Bovino

Un rescate genético en la Patagonia preservó un bovino único

Publicado el 27/07/2026 · REDACCION

Un programa científico iniciado hace 35 años convirtió un rodeo cimarrón amenazado de eliminación en una reserva genética reconocida por su adaptación a condiciones ambientales extremas


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz

El reconocimiento obtenido por cuatro ejemplares de Bovino Criollo Patagónico en la Exposición Rural de Palermo trasciende el resultado de una competencia ganadera. Detrás de los premios existe un programa científico de más de tres décadas que permitió rescatar, estudiar y conservar una población animal aislada, adaptada naturalmente al frío, la nieve y la limitada disponibilidad de alimento de la Patagonia austral argentina.

La experiencia demuestra cómo una intervención coordinada entre investigadores, una universidad y la autoridad responsable de un área protegida puede evitar la pérdida irreversible de un recurso genético. También expone uno de los dilemas más complejos de la conservación: qué hacer cuando una población introducida representa un problema ambiental dentro de un parque nacional, pero al mismo tiempo conserva características hereditarias excepcionales que pueden resultar valiosas para la ciencia y la producción animal.

La vaca conocida como “La Yoli” volvió a consagrarse Campeona Hembra de la raza Bovino Criollo por tercer año consecutivo. “Estrella” fue distinguida como Reservado Campeón Vaquillona, mientras que “Joni” obtuvo el primer puesto entre los machos mayores y “Toribio” alcanzó el segundo lugar en la categoría de machos menores.

Los cuatro animales descienden directamente de un antiguo rodeo cimarrón localizado en el Parque Nacional Los Glaciares, en la provincia argentina de Santa Cruz. Su reconocimiento confirma que el material genético recuperado no solo pudo conservarse, sino que mantiene cualidades morfológicas, productivas y de adaptación apreciadas dentro de la raza.

Una población aislada por las barreras naturales

Hasta finales de la década de 1980 se consideraba que el Bovino Criollo Patagónico había desaparecido. En 1989, docentes e investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora localizaron una población de bovinos que vivía en estado asilvestrado dentro del Parque Nacional Los Glaciares.

Los animales se encontraban principalmente en los sectores de Bahía Onelli, La Olla y Tierra de Nadie. Las montañas, el hielo, los bosques y otros obstáculos naturales habían mantenido al rodeo aislado de otras poblaciones bovinas durante buena parte del siglo XX.

Las investigaciones determinaron que esos ejemplares descendían del ganado introducido por colonos asentados en Bahía Onelli y la Península Avellaneda entre finales del siglo XIX y comienzos del XX. Cuando los pobladores abandonaron la zona después de la creación del Parque Nacional Los Glaciares en 1937, parte de los animales quedó en libertad.

Durante décadas, el rodeo sobrevivió sin manejo ganadero convencional y bajo una intensa presión ambiental. Las bajas temperaturas, las nevadas, la escasez estacional de forraje y el aislamiento actuaron como filtros de selección natural, favoreciendo a los animales capaces de resistir y reproducirse en esas condiciones.

Esta adaptación adquirió especial interés científico porque la conservación de la diversidad genética permite mantener características que podrían desaparecer cuando las poblaciones son reemplazadas por un número reducido de líneas comerciales. La pérdida de biodiversidad no afecta únicamente a las especies silvestres; también puede reducir la variabilidad existente en razas domésticas y poblaciones ganaderas históricas.

El conflicto entre conservación ambiental y patrimonio genético

La presencia del ganado dentro del parque representaba un problema para la Administración de Parques Nacionales. Al tratarse de una especie introducida, los bovinos afectaban la vegetación nativa, competían con la fauna silvestre y generaban impactos en sectores destinados a la conservación y al uso turístico.

La situación guarda relación con otros conflictos provocados por animales domésticos que se asilvestran y afectan la biodiversidad. Cuando una especie introducida se reproduce libremente en un ecosistema, las autoridades deben evaluar su impacto sobre la flora, la fauna y el funcionamiento del área protegida.

En Los Glaciares, el objetivo institucional era avanzar en la eliminación de los bovinos para reducir esos efectos. Sin embargo, los investigadores advirtieron que la erradicación total podía provocar la desaparición de una población genéticamente singular.

El desafío consistió en separar dos objetivos que no eran incompatibles: retirar los animales de un ambiente donde causaban impactos y, simultáneamente, conservar fuera del parque una representación suficiente de su patrimonio hereditario.

Este enfoque evitó presentar a los bovinos como una especie que debía permanecer indefinidamente dentro del área protegida. Su valor genético no anulaba los daños ambientales, pero justificaba desarrollar un procedimiento de rescate antes de completar su remoción.

El rescate que dio origen a un programa de largo plazo

En 1990, la Universidad Nacional de Lomas de Zamora y la Administración de Parques Nacionales firmaron un convenio para capturar y trasladar ejemplares del rodeo. La universidad asumió la organización y el financiamiento de las campañas.

Las primeras operaciones permitieron rescatar decenas de animales, que se convirtieron en la base del Programa de Recuperación, Conservación y Caracterización del Bovino Criollo Patagónico.

Una parte del rodeo conservado fuera de los sectores más sensibles quedó establecida en la Estancia 9 de Julio, cerca de El Calafate. Otros núcleos reproductivos fueron trasladados a establecimientos de investigación ubicados fuera de Santa Cruz.

El programa incorporó además la crioconservación de semen y embriones. Esta estrategia permitió resguardar material reproductivo y disminuir el riesgo de que una enfermedad, un accidente, una reducción de la población o la pérdida de ejemplares vivos eliminara características genéticas irremplazables.

La conservación mediante bancos de germoplasma es una herramienta de alcance internacional. Al almacenar semen, embriones, tejidos u otros materiales biológicos, los programas científicos pueden proteger diversidad genética y utilizarla posteriormente en estudios, reproducción controlada o recuperación de poblaciones.

Treinta años para demostrar el valor de la adaptación

Durante más de tres décadas, investigadores, docentes y estudiantes estudiaron la genética, la fisiología, la morfología y el desempeño productivo de los animales rescatados.

Los trabajos confirmaron su rusticidad y su capacidad para desenvolverse en ambientes fríos y con baja oferta forrajera. Estas características son especialmente relevantes en un contexto mundial en el que la variabilidad climática obliga a evaluar animales capaces de mantener su producción bajo condiciones ambientales difíciles.

La experiencia del Bovino Criollo Patagónico muestra que las poblaciones aisladas pueden conservar combinaciones genéticas difíciles de recuperar una vez perdidas. Aunque una raza comercial pueda ofrecer rendimientos elevados en condiciones controladas, las poblaciones tradicionales pueden aportar resistencia, fertilidad, tolerancia climática o eficiencia en ambientes marginales.

El análisis de poblaciones que han permanecido aisladas también ayuda a comprender cómo el ambiente modifica la estructura genética a través del tiempo. Estudios realizados en otros lugares han identificado, por ejemplo, poblaciones animales genéticamente diferenciadas después de décadas de aislamiento, lo que refuerza el interés científico de conservar y estudiar estos grupos.

La Universidad Nacional de Lomas de Zamora se convirtió así en una institución de referencia para el estudio y la preservación de recursos zoogenéticos en América Latina. El programa también permitió formar profesionales y demostrar que la conservación genética requiere continuidad, financiación, registros reproductivos y objetivos definidos a largo plazo.

Una experiencia aplicable fuera de Argentina

El aspecto más relevante del proyecto no se limita a la historia regional del ganado de Santa Cruz. El modelo puede orientar iniciativas similares en países donde existen razas locales, poblaciones asilvestradas o animales domésticos tradicionales amenazados por cruzamientos, abandono o sustitución productiva.

La conservación de estos recursos exige identificar las poblaciones, caracterizar su diversidad genética, establecer núcleos reproductivos seguros y evitar niveles de consanguinidad que comprometan su supervivencia.

También requiere distinguir entre la conservación de una población y la permanencia de esa población dentro de un ecosistema donde puede generar daños. En algunos casos, la solución puede ser la conservación fuera de su hábitat actual mediante establecimientos especializados, bancos genéticos y programas de reproducción.

Este equilibrio es especialmente importante en áreas protegidas. La eliminación de especies introducidas puede ser necesaria para recuperar la vegetación y favorecer a la fauna autóctona, pero la intervención debe considerar si la población contiene un valor científico o genético que pueda preservarse de manera responsable fuera del ecosistema.

El proyecto argentino aporta una respuesta práctica a esa tensión: controlar el impacto ecológico sin destruir un recurso hereditario singular. Esta forma de actuación combina conservación ambiental, investigación genética y planificación productiva.

De un rodeo amenazado a una genética reconocida

Los premios obtenidos en Palermo representan la etapa más visible de un proceso que comenzó con animales aislados en una región remota. La relevancia no reside únicamente en haber producido ejemplares competitivos, sino en demostrar que una población considerada cercana a la desaparición podía recuperarse mediante un programa sostenido.

La experiencia también evidencia que detener la pérdida de diversidad biológica requiere acciones concretas, seguimiento y cooperación institucional. Las estrategias para proteger la biodiversidad y conservar poblaciones amenazadas dependen de decisiones tomadas antes de que la erosión genética resulte irreversible.

“La Yoli”, “Estrella”, “Joni” y “Toribio” son descendientes de animales que sobrevivieron durante décadas en los bosques y montañas del Parque Nacional Los Glaciares. Su reconocimiento actual confirma el resultado de una intervención científica iniciada cuando todavía existía la posibilidad de rescatar esa diversidad.

El programa demuestra que la conservación genética no produce resultados inmediatos. Requiere décadas de reproducción controlada, caracterización, registro y evaluación. Sin embargo, cuando se mantiene en el tiempo, puede convertir una población amenazada en una reserva biológica capaz de aportar conocimiento y alternativas para los sistemas ganaderos del futuro.

Fuente(s) referenciales

Ahora Calafate



Mundo Agropecuario
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