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Venezuela requiere redefinir su estrategia de desarrollo acuícola


Germán Robaina G.

robainag@gmail.com


Si bien el inicio de las actividades acuícolas nacionales data del año 1937, después de más de ochenta y tres años de intentos, esfuerzos y sueños, es quizá Venezuela uno de los países latinoamericanos con el más bajo nivel de desarrollo acuícola de Latinoamérica, y a excepción del cultivo de camarones, prácticamente ninguna otra especie alcanza un moderado desarrollo a escala comercial.

Hoy por hoy, jerarquizando la producción nacional por superficie territorial, nuestro país ocupa del decimocuarto lugar (14) en lo que a producción acuícola latinoamericana se refiere, con una producción muy inferior a países con mucho menos ventajas comparativas y competitivas, recursos y condiciones ambientales que el nuestro.

Un conjunto de errores, dificultades y obstáculos se vienen citando a lo largo de todos estos años tratando de “justificar” esta situación, y diferentes estrategias y recomendaciones se han formulado para orientar los pasos a seguir para solventar este nivel de recesión productiva acuícola.

Los diferentes Planes de Acción propuestos, publicados formalmente o no, establecen un conjunto de recomendaciones, cuellos de botella, nudos críticos, etc., que son alarmantemente similares entre sí, pero no pasan de constituir meros ejercicios académicos que no logran atraer la atención de las instancias oficiales.

Después de revisar el estado actual de la acuicultura mundial y latinoamericana como marcos de referencia para nuestro país, formulamos una propuesta para la elaboración y publicación en Gaceta Nacional de un Plan Nacional de Acuicultura como herramienta para ayudar a sentar las base para el inicio de actividades acuícolas comerciales seguras, científicamente respaldadas, con adecuado soporte y respaldo oficial a lo largo de los años, y que permitieran al país iniciar una proceso de desarrollo acuícola acelerado acorde con su potencialidad.

Aunque de lado y lado se reconoce que se han cometido numerosos errores y desatenciones con el sector, consideramos que es hora de rectificar y actuar.

Es hora de iniciar un proceso de renacimiento acuícola nacional, ya que el país no puede seguir esperando y justificando los innumerables obstáculos y la desidia que ha imperado a lo largo de todos estos años, obstáculos y desidia que nos ha permitió pasar de ser considerado el país con mayor potencial en Latinoamérica para la década de los 80, a ocupar el triste lugar que ocupamos hoy en día.

Profesionales afines y no tan afines al ente rector de la actividad pesquera en el país (MinPesca) lo reclaman, lo exigen y ofrecen su voluntad, experiencia y experticia para coadyuvar en el desarrollo de este proceso.

Aunque tradicionalmente aquellos que emiten opinión sobre las actuaciones de MinPesca e INSOPESCA son tildados de traidores, opositores, desconocedores y/o un conjunto de términos peyorativos que buscan la desacreditación del profesional capaz de emitir dicha opinión, hace muy pocos días llegó a nuestras manos un documento que promueve la reforma del Decreto-Ley de 2014 (DECRETO CON RANGO VALOR Y FUERZA DE LEY DE PESCA Y ACUICULTURA), y que denuncia la existencia de un “punto de inflexión” en el desarrollo pesquero y acuícola nacional que tiene su origen en la inclusión de profesionales NO afines al sector pesca y acuicultura en cargos de especialización que requieren de un mínimo de conocimiento en la materia pesquera y acuícola para gerenciar recursos renovables y desarrollar planes y programas idóneos, dirigidos al desarrollo sostenible de la actividad.

Entre algunas otras, denuncian que el conocimiento en materia pesquera de muchas de las autoridades de MinPesca e  INSOPESCA y demás entes adscritos que generan las directrices para la administración oficial sobre el tema del manejo pesquero e impulsar la acuicultura es de “bajo” a “escaso”; lo que limita la gerencia necesaria para procurar garantizar la perdurabilidad de los recursos hidrobiológicos, así como el desarrollo de estrategias, planes y programas dirigidos a la sostenibilidad de las actividades pesqueras y acuícolas que tiene por objeto de coadyuvar con la seguridad y la soberanía alimentaria.

Denuncian que la dupla MinPesca – INSOPESCA, como entes encargados de la administración y ordenación de los recursos pesqueros y acuícolas, poseen una estructura organizacional sin clara orientación, con duplicidad de funciones que aleja a ambos entes de cumplir con la misión y visión de cada uno, debido principalmente a la falta de coordinación, interacción, conocimiento y logística, provocadas están como consecuencia de los frecuentes cambios de autoridades.

Denuncian que la creación de nuevas dependencias afines a la actividad tales como el Fondo Pesquero y Acuícola de Venezuela (FONPESCA), la Corporación de Servicios Pesqueros y Acuícola de Venezuela (CORPESCA) y Centro Nacional de Investigación de Pesca y Acuicultura (CENIPA), generan distorsión en las políticas del sector, multiplicando personal y ampliando competencias a áreas alejadas al ordenamiento y la administración de los recursos.

Todos estos argumentos, y muchos otros más, han sido denunciados en anteriores oportunidades, pero el que hoy por hoy lo hagan puertas adentro, no hace más que ratificar y respaldar nuestras denuncias.

Los constantes enfrentamientos entre funcionarios de las diferentes instancias oficiales del sector pesquero nacional no ayudan en nada al país, y la falta de una única visión y línea de acción, es indispensable para el desarrollo del sector.

Nos consta la presencia de profesionales de muy buenas intenciones en ambas instancias cuya gestión es fuertemente obstaculizada, pero también nos consta la presencia de funcionarios que objetan cuanta propuesta se les presente, sin argumentos de peso alguno, funcionarios estos que no deben seguir ejerciendo cargos de liderazgo. Funcionarios sin la más mínima preparación en materia pesquera y acuícola, gerencia, planificación etc., que no deben ser incorporados a labores estratégicas relevantes para el sector si queremos ver resultados a corto plazo.

Leyendo el referido informe, no dudamos en ratificar la urgente necesidad de no solo actualizar el referido Decreto Ley, sino redefinir la estrategia acuícola nacional, proceder a la reestructuración organizativa del ente rector de la actividad pesquera y acuícola venezolana, y formular un Plan Acuícola Nacional que fije el rumbo del país en esa materia para los próximos 20 a 30 años y marque el inicio de la Venezuela Acuícola.

Un Plan en el que se aprovechen todas y cada una de las potencialidades acuícolas del país respetando el ordenamiento ambiental vigente es total y absolutamente factible. Un Plan ambicioso, moderno, integral y realista.

Con un poco de colaboración de todos los que soñamos con ver cristalizada la actividad, y la voluntad política del Gobierno Nacional y de nuestro ente rector (MinPesca), se puede hacer esto realidad.

Se estima, según estándares FAO, que Venezuela requerirá para el año 2030, no menos de 500.000 tm de biomasa pesquera; que por lo menos el 60 % de ella deberá provenir de actividades acuícolas, y que las actividades piscícolas representarán entre el 60 y 70% de este total.

180.000 tm equivalen a 180.000.000 de kilos de biomasa pesquera, y a 540.000.000 raciones/año de ejemplares de 0,350 kg c/u.

540.000.000 raciones/año son muchas raciones y, sobre todo, muchas razones.

Recapacitemos….


Germán Robaina G. es colaborador destacado de Mundo Agropecuario

Este trabajo fue enviado por el autor o autores para Mundo Agropecuario, en caso que se desee reproducir le agradecemos se destaque el nombre del autor o autores y el de Mundo Agropecuario, redireccionando hacia el artículo original.

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