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Octubre comienza con una señal climática global dominada por el fortalecimiento de El Niño. Su impacto, sin embargo, no es uniforme: algunas regiones afrontan déficits de humedad y otras episodios de lluvia capaces de favorecer siembras pero también complicar cosechas. Para el agro, la principal variable durante las próximas semanas será la distribución espacial y temporal de las precipitaciones.
Brasil: las lluvias de septiembre ayudaron al inicio de la siembra de soja, maíz y arroz de la campaña 2026/27 en distintas áreas. Conab advierte al mismo tiempo que los mayores acumulados perjudicaron cultivos de invierno, especialmente trigo. Esto genera un escenario dual: humedad favorable para nuevas implantaciones y riesgo de deterioro de calidad o interrupciones de cosecha donde las precipitaciones son excesivas.
El Cemaden mantiene además vigilancia sobre sequía agrícola en zonas de agricultura familiar. La coincidencia entre déficit hídrico y etapas sensibles de maíz o frijol puede traducirse en retrasos de siembra o pérdidas de rendimiento.
En el resto de Sudamérica, la evolución de El Niño exige especial seguimiento de humedad del suelo y lluvias antes de acelerar las siembras de primavera-verano.
Estados Unidos atraviesa la transición entre madurez y cosecha de los principales cultivos estivales. Al 28 de septiembre, la cosecha de maíz se situaba alrededor del 18% y la de soja en 19%, de acuerdo con los últimos datos disponibles del USDA. El nuevo informe semanal está programado para este 5 de octubre.
Las condiciones secas en algunas zonas también han adquirido relevancia para el establecimiento del trigo de invierno. La falta de humedad adecuada durante la implantación puede afectar emergencia y desarrollo inicial, por lo que las lluvias de octubre serán observadas con especial atención.
El continente entra en la fase otoñal con necesidades distintas según cultivo y región. Para cereales de invierno, una humedad suficiente facilita labores de preparación y emergencia; en áreas donde continúa la recolección, episodios persistentes de lluvia pueden reducir ventanas de trabajo y afectar calidad. La volatilidad climática cobra mayor importancia porque coincide con un mercado internacional del trigo más firme.
El Niño vuelve a introducir incertidumbre en zonas agrícolas asiáticas particularmente sensibles a modificaciones del régimen de lluvias. Arroz, palma aceitera, azúcar y otros cultivos tropicales merecen seguimiento durante el trimestre. En el mercado del azúcar ya existe preocupación por las condiciones productivas en importantes países asiáticos, una señal de cómo el riesgo meteorológico comienza a trasladarse a precios.
Australia presenta un escenario heterogéneo. El Departamento de Agricultura australiano señala que El Niño continúa fortaleciéndose, pero la perspectiva octubre-diciembre no implica sequedad generalizada. Se esperan probabilidades superiores de lluvias en buena parte del oeste y centro del país, mientras algunas áreas del sureste y el extremo norte pueden registrar precipitaciones inferiores a lo habitual.
Las lluvias previstas podrían mantener el potencial de cultivos de invierno donde las reservas de humedad son adecuadas y favorecer pasturas; en zonas de Queensland y noreste de Nueva Gales del Sur podrían beneficiar la implantación de cultivos estivales.
• déficit de humedad durante siembras;
• exceso de lluvia sobre trigo y cultivos próximos a cosecha;
• alteraciones regionales asociadas a El Niño;
• estrés de pasturas donde persista la sequedad;
• retrasos de labores por saturación de suelos;
• mayor volatilidad de rendimientos y precios.
El Niño es la variable central del trimestre. Su efecto debe interpretarse regionalmente. Para productores y técnicos, las decisiones de siembra, riego, fertilización y manejo deberían apoyarse en humedad real del suelo y pronósticos locales, evitando extrapolar una señal climática mundial directamente a cada explotación.
El foco inmediato estará en la evolución de las lluvias sudamericanas durante la implantación de cultivos estivales, las ventanas de cosecha norteamericanas y la humedad disponible para cereales de invierno del hemisferio norte. La recomendación práctica es seguir pronósticos de corto plazo y reservas de agua en suelo, porque durante esta transición estacional pequeñas diferencias en fecha y distribución de las lluvias pueden tener efectos importantes sobre labores y establecimiento de cultivos.
El mercado agropecuario mundial inicia octubre con una señal inequívoca: los precios de los productos vegetales vuelven a ganar presión. El índice FAO de alimentos alcanzó 136,0 puntos en septiembre, un aumento mensual de 1,5% y anual de 5,8%. Cereales, azúcar y aceites vegetales subieron, mientras carne retrocedió y lácteos permanecieron prácticamente estables.
El índice FAO de cereales alcanzó 122,8 puntos, 5,1% más que en agosto y 17,2% por encima del mismo mes de 2025. El trigo fue uno de los protagonistas: sus precios internacionales aumentaron 6,3% mensual, hasta niveles no observados desde 2023, ante dificultades logísticas del mar Negro y preocupación por condiciones secas en zonas norteamericanas.
En maíz aparece una lectura más compleja. Estados Unidos reportó 2.100 millones de bushels de existencias de la cosecha anterior al 1 de septiembre, 35% más que un año antes. Esa disponibilidad constituye un amortiguador, aunque el mercado continúa expuesto al comercio internacional, energía y clima.
Las existencias estadounidenses de soja quedaron 3% por debajo de un año atrás. Al mismo tiempo, la Unión Europea incrementó durante 2026 sus importaciones procedentes de Brasil, impulsadas principalmente por mayores volúmenes de soja. El mercado seguirá observando el ritmo de la nueva campaña sudamericana y la relación comercial entre Estados Unidos y China.
Los precios internacionales de la carne registraron una corrección durante septiembre, pero el costo de alimentación animal vuelve a convertirse en un elemento de atención debido al encarecimiento de los cereales. Para explotaciones intensivas, especialmente avícolas y porcinas, cualquier prolongación del movimiento alcista de maíz y trigo puede presionar márgenes.
La señal internacional fue mucho más estable: el componente lácteo del índice FAO prácticamente no cambió en septiembre. La evolución futura dependerá de producción estacional, demanda importadora, costos de alimentación y condiciones de las pasturas.
El mercado continúa expuesto al costo de energía y a las rutas internacionales de suministro. Países altamente dependientes de importaciones —Brasil entre ellos— presentan especial sensibilidad ante alteraciones logísticas o energéticas. Para el productor, la planificación anticipada de compras continúa siendo una herramienta importante de gestión de riesgo.
La FAO identifica las perturbaciones del transporte entre las causas de la subida reciente de precios. La combinación de tensiones en rutas del mar Negro y riesgos en corredores energéticos puede trasladarse simultáneamente a fletes, fertilizantes, combustibles y materias primas agrícolas.
El USDA informó el 2 de octubre ventas privadas de 218.600 toneladas de maíz estadounidense a México distribuidas entre las campañas 2026/27, 2027/28 y 2028/29. Días antes se habían registrado ventas de soja a destinos desconocidos y a China.
En Europa, el comercio agroalimentario acumuló entre enero y julio un superávit de €30.100 millones. Las exportaciones sumaron €138.700 millones y las importaciones €108.600 millones.
La abundancia física de determinados granos ya no basta para garantizar precios tranquilos. El mercado está incorporando nuevamente primas por logística, clima y energía. Esto explica por qué existencias relativamente holgadas pueden coexistir con subidas importantes en índices internacionales.
Los operadores seguirán especialmente el avance de la cosecha estadounidense, la implantación de soja y maíz en Sudamérica, las rutas exportadoras del mar Negro y la evolución de El Niño. Para productores, conviene observar conjuntamente precio de venta y costo de reposición de insumos: la volatilidad puede abrir oportunidades comerciales pero también aumentar rápidamente los costos.
La agenda internacional agrícola entra en octubre marcada por tres fuerzas: aumento de precios alimentarios, creciente exposición del comercio a problemas logísticos y transición de campañas agrícolas entre hemisferios. Al mismo tiempo, los gobiernos buscan diversificar mercados y proteger cadenas estratégicas de alimentos e insumos.
Brasil concentra la atención por el comienzo de la campaña 2026/27. Las lluvias han permitido avanzar con soja, maíz y arroz en diversas regiones, mientras el exceso de humedad afecta trigo en determinadas áreas. La importancia de Brasil para soja, maíz, carnes y azúcar convierte cada modificación climática de su campaña en una variable global.
La Unión Europea, además, registró un aumento de €528 millones en sus importaciones agroalimentarias procedentes de Brasil durante enero-julio, principalmente por mayores volúmenes de soja.
Estados Unidos combina cosecha, grandes existencias de maíz y una activa agenda exportadora. El USDA informó recientemente nuevas ventas de maíz a México y soja a China y otros destinos. Paralelamente, las negociaciones comerciales entre Washington y Pekín continúan siendo relevantes para productos agrícolas, aunque la soja sigue siendo uno de los puntos especialmente sensibles.
La Unión Europea mantiene una posición comercial agroalimentaria sólida. Entre enero y julio de 2026 registró un superávit de €30.100 millones, €2.900 millones superior al del mismo período de 2025. Las exportaciones alcanzaron €138.700 millones y las importaciones €108.600 millones.
Destacó el aumento de las exportaciones europeas hacia Egipto, impulsadas principalmente por trigo, mientras disminuyeron las importaciones comunitarias de cereales en términos de valor.
China continúa siendo determinante para los flujos internacionales de soja, carnes, cereales y otros alimentos. Las conversaciones comerciales con Estados Unidos introducen posibilidades de mejora en determinados productos, pero el mercado mantiene cautela sobre alcance, calendario y productos finalmente cubiertos.
En Asia meridional, el mercado del azúcar sigue bajo observación ante problemas productivos y medidas comerciales destinadas a estabilizar el abastecimiento interno.
Los países importadores africanos permanecen especialmente expuestos a un escenario de alimentos, energía y transporte más caros. La FAO advierte que una prolongación de estas presiones puede trasladarse a las facturas alimentarias, particularmente en economías dependientes de importaciones.
Australia, por su parte, entra en una fase crítica para cultivos de invierno y preparación de cultivos estivales bajo un El Niño fortalecido, aunque las perspectivas de precipitación presentan importantes diferencias regionales.
La política agrícola internacional está cada vez más conectada con seguridad alimentaria y resiliencia de cadenas de suministro. Vietnam ha incorporado nuevas medidas económicas vinculadas, entre otros aspectos, al apoyo del seguro agrícola. En Europa continúa el debate sobre competitividad, comercio y estructura futura de las ayudas agrícolas.
El encarecimiento de los cereales vuelve a demostrar la importancia de los corredores logísticos. El mar Negro continúa siendo una referencia crítica: cualquier reducción de capacidad exportadora modifica destinos de compra, primas de transporte y competitividad entre proveedores.
La innovación aplicada al agro se está concentrando en soluciones directamente relacionadas con productividad: manejo eficiente del agua, sanidad, almacenamiento, maquinaria, reducción de pérdidas y mejora de sistemas de alimentación animal. Las próximas ferias agrícolas de Riad y Kazajistán servirán como escaparate para parte de estas soluciones.
La seguridad logística vuelve a convertirse en política agrícola. Ya no basta con producir grandes cosechas: puertos, rutas marítimas, energía, almacenamiento y capacidad de transporte determinan cuánto producto llega realmente al mercado y a qué precio.
