Argentina exportó casi 94.000 toneladas de alfalfa y derivados en el primer trimestre de 2026, con Brasil y Medio Oriente entre los mercados compradores.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
La alfalfa argentina volvió a ganar protagonismo en el comercio agropecuario internacional. Durante el primer trimestre de 2026, las exportaciones de alfalfa y sus derivados alcanzaron las 93.974 toneladas, una cifra que representa un crecimiento del 92% frente al mismo período de 2025, cuando se habían exportado 48.773 toneladas.
El dato, difundido por la Secretaría de Agricultura de Argentina y publicado por LA NACION, confirma una tendencia de expansión que ya acumula tres años consecutivos. La mejora no solo se observa en el volumen colocado en el exterior, sino también en la proyección económica: para el cierre de 2026 se estiman exportaciones superiores a 190.000 toneladas y un ingreso de divisas por encima de los US$75 millones FOB.
Un cultivo forrajero con peso ganadero
La alfalfa ocupa un lugar central en los sistemas de alimentación animal, especialmente en la ganadería y en los tambos. Su valor está asociado a la producción de forraje de calidad, a su aporte nutricional y a su utilidad dentro de esquemas productivos donde la eficiencia alimentaria es clave para carne y leche.
En Argentina, la superficie sembrada con alfalfa se estima cerca de las 3 millones de hectáreas, incluyendo tanto la producción destinada al consumo interno como aquella orientada al comercio exterior. El principal polo productivo se ubica en el sur de Córdoba, con alrededor de 600.000 hectáreas, aunque también hay producción relevante en Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa, Neuquén, Mendoza y Santiago del Estero.
Este crecimiento exportador se apoya en una base productiva consolidada y en una demanda internacional que busca forrajes de calidad. En ese contexto, el mercado interno continúa siendo el principal destino de la alfalfa argentina, pero las ventas externas están ganando espacio de manera sostenida.
Brasil y Medio Oriente impulsan la demanda
Brasil y otros países limítrofes aparecen entre los compradores naturales de la alfalfa argentina, favorecidos por la cercanía geográfica y por menores costos logísticos. Esa ventaja regional permite que el producto forrajero argentino encuentre salida en mercados donde la demanda ganadera requiere abastecimiento constante.
La expansión hacia Medio Oriente agrega otro componente estratégico. Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos figuran entre los destinos de mayor exigencia y demanda forrajera, lo que muestra una oportunidad para posicionar a la Argentina en cadenas internacionales de alimentación animal.
Para el sector agropecuario argentino, esta apertura comercial es relevante porque permite diversificar exportaciones más allá de los granos tradicionales. En una economía agrícola muy vinculada a soja, maíz y trigo, el crecimiento de la alfalfa ofrece una señal de especialización productiva con valor en los sistemas ganaderos globales.
Más volumen y mejor proyección comercial
Durante 2025, Argentina exportó 167.311 toneladas de alfalfa y derivados. De ese total, 22.983 toneladas correspondieron a harina y pellets, mientras que 144.328 toneladas fueron productos forrajeros. Ese desempeño ya había significado una mejora del 28% frente a 2024.
El salto registrado en el primer trimestre de 2026 refuerza la expectativa de un año comercial más dinámico. Si la tendencia se sostiene, la alfalfa podría cerrar el año con un volumen superior al de 2025 y con un ingreso de divisas importante para una cadena que combina producción primaria, procesamiento y logística exportadora.
La evolución también se conecta con el interés global por sistemas de alimentación animal más eficientes. La calidad del forraje, la estabilidad de suministro y la capacidad de cumplir estándares externos son elementos decisivos para ingresar en mercados compradores más exigentes.
Valor agronómico y mejora del suelo
Además de su importancia comercial, la alfalfa tiene un papel agronómico destacado. Al ser un cultivo perenne, contribuye a mejorar la estructura del suelo mediante su sistema radicular profundo y su capacidad para fijar nitrógeno, una característica propia de las leguminosas.
Este aporte la vincula directamente con prácticas de manejo que buscan mayor eficiencia productiva y mejor uso de los recursos. En sistemas ganaderos y mixtos, la alfalfa puede integrarse a rotaciones y esquemas forrajeros que ayudan a sostener la productividad sin depender únicamente de insumos externos.
La experiencia argentina también se complementa con avances técnicos sobre el manejo del cultivo. En Mundo Agropecuario se ha abordado cómo el INTA evaluó estrategias de manejo para mejorar la alfalfa argentina, especialmente en regiones donde el agua y la fertilización condicionan el rendimiento.
Tecnología y calidad de implantación
La productividad de la alfalfa depende en buena medida de una correcta implantación. En ese punto, la agricultura digital también comienza a ocupar un lugar relevante. Un equipo del INTA Córdoba desarrolló herramientas con drones para medir cobertura y calidad de siembra, una línea de trabajo que permite mejorar decisiones tempranas en el cultivo.
Ese tipo de innovación es clave porque la siembra define gran parte del potencial productivo del forraje. La aplicación de tecnologías de monitoreo puede ayudar a corregir fallas, mejorar la uniformidad del lote y aumentar la eficiencia del sistema. Mundo Agropecuario ya explicó este avance en el artículo sobre drones para cuantificar la calidad de siembra de alfalfa.
El crecimiento exportador, por lo tanto, no depende solamente de la demanda externa. También requiere una base técnica capaz de sostener volumen, calidad y regularidad. La combinación entre manejo agronómico, genética, tecnología y logística será determinante para consolidar el lugar de la alfalfa argentina en el mercado internacional.
Una cadena con potencial de diversificación
El Instituto Nacional de Semillas registra 476 variedades de alfalfa inscriptas en el Registro Nacional de Cultivares de Argentina. Esa amplitud varietal muestra la importancia del cultivo dentro del sistema productivo nacional y abre margen para adaptar materiales a distintas regiones, condiciones climáticas y necesidades ganaderas.
La alfalfa también forma parte de una discusión más amplia sobre leguminosas, fertilidad y sostenibilidad. Su capacidad de fijar nitrógeno la conecta con procesos biológicos relevantes para el suelo, tema abordado en Mundo Agropecuario al explicar el papel de los microbios en el ciclo del nitrógeno del suelo.
En paralelo, otros contenidos sobre bacterias asociadas a leguminosas ayudan a comprender por qué cultivos como soja, alfalfa, arvejas, frijoles y maní tienen importancia estratégica dentro de sistemas agrícolas que buscan eficiencia nutricional y menor dependencia de fertilizantes sintéticos.
Fuente(s) referenciales
LA NACION: Tiene grandes compradores: ya se exportaron casi 94.000 toneladas de un codiciado cultivo
