Un estudio del National Bureau of Economic Research muestra que vigilar a tiempo la langosta del desierto reduce daños agrícolas, protege la nutrición infantil y evita crisis regionales de seguridad alimentaria
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La langosta del desierto sigue siendo una de las plagas agrícolas más destructivas del planeta. Cuando los enjambres se forman y avanzan sobre cultivos y pastizales, el daño no se limita a una cosecha perdida: puede afectar alimentos, ingresos rurales, nutrición infantil y estabilidad económica en regiones enteras de África, Medio Oriente y Asia del Sur.
Un nuevo estudio publicado por el National Bureau of Economic Research, como parte de su serie de documentos de trabajo, analizó uno de los sistemas de advertencia de desastres más antiguos del mundo: el monitoreo de la langosta del desierto. El resultado es contundente. La vigilancia temprana limita daños y puede generar retornos de hasta 680 veces la inversión realizada.
La investigación fue difundida por la Toulouse School of Economics y se apoya en tres décadas de datos. Su objetivo fue medir cuánto valor económico y social tienen los sistemas de alerta temprana cuando logran impedir que un riesgo natural se transforme en desastre. En el caso de la langosta, el desafío es evidente: cuando el monitoreo funciona, los enjambres se controlan antes de causar daños visibles, y precisamente por eso sus beneficios suelen quedar subestimados.
Cuando el monitoreo falla, la plaga crece
Los autores encontraron una forma de medir ese beneficio observando qué ocurre cuando la vigilancia se interrumpe. Las guerras y conflictos armados pueden impedir que los equipos de campo inspeccionen zonas de cría, registren señales tempranas y activen respuestas de control. Cuando esa interrupción coincide con condiciones favorables para la reproducción, como lluvias abundantes, los enjambres tienen más probabilidades de desarrollarse.
La combinación de menor vigilancia y buen clima para la reproducción de la langosta puede convertir un problema localizado en una crisis transfronteriza. Las langostas no respetan límites administrativos: se desplazan, cruzan países y consumen cultivos y pasturas lejos del lugar donde comenzó la falta de monitoreo.
La experiencia reciente confirma que el vínculo entre clima, lluvias y plagas migratorias es crítico. Estudios previos ya habían advertido que el clima errático puede empeorar los brotes de langostas, especialmente cuando los cambios en viento y precipitación crean condiciones más favorables para su reproducción y desplazamiento.
Una plaga que consume comida equivalente a cientos de miles de personas
Eyal Frank, profesor asistente de la Harris School of Public Policy de la Universidad de Chicago y coautor del estudio, explicó que cuando los enjambres se desarrollan destruyen cultivos y pastizales a su paso. Su consumo diario puede equivaler al alimento de unas 625.000 personas, una cifra que ilustra por qué esta plaga representa una amenaza directa para la seguridad alimentaria.
El daño agrícola no se limita a la pérdida inmediata de producción. Cuando faltan cultivos y pastos, caen los ingresos rurales, aumentan las tensiones sobre los mercados locales y se reduce la disponibilidad de alimentos para los hogares. En regiones vulnerables, ese impacto se traslada rápidamente a la nutrición infantil.
El estudio halló que los niños expuestos a enjambres de langostas antes de nacer tienen un 18 % más de probabilidad de sufrir retraso en el crecimiento. También se observó un mayor riesgo de morir antes de los cinco años. Esta dimensión sanitaria muestra que una plaga agrícola puede convertirse en una emergencia humana cuando la prevención falla.
Yemen 2019: una falla local con consecuencias regionales
El brote de 2019 ofrece un ejemplo concreto. La guerra civil en Yemen generó vacíos en los reportes de langostas, lo que permitió que los enjambres se desarrollaran, migraran y arrasaran cultivos. El estudio estima que unas 445.000 niñas y niños adicionales sufrieron retraso en el crecimiento debido a fallas en el monitoreo, y el 83 % de los menores afectados vivía en países vecinos.
Este dato es central para la agricultura internacional: una interrupción local del sistema de alerta puede terminar afectando a comunidades rurales situadas fuera del territorio donde comenzó el problema. La langosta del desierto es una plaga migratoria transfronteriza, y su control depende de vigilancia coordinada, intercambio de información y respuesta rápida.
Por eso, el monitoreo no debe verse como un gasto aislado, sino como parte de una política de protección agrícola regional. La cooperación internacional frente a plagas transfronterizas se vuelve cada vez más importante cuando las amenazas se desplazan entre países y afectan cadenas alimentarias compartidas.
Hasta 680 dólares de retorno por cada dólar invertido
La investigación estimó que el aumento del retraso en el crecimiento infantil tiene consecuencias económicas de largo plazo. Una mayor proporción de población con retraso en el crecimiento reduce la productividad y puede disminuir el producto interno bruto de un país en unos 25.000 millones de dólares por año.
Frente a ese costo, el mantenimiento del sistema de monitoreo resulta relativamente modesto. El estudio calcula que sostenerlo cuesta entre 37 y 77 millones de dólares al año. Con base en los beneficios vinculados únicamente a la mejora de la nutrición infantil, cada dólar invertido puede devolver entre 160 y 680 dólares. A eso se sumarían beneficios agrícolas y económicos adicionales no incluidos en esa estimación principal.
La cifra cambia la forma de mirar la prevención. El monitoreo puede parecer caro mientras no ocurre una crisis, pero su ausencia resulta mucho más costosa cuando la plaga se multiplica. En agricultura, detectar temprano suele ser más barato que reparar tarde, una lógica que también se aplica al manejo sostenible de plagas y a la reducción de pérdidas productivas.
Datos, aprendizaje automático y rutas migratorias
Para reconstruir cómo una falla en la vigilancia puede terminar afectando a poblaciones lejanas, los autores utilizaron métodos de aprendizaje automático. Con esas herramientas construyeron rutas migratorias de enjambres que conectan conflictos armados y lluvias en áreas de reproducción con brotes sufridos por poblaciones humanas en otros lugares.
Esta aproximación permite observar una cadena de impacto: conflicto, interrupción de reportes, condiciones climáticas favorables, formación de enjambres, migración, daños agrícolas y consecuencias nutricionales. La plaga aparece así como un fenómeno biológico, climático, económico y político al mismo tiempo.
El uso de datos también revela una oportunidad para el sector agropecuario. Las herramientas digitales pueden ayudar a detectar señales tempranas, mapear riesgos y decidir dónde intervenir antes de que el daño sea irreversible. En distintos cultivos, el avance del monitoreo de cultivos con IoT e inteligencia artificial apunta en esa misma dirección: anticipar problemas y reducir pérdidas.
El cambio climático aumenta la necesidad de vigilancia
El estudio advierte que los brotes de langostas son un ejemplo del tipo de desastre que podría volverse más frecuente o más difícil de controlar con el cambio climático. La variabilidad de lluvias, vientos y temperaturas puede alterar zonas de reproducción, favorecer desplazamientos y multiplicar condiciones propicias para brotes.
En ese escenario, los sistemas de alerta temprana no son solo herramientas técnicas. Funcionan como infraestructura de adaptación. Su valor depende de la continuidad de los datos, la presencia de personal en campo, la cooperación entre países y la capacidad de actuar antes de que los enjambres alcancen cultivos y pastizales.
La vigilancia preventiva también exige financiamiento estable. Si los recursos aparecen solo cuando el desastre ya ocurrió, la respuesta llega tarde. Para una plaga como la langosta del desierto, el margen de tiempo importa: detectar focos pequeños puede evitar enjambres capaces de devastar regiones enteras.
Prevención agrícola con impacto social
La lectura final del estudio es clara para la política agropecuaria: la prevención no solo protege cultivos, también protege infancia, productividad futura y seguridad alimentaria. Mantener un sistema de monitoreo activo puede parecer una inversión invisible porque su éxito consiste en evitar que el desastre ocurra.
El caso de la langosta del desierto muestra que los sistemas de alerta temprana deben considerarse parte esencial de la gestión agrícola moderna. Cuando funcionan, reducen pérdidas en el campo; cuando fallan, el impacto puede viajar por encima de fronteras, mercados y generaciones. La vigilancia constante, el financiamiento preventivo y la coordinación internacional son tan importantes como cualquier respuesta de emergencia una vez que el enjambre ya está formado.
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