y posicionarse en mercados competitivos, permitiéndoles que mejoren sus ingresos familiares y por ende su nivel de vida. De esta forma, se tendrá consumidores satisfechos de recibir productos de calidad desde la agricultura familiar y familias rurales revaloradas.


Ana Luisa Mendoza Vela es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

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