Agricultura

El barbecho pierde hasta 409 milímetros de agua y pone en duda su eficiencia

Publicado el 18/07/2026 · REDACCION

Un estudio realizado durante seis campañas en 63 sitios experimentales de cinco regiones agroclimáticas de Argentina concluyó que los cultivos de servicios pueden transformar pérdidas por evaporación y percolación en transpiración productiva, sin reducir necesariamente el agua disponible para el cultivo siguiente.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Raúl Méndez C.

Durante décadas, el barbecho largo fue considerado una estrategia fundamental para almacenar agua en el suelo antes de implantar un cultivo de verano. Sin embargo, una investigación desarrollada en distintas regiones productivas de Argentina cuestiona esa idea y revela que una proporción considerable de las precipitaciones recibidas durante ese periodo se pierde sin ser aprovechada por ninguna planta.

El trabajo determinó que durante el barbecho pueden perderse entre 271 y 409 milímetros de agua por evaporación directa desde la superficie y por percolación profunda, un proceso mediante el cual el agua desciende por debajo de la zona explorada por las raíces.

La investigación comparó el comportamiento hídrico de los barbechos tradicionales con diferentes cultivos de servicios. Los resultados muestran que mantener vegetación activa durante parte del periodo entre cosechas puede convertir una pérdida pasiva de agua en un proceso productivo que aporta biomasa, cobertura, raíces y mejoras en el funcionamiento del suelo.

Un estudio desarrollado en 63 sitios experimentales

El análisis utilizó información generada por la Red de Cultivos de Servicios de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, Aapresid.

La investigación fue liderada por especialistas del Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de Rosario y la Universidad de Wisconsin-Madison, en Estados Unidos.

El equipo examinó seis campañas agrícolas comprendidas entre 2018 y 2023. La base de datos reunió 63 sitios experimentales distribuidos en cinco regiones agroclimáticas argentinas, lo que permitió comparar ambientes con diferentes condiciones de suelo, temperatura y régimen de lluvias.

La escala territorial y temporal del trabajo permitió evaluar la dinámica del agua más allá de una campaña o establecimiento particular. Los resultados fueron publicados en la revista científica internacional Field Crops Research.

El barbecho no consiguió guardar toda el agua de lluvia

El barbecho consiste en mantener el lote sin un cultivo comercial durante un periodo determinado. En los sistemas agrícolas argentinos suele utilizarse entre la cosecha de una especie y la siembra del siguiente cultivo de verano.

La práctica busca reducir el consumo de agua por parte de la vegetación y acumular humedad en el perfil. Para ello se controlan las malezas, evitando que utilicen el recurso almacenado.

Los datos del estudio muestran, sin embargo, que la ausencia de un cultivo no impide que el agua abandone el sistema. Durante los barbechos largos se perdieron entre 271 y 409 milímetros por evaporación y percolación profunda.

La evaporación ocurre cuando el agua cercana a la superficie pasa a la atmósfera. La percolación profunda se produce cuando atraviesa el perfil y desciende por debajo de la profundidad que pueden explorar las raíces del cultivo posterior.

En ambos casos, el agua recibida durante las lluvias deja de estar disponible para la producción agrícola, aunque el lote haya permanecido sin cultivos.

Una “canilla abierta” de ineficiencia hídrica

Aapresid describió al barbecho largo como una especie de “canilla abierta” debido a la magnitud de las pérdidas detectadas.

El resultado cuestiona la idea de que toda el agua que no consume un cultivo queda almacenada automáticamente en el suelo. La capacidad de retención es limitada y depende de la textura, la profundidad, la materia orgánica, la cobertura superficial y la distribución de las precipitaciones.

Cuando el perfil alcanza su capacidad de almacenamiento, las lluvias adicionales pueden desplazarse hacia capas profundas. Cuando la superficie queda expuesta a la radiación solar y al viento, una parte de la humedad se evapora.

La protección aportada por los residuos vegetales y por los cultivos de cobertura en sistemas agrícolas resilientes puede reducir la exposición directa del suelo y mejorar su funcionamiento físico.

Los cultivos de servicios consumieron un 25 % más al momento del secado

El estudio evaluó cultivos de servicios integrados por gramíneas, leguminosas, crucíferas y mezclas de distintas especies.

Al momento de su terminación, estos cultivos habían consumido en promedio un 25 % más de agua que los barbechos largos. Esta diferencia confirma que una cobertura viva utiliza humedad para crecer y producir biomasa.

Sin embargo, la evaluación no terminó en la fecha de secado. Los investigadores continuaron midiendo la humedad hasta la implantación del cultivo estival.

En ese momento, la disponibilidad hídrica fue similar entre los barbechos y los cultivos de servicios en la mayoría de las regiones examinadas.

El hallazgo indica que el agua consumida durante el crecimiento de la cobertura puede recuperarse mediante las lluvias ocurridas después de su terminación.

Las lluvias de primavera explicaron gran parte de la recuperación

Las precipitaciones registradas entre la terminación del cultivo de servicios y la siembra del cultivo estival fueron el factor que mejor explicó las diferencias en el agua disponible.

Cuando las lluvias primaverales recargaron el perfil, la humedad utilizada por la cobertura dejó de representar una desventaja para el cultivo siguiente.

Este comportamiento significa que la decisión de sembrar y terminar un cultivo de servicios no puede basarse únicamente en su consumo acumulado.

También deben considerarse la fecha de secado, el pronóstico climático, la capacidad de almacenamiento del suelo y el tiempo disponible para que el perfil recupere humedad.

La planificación del cultivo de maíz y sus riesgos hídricos requiere precisamente evaluar estos factores antes de incorporar una cobertura en barbechos prolongados.

De una pérdida pasiva a una transpiración productiva

Los cultivos de servicios no conservan toda el agua de lluvia, pero utilizan una parte para producir raíces, tallos, hojas y residuos vegetales.

El estudio denomina a este proceso transpiración productiva, porque el recurso consumido genera funciones agronómicas dentro del sistema.

Las raíces contribuyen a estructurar el suelo, crear poros y favorecer la infiltración. La biomasa superficial protege frente al impacto de las gotas de lluvia y reduce la erosión.

Las coberturas también pueden competir con las malezas, incorporar nutrientes y aportar materia orgánica después de su terminación.

De esta manera, parte del agua que en un barbecho podría perderse por evaporación o percolación se transforma en beneficios físicos y biológicos para el lote.

La cobertura mejora la infiltración y protege la superficie

Los residuos dejados por los cultivos de servicios forman una capa protectora sobre el suelo. Esta cobertura disminuye la exposición a la radiación y reduce la velocidad del viento cerca de la superficie.

También amortigua el impacto de las precipitaciones, que puede romper los agregados del suelo y favorecer la formación de costras.

Las raíces vivas generan conductos que facilitan el ingreso del agua y pueden mejorar la continuidad de los poros dentro del perfil.

Estas funciones explican por qué un cultivo de servicios puede consumir humedad durante su crecimiento y, al mismo tiempo, favorecer una recuperación posterior más eficiente.

La utilización de cultivos de cobertura adaptados a cada región productiva resulta decisiva para equilibrar el consumo de agua, la producción de biomasa y los beneficios para el cultivo sucesor.

El temor al costo hídrico condiciona su adopción

Una de las principales preocupaciones de los productores es que el cultivo de servicios consuma el agua necesaria para el maíz, la soja u otra especie implantada posteriormente.

Este posible costo hídrico ha limitado la adopción de coberturas en regiones donde las lluvias son variables y el agua constituye el principal factor que condiciona el rendimiento.

Los resultados muestran que la penalización puede ser mínima o inexistente en gran parte de los ambientes cuando el momento de terminación se ajusta correctamente y se producen recargas primaverales suficientes.

La conclusión no implica que los cultivos de servicios sean inocuos en cualquier circunstancia. Una cobertura terminada demasiado tarde puede dejar el perfil con menos humedad si las lluvias posteriores no alcanzan para reponerla.

Por esta razón, el manejo debe responder a cada ambiente y campaña, evitando aplicar fechas o especies uniformes en todas las regiones.

Las gramíneas pueden reducir el rendimiento del maíz

El tipo de cultivo de servicios elegido influyó sobre la respuesta del cultivo posterior.

Las gramíneas redujeron el rendimiento del maíz cuando el agua que consumieron no logró recuperarse entre su terminación y la siembra.

Estas especies suelen producir una elevada cantidad de biomasa y desarrollar sistemas radicales extensos, características que aportan cobertura y control de malezas, pero también pueden aumentar el uso de humedad.

En ambientes con escasa recarga, la fecha de secado debe adelantarse para ampliar el periodo disponible entre la terminación y la implantación del maíz.

El productor debe equilibrar la biomasa que desea obtener con la necesidad de conservar una reserva suficiente para el cultivo comercial.

Las leguminosas mostraron ventajas para el cultivo sucesor

Los cultivos de servicios integrados por leguminosas produjeron una respuesta diferente.

En algunos ensayos incrementaron el rendimiento del maíz incluso cuando la disponibilidad de agua era inferior a la registrada en el barbecho.

Los investigadores vinculan este comportamiento con el aporte de nitrógeno realizado por las leguminosas mediante su asociación con microorganismos fijadores.

El beneficio nutricional puede compensar parcialmente el consumo de agua y mejorar el desarrollo del maíz posterior.

La elección de una leguminosa debe considerar su adaptación regional, la producción de biomasa, la fecha de implantación y el tiempo necesario para liberar nutrientes después del secado.

Las mezclas presentaron respuestas neutras o positivas

Las combinaciones de gramíneas, leguminosas y otras especies mostraron en general efectos neutros o positivos sobre los cultivos posteriores.

Las mezclas permiten reunir funciones diferentes dentro de un mismo lote. Las gramíneas pueden aportar cobertura y raíces fibrosas, mientras las leguminosas incorporan nitrógeno.

Las crucíferas pueden desarrollar raíces capaces de explorar capas compactadas y capturar nutrientes presentes en distintas profundidades.

La diversidad también distribuye el crecimiento y el consumo de recursos, aunque aumenta la complejidad del manejo y de la elección de la fecha de terminación.

Otros estudios han comprobado que las mezclas de cultivos de cobertura pueden incrementar distintas formas de carbono del suelo y ampliar los servicios proporcionados por la vegetación.

El momento de terminación es una decisión central

La fecha de secado determina cuánto tiempo crece la cobertura, cuánta biomasa produce y qué cantidad de agua consume.

Una terminación temprana deja más tiempo para recibir lluvias antes del cultivo estival, pero reduce la cobertura obtenida y algunos de sus beneficios.

Una terminación tardía maximiza el crecimiento, aunque puede elevar el riesgo hídrico cuando la primavera resulta seca.

La decisión debe adaptarse al contenido de agua del perfil, la profundidad de las raíces, la especie utilizada y el pronóstico de precipitaciones.

También debe considerarse la fecha prevista de siembra del cultivo comercial y su sensibilidad al déficit hídrico durante el establecimiento.

El barbecho sigue teniendo utilidad en determinados ambientes

La investigación no establece que los barbechos deban eliminarse en todos los sistemas agrícolas.

En regiones con escasas precipitaciones, suelos de baja capacidad de almacenamiento o alta incertidumbre climática, mantener el lote sin una cobertura viva puede seguir formando parte de la estrategia.

El principal aporte del estudio consiste en mostrar que el barbecho no garantiza por sí mismo la conservación eficiente del agua.

La decisión debe compararse con otras alternativas, considerando no solo la humedad disponible en una fecha determinada, sino también el control de malezas, la estructura del suelo, la infiltración y el aporte de materia orgánica.

La eficiencia hídrica depende del funcionamiento completo del sistema y no únicamente de evitar el consumo de una planta durante el invierno.

Seis campañas permitieron captar la variabilidad climática

El periodo de estudio entre 2018 y 2023 incluyó campañas con diferentes condiciones de precipitación y temperatura.

Esta variabilidad fue importante para observar cómo responden los cultivos de servicios en años húmedos, normales y secos.

Un resultado obtenido durante una sola campaña puede estar condicionado por lluvias excepcionales o por una sequía particular.

El análisis de seis años y cinco regiones permitió identificar patrones más amplios y comprobar que la recarga posterior a la terminación resulta decisiva.

Las recomendaciones deberán continuar ajustándose con información local, ya que dentro de una misma región pueden existir diferencias de suelo, relieve y profundidad de napa.

Los resultados serán presentados en el Congreso Aapresid

Gervasio Piñeiro, especialista de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, presentará los resultados durante el Congreso Aapresid que se realizará en Rosario del 4 al 6 de agosto de 2026.

El encuentro incluirá un bloque específico sobre cultivos de servicios durante el miércoles 5 de agosto.

Las actividades abordarán el pastoreo de coberturas, su influencia sobre las poblaciones de insectos y su contribución a la disponibilidad de nitrógeno para los cultivos siguientes.

La discusión permitirá trasladar los resultados científicos a decisiones de manejo aplicables en distintos sistemas productivos argentinos.

El desafío será reemplazar recomendaciones generales por estrategias ajustadas a cada región, suelo, especie y pronóstico climático.

Fuente(s) referenciales

Agrofy News: Durante décadas se creyó que era la mejor estrategia para el campo: un estudio ahora la pone bajo la lupa



Mundo Agropecuario
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