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El agua, su exceso o su ausencia, vuelve a dividir el desempeño de las principales regiones agrícolas.
El panorama mundial presenta una marcada coexistencia de sequías, calor intenso, inundaciones y tormentas. Europa occidental y central atraviesa un deterioro de los cultivos de verano y de la oferta de forraje. En China, varias provincias agrícolas padecen episodios de calor y lluvias abundantes que amenazan el maíz, la soja, el algodón y la calidad de las cosechas. En Estados Unidos, la atención se concentra en el llenado final y el inicio de la recolección de maíz y soja, con fuertes diferencias territoriales.
La principal recomendación para la gestión predial es no interpretar una lluvia intensa como recuperación automática. En suelos secos y compactados, gran parte del agua puede escurrir y causar erosión o inundaciones sin reponer adecuadamente el perfil.
El Cono Sur se aproxima a una etapa clave para la planificación de cultivos estivales. La humedad almacenada, las perspectivas de El Niño y la disponibilidad de agua condicionarán fechas de siembra y selección de lotes. En áreas con exceso de humedad conviene preservar estructura y evitar el tránsito prematuro de maquinaria; donde el perfil está incompleto, la estrategia debe priorizar cobertura, control de evaporación y escalonamiento de labores.
En zonas tropicales, lluvias intensas elevan el riesgo de anegamiento, erosión, enfermedades foliares y pérdida de nutrientes. La vigilancia debe combinar pronóstico, observación de campo y revisión de drenajes.
La campaña estadounidense entra en su tramo decisivo. El USDA mantiene seguimiento semanal del estado y avance de maíz, soja, trigo y otros cultivos. Las condiciones cálidas o secas al final del ciclo pueden acelerar la madurez, pero también reducir peso de grano. Por el contrario, lluvias frecuentes cerca de la cosecha pueden favorecer enfermedades y retrasar labores.
Para la ganadería, el calor conserva impacto sobre consumo, conversión, fertilidad y producción lechera. Agua limpia, sombra, ventilación y horarios de manejo continúan siendo medidas prioritarias.
Es la zona con la señal productiva más clara. El Centro Común de Investigación de la Comisión Europea informó que el calor y el déficit de lluvia afectan cultivos de verano en Francia, sur de Alemania, norte y centro de Italia, Austria, Chequia, Eslovaquia, Hungría y oeste de Rumanía. El estrés durante floración y formación del rendimiento redujo fertilidad, acumulación de biomasa y llenado de grano.
También preocupan el agua de riego y los forrajes. Las precipitaciones tormentosas recientes pueden aliviar sectores concretos, pero no compensan necesariamente el déficit acumulado y aumentan el riesgo de escorrentía sobre suelos endurecidos.
China combina altas temperaturas, lluvias abundantes e inundaciones desde mediados de julio. Heilongjiang, Jilin, Liaoning, Henan y Xinjiang figuran entre las áreas bajo observación. El maíz ha sufrido estrés en etapas sensibles; la soja enfrenta exceso de humedad y el algodón, sequía y calor en Xinjiang.
El volumen nacional puede resistir mejor que la calidad, especialmente si una superficie mayor compensa pérdidas de rendimiento. Esto obliga a vigilar no solo toneladas, sino humedad, peso específico y aptitud industrial.
En África, la irregularidad de las lluvias mantiene riesgos para cultivos de secano y ganadería pastoral. Allí donde aparecen excesos, aumentan los problemas de acceso, erosión y enfermedades transmitidas por vectores. En regiones secas, la prioridad sigue siendo proteger agua, pasturas y reservas.
Oceanía vigila la evolución de El Niño por su posible efecto sobre precipitaciones y cultivos invernales. Las decisiones de carga animal y conservación de forraje deberían ajustarse con escenarios conservadores.
Los riesgos dominantes son pérdida de rendimiento por calor, fallas de llenado, menor disponibilidad de forraje, restricciones de riego, erosión por tormentas, incendios y daños de calidad por exceso de humedad. En ganadería se suman estrés térmico, agua insuficiente y mayor presión de vectores.
La lluvia posterior a una sequía prolongada puede causar inundaciones rápidas sin resolver el déficit profundo. La respuesta agronómica debe comprobar la infiltración y la humedad efectiva antes de modificar planes de siembra, fertilización o pastoreo.
La atención seguirá concentrada en la persistencia del calor y la falta de agua en Europa, la evolución de los extremos en China y las condiciones de madurez y cosecha en Norteamérica. Los productores deberían consultar pronósticos locales de corto plazo, revisar drenajes y reservas hídricas, mantener cortafuegos y evitar aplicaciones antes de tormentas intensas. En explotaciones pecuarias, resulta prudente calcular días reales de forraje disponible y definir anticipadamente compras o ajustes de carga.
El trigo lidera la tensión mientras clima, demanda y logística redefinen las posiciones del resto de las materias primas.
Los mercados agrícolas operan bajo una mezcla de riesgo geopolítico, incertidumbre climática y ajustes en la demanda. El trigo incorpora una prima importante por la escalada del conflicto y los problemas logísticos del mar Negro. El maíz estadounidense conserva apoyo por una previsión de rendimiento inferior a la de julio y por exportaciones más firmes. En soja, el mercado observa el resultado final de Estados Unidos y la preparación de la campaña sudamericana.
El índice de precios de los alimentos de la FAO promedió 131,1 puntos en julio de 2026, un aumento mensual del 0,6%. Cereales, azúcar y aceites vegetales subieron, mientras carne y lácteos retrocedieron. Este comportamiento confirma que el promedio general puede ocultar direcciones muy diferentes entre sectores.
Trigo: es el mercado más expuesto a la geopolítica. Rusia y Ucrania son proveedores decisivos y las interrupciones en puertos, terminales y rutas elevan costos de seguro y ejecución. El WASDE de agosto redujo la producción estadounidense y también las exportaciones previstas de Rusia y Ucrania por las perturbaciones logísticas.
Maíz: el USDA redujo el rendimiento de Estados Unidos a 180,7 bushels por acre, aunque una mayor superficie cosechada sostiene el volumen total. La revisión al alza de las exportaciones estrechó las existencias finales previstas y dio soporte al mercado.
La soja sigue condicionada por el resultado productivo estadounidense, la demanda china y las perspectivas de siembra sudamericana. En China, la menor superficie y el exceso de lluvia podrían perjudicar la calidad doméstica, aunque las compras internacionales dependerán también de márgenes de trituración y decisiones comerciales.
Los aceites vegetales aportaron presión alcista al índice de la FAO en julio. Para productores, la relación soja/maíz y el costo de fertilización serán determinantes al definir superficie.
Estados Unidos amplió durante 90 días una cuota de importación de 300.000 toneladas de recortes bovinos magros con arancel reducido. La medida busca moderar el precio de la carne picada en un contexto de existencias ganaderas históricamente bajas, sequía e interrupciones del flujo de ganado mexicano por razones sanitarias.
En porcino y avicultura, el precio de los granos continúa siendo la principal variable de costo. Conviene observar la relación alimento/producto y no únicamente la cotización final de la carne.
Los precios internacionales de los lácteos disminuyeron en julio según la FAO. Sin embargo, el alivio para compradores no se traslada automáticamente a los márgenes de las granjas: calor, energía, alimentación y menor disponibilidad de forraje pueden elevar el costo por litro. Europa requiere especial seguimiento por el impacto de la sequía sobre pasturas y reservas.
El vínculo entre gas natural, producción de nitrogenados y transporte obliga a realizar compras escalonadas. No existe una señal única para todas las regiones: el costo puesto en finca depende de inventarios, puertos, divisas y flete interno. Antes de adelantar compras, conviene comparar precio, financiación, almacenamiento y riesgo de entrega.
El petróleo repercute tanto en labores como en transporte marítimo y terrestre, por lo que movimientos energéticos pueden modificar rápidamente el margen agrícola.
El mar Negro concentra el mayor riesgo inmediato. Una oferta teórica disponible no equivale a mercadería entregable si puertos, buques o seguros enfrentan interrupciones. En Europa, los bajos niveles de agua registrados en grandes ríos durante agosto añaden presión sobre el transporte interior.
China podría elevar importaciones de determinados productos si los daños climáticos reducen calidad o disponibilidad. El sorgo y el algodón estadounidenses ya muestran señales de mayor demanda china.
La volatilidad está migrando desde el volumen agregado hacia la calidad y la logística. Por eso, primas, especificaciones, disponibilidad de transporte y fechas de entrega pueden moverse más que la cotización de referencia.
El trigo continuará reaccionando a cualquier cambio en la seguridad del mar Negro. Maíz y soja seguirán el clima estadounidense, las primeras señales de cosecha y las ventas de exportación. La carne bovina incorporará el efecto y la reacción política a la nueva cuota estadounidense. Para productores, la estrategia prudente es trabajar con ventas parciales, proteger márgenes verificables y mantener flexibilidad ante diferencias de calidad. Para compradores de insumos, resulta preferible escalonar posiciones y confirmar logística en lugar de depender de una única fecha de entrega.
Las políticas comerciales intentan contener precios mientras el clima y los conflictos limitan la oferta efectiva.
La agenda agropecuaria internacional está dominada por tres movimientos: intervención comercial en el mercado bovino estadounidense, presión climática sobre las cosechas de China y Europa, y mayor riesgo para las exportaciones cerealistas del mar Negro. Estas variables afectan precios, contratos, seguros, disponibilidad de alimento animal y decisiones de siembra.
La seguridad alimentaria depende cada vez menos de una cifra global aislada y más de la capacidad de trasladar productos desde regiones excedentarias hacia mercados deficitarios. Calidad, sanidad, infraestructura y reglas comerciales adquieren tanta importancia como el tonelaje producido.
La región llega a la preparación de la campaña estival con oportunidades derivadas de la demanda mundial, pero también con exposición a insumos, fletes y volatilidad cambiaria. Los exportadores de carne observan la ampliación temporal del acceso estadounidense, aunque la ejecución dependerá de habilitaciones sanitarias, cupos y condiciones comerciales.
En granos, la evolución del clima sudamericano será fundamental para determinar si la región puede compensar problemas productivos o logísticos en otros proveedores.
La proclamación estadounidense sobre carne bovina habilita desde el 1 de septiembre una cuota adicional de recortes magros con menor arancel durante 90 días. La Casa Blanca busca reducir el precio al consumidor, pero organizaciones de productores advierten que la medida puede presionar al ganadero local.
En cultivos, el USDA redujo su estimación de rendimiento del maíz, elevó exportaciones y ajustó existencias. Las decisiones comerciales estadounidenses también estarán condicionadas por la demanda china.
La política agrícola europea enfrenta el desafío inmediato de responder a la sequía y al calor. La Comisión Europea confirmó daños en cultivos estivales y forrajes de numerosas regiones. Esto puede aumentar solicitudes de flexibilidad regulatoria, apoyo de emergencia y medidas para mejorar almacenamiento y acceso al agua.
Al mismo tiempo, el conflicto entre Rusia y Ucrania vuelve a amenazar puertos, terminales y buques, elevando la incertidumbre cerealista mundial.
China constituye la principal incógnita comercial. La combinación de inundaciones y calor amenaza cultivos estratégicos. Una eventual reducción de calidad puede impulsar compras externas incluso si el volumen total no cae de manera drástica.
La composición de esas importaciones dependerá de precios, relaciones comerciales y necesidades de la industria. Sorgo y algodón estadounidenses ya registran una recuperación de la demanda china.
África continúa expuesta a precios internacionales, conflictos, enfermedades pecuarias y variabilidad de lluvias. La mejora de sistemas de alerta y sanidad animal resulta esencial para evitar que una contingencia local se transforme en una restricción comercial.
Oceanía observa la evolución de El Niño y sus posibles efectos sobre cereales y ganadería. Australia conserva relevancia como proveedor alternativo cuando otras rutas comerciales sufren interrupciones.
La medida bovina de Estados Unidos muestra cómo la inflación alimentaria puede modificar temporalmente la política arancelaria. En Europa, la escasez de agua refuerza el debate sobre embalses, licencias de extracción, seguros y adaptación agrícola. Las autoridades deberán equilibrar abastecimiento, protección del productor y sostenibilidad del recurso.
Las disrupciones del mar Negro vuelven a plantear riesgos para países importadores de trigo. Diversificar proveedores, mejorar inventarios y evitar restricciones comerciales inesperadas son medidas clave. Las enfermedades transfronterizas siguen condicionando el movimiento de animales y productos pecuarios.
La innovación con impacto inmediato no es únicamente digital. Riego por goteo, almacenamiento de agua, cubiertas protectoras, manejo de suelos y reservas forrajeras permitieron a productores británicos de berries sostener una cosecha superior pese a un verano extremadamente cálido. La lección es invertir en resiliencia antes de la emergencia.
Los gobiernos están interviniendo con mayor rapidez cuando el clima, la sanidad o los conflictos se trasladan a los precios de los alimentos. Esta reacción puede abrir oportunidades comerciales, pero también cambiar aranceles, cuotas y requisitos con poca anticipación. Productores y exportadores necesitan seguir tanto el mercado físico como la política pública.
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