Un estudio realizado en Cataluña identifica a la sófora ornamental como un recurso clave para la abeja gigante de la resina y plantea revisar la selección de especies vegetales en parques, calles y jardines urbanos
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
La presencia masiva de determinados árboles ornamentales exóticos en las ciudades puede favorecer la expansión de especies invasoras que encuentran en esas plantas alimento y condiciones adecuadas para establecerse. Una investigación centrada en Cataluña, España, ha identificado una estrecha relación entre la sófora o falsa acacia del Japón (Styphnolobium japonicum) y la expansión de la abeja gigante de la resina (Megachile sculpturalis), originaria de Asia.
El trabajo, publicado en la revista científica Oikos y desarrollado por investigadores vinculados a la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y otras instituciones, analizó conjuntamente la distribución de ambas especies. Los resultados indican que la disponibilidad de la sófora fue al menos tan importante como la idoneidad climática para explicar dónde aparece esta abeja invasora.
Una abeja asiática que encontró condiciones favorables en Europa
Megachile sculpturalis es una abeja solitaria de gran tamaño que puede alcanzar aproximadamente dos centímetros de longitud. A diferencia de las abejas sociales, no organiza colonias con una reina y obreras: las hembras se reproducen y establecen sus propios nidos.
La especie es originaria de Asia oriental y fue observada por primera vez fuera de su área nativa en Estados Unidos en 1994. Su primer registro europeo se produjo en Francia en 2008 y posteriormente amplió rápidamente su distribución por el continente. En la península ibérica fue detectada por primera vez en 2018, en diferentes localidades de Cataluña.
Su comportamiento solitario es relevante para comprender su ecología. Muchas abejas silvestres tampoco forman las conocidas colmenas de la abeja melífera y utilizan cavidades, madera, tallos o el suelo para reproducirse. Esta diversidad de estrategias puede observarse también entre las abejas silvestres que utilizan jardines y otros espacios verdes.
La abeja gigante de la resina permanece activa principalmente durante el verano. Para construir sus nidos utiliza resina y aprovecha cavidades preexistentes, incluidas las existentes en madera. Fuera de su región de origen aparece especialmente asociada a ambientes urbanos, donde su nidificación puede producir molestias en infraestructuras públicas, jardines privados y árboles.
La sófora proporciona un recurso floral decisivo
La investigación señala a Styphnolobium japonicum como uno de los factores que ayudan a explicar este patrón urbano. Se trata de un árbol caducifolio originario de China que ha sido plantado extensamente como ornamental en numerosas ciudades.
Su floración en el hemisferio norte ocurre principalmente durante julio y agosto, coincidiendo con el período de actividad de Megachile sculpturalis. En Barcelona existen alrededor de 11.000 ejemplares de sófora y en Viladecans aproximadamente 1.000, de acuerdo con los datos divulgados por la UAB.
Los análisis realizados en diferentes regiones europeas han señalado a la sófora como una fuente particularmente importante de polen para esta abeja fuera de su distribución natural. La coincidencia temporal entre la floración del árbol y la actividad del insecto crea una oferta alimentaria concentrada durante el verano.
La importancia de la composición vegetal para las poblaciones de abejas no se limita a las especies invasoras. Investigaciones sobre la relación entre diversidad floral y comunidades de abejas silvestres han mostrado que la disponibilidad y variedad de flores condicionan qué polinizadores pueden aprovechar un determinado paisaje.
Más de 21.000 registros de árboles y 150 observaciones de la abeja
Para estudiar la relación entre las dos especies, los investigadores reunieron 150 registros de Megachile sculpturalis y 21.383 registros de Styphnolobium japonicum dentro del área analizada en Cataluña. La información procedió de diferentes bases de datos, literatura científica, administraciones municipales y especialistas.
El equipo construyó modelos para comparar la influencia de tres elementos: la idoneidad climática, la disponibilidad de sóforas y la posición geográfica. El objetivo era determinar hasta qué punto la presencia del árbol podía ayudar a explicar la distribución actual de la abeja.
Los resultados respaldan lo que en ecología se conoce como un proceso de facilitación entre especies no nativas: una especie introducida puede proporcionar recursos que ayudan a otra especie introducida a establecerse o expandirse. En este caso, la disponibilidad de la sófora resultó al menos tan importante como las condiciones climáticas para explicar la distribución de la abeja.
Los modelos mostraron además una tendencia según la cual la influencia de unas condiciones climáticas adecuadas estaba condicionada por la presencia del árbol. Los investigadores señalan que la sófora podría estar facilitando especialmente el avance de la abeja en el frente occidental de su expansión en Cataluña.
Plantas y polinizadores pueden modificar conjuntamente una invasión
El estudio pone el foco en una dimensión que puede pasar inadvertida cuando se evalúan especies exóticas: las interacciones entre organismos introducidos. Una planta que por sí misma no genere inicialmente un problema importante puede proporcionar alimento, refugio u otros recursos a animales también introducidos y modificar así las posibilidades de establecimiento de estos últimos.
La relación entre las plantas y sus visitantes florales es especialmente estrecha en los sistemas de polinización. Las características de las flores, su abundancia y su distribución espacial pueden determinar qué insectos encuentran recursos suficientes para mantenerse en un territorio. Estas interacciones forman parte de la compleja adaptación entre las flores y sus diferentes grupos de polinizadores.
En el caso estudiado, la sófora y la abeja proceden de una misma gran región biogeográfica asiática y vuelven a coincidir en ciudades europeas después de haber sido introducidas por vías diferentes. Los autores consideran que esta asociación ayuda a explicar por qué la abeja encuentra condiciones especialmente favorables en determinados paisajes urbanos.
La expansión plantea interrogantes sobre las abejas nativas
La clasificación de Megachile sculpturalis como especie invasora no significa que todos sus posibles efectos ecológicos estén cuantificados. El propio estudio señala que la evidencia disponible sobre sus impactos negativos todavía es preliminar, por lo que resulta necesario diferenciar su expansión documentada de consecuencias ecológicas que aún requieren investigación.
La cuestión adquiere especial interés por la importancia de las comunidades de polinizadores autóctonos. Las abejas silvestres participan en la reproducción de numerosas plantas y cultivos y pueden presentar requerimientos ecológicos muy diferentes. En España, por ejemplo, un inventario reciente identificó 385 especies de abejas silvestres en el Espacio Natural de Doñana, una muestra de la diversidad que puede existir dentro de este grupo de insectos.
Determinar cómo interactúa una abeja introducida con esa diversidad requiere estudiar aspectos como la utilización de recursos florales, la competencia por lugares de nidificación y la evolución de su distribución. Los investigadores advierten precisamente sobre la necesidad de incorporar las relaciones entre plantas y animales a los modelos empleados para anticipar invasiones biológicas.
El arbolado urbano entra en la gestión de las invasiones biológicas
Las conclusiones tienen implicaciones para la planificación de parques, calles y jardines. Durante décadas, numerosas ciudades han recurrido a especies ornamentales procedentes de otras regiones por sus características estéticas, su sombra, resistencia o adaptación al ambiente urbano. El estudio muestra que la elección de esas plantas también puede modificar las relaciones ecológicas existentes.
Los investigadores proponen considerar la eliminación de vegetación invasora o de especies capaces de favorecer otras invasiones y dar mayor prioridad a plantas autóctonas cuando se diseñen actuaciones de restauración urbana. La recomendación cobra importancia ante los objetivos europeos de aumentar las zonas verdes y la cobertura vegetal de las ciudades.
La selección vegetal no implica simplemente sustituir cualquier árbol exótico por uno autóctono, sino evaluar las funciones ecológicas de las especies utilizadas y sus interacciones con otros organismos. La conservación de la diversidad biológica resulta igualmente relevante en los espacios productivos, donde la biodiversidad contribuye al funcionamiento de los sistemas agropecuarios mediante procesos como la polinización y otras relaciones ecológicas.
El caso de la abeja gigante de la resina evidencia así que la gestión del arbolado ornamental puede tener consecuencias que trascienden el paisaje urbano. Conocer qué recursos permiten prosperar a una especie introducida puede ayudar a diseñar estrategias de prevención y manejo antes de que su distribución continúe ampliándose.
Fuentes referenciales:
La Vanguardia
Universidad Autónoma de Barcelona
Oikos


