Agricultura

Cuba impulsa batatas biofortificadas para los trópicos

Publicado el 11/07/2026 · REDACCION

Una extensa estrategia de mejoramiento genético busca combinar mayor rendimiento, adaptación tropical y altos niveles de betacaroteno para fortalecer la alimentación y la producción agrícola del Caribe.


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.

El batata, conocido también como camote o boniato, ocupa el duodécimo lugar entre los principales cultivos alimentarios del mundo y el tercero por importancia dentro de las raíces y tubérculos. Su producción global supera los 100 millones de toneladas, mientras su capacidad para desarrollarse en suelos de baja fertilidad y aprovechar eficientemente la energía solar refuerza su valor para la seguridad alimentaria de regiones vulnerables.

En Cuba, investigadores agrícolas desarrollan un amplio programa de selección destinado a obtener variedades de batata más productivas, nutritivas y adaptadas a las condiciones tropicales. El trabajo busca generar materiales aptos tanto para el consumo nacional como para la agroindustria y las exportaciones.

Un cultivo estratégico frente a los ciclones del Caribe

El batata desempeña un papel relevante en Cuba, Haití, Jamaica y República Dominicana. A diferencia de cultivos como el maíz, el banano o la caña de azúcar, sus raíces reservantes se forman bajo tierra y pueden permanecer protegidas cuando los ciclones destruyen la parte aérea de las plantas.

Esta característica permite recuperar alimentos con rapidez después de un desastre. El cultivo también puede producir en terrenos pobres, degradados o arenosos con un uso limitado de fertilizantes nitrogenados, una ventaja importante para sistemas agrícolas con restricciones económicas y de insumos.

La resistencia del batata guarda relación con el valor que otros cultivos tropicales de raíces tienen para comunidades expuestas a fenómenos climáticos extremos y a una disponibilidad irregular de alimentos.

Además de las raíces, la parte verde de la planta puede utilizarse como alimento para cerdos y bovinos. Su cultivo tampoco requiere necesariamente maquinaria pesada, ya que muchas labores de plantación y cosecha pueden realizarse manualmente, facilitando su incorporación en pequeñas explotaciones familiares.

Más de medio siglo de mejoramiento genético

La selección sistemática de batata en Cuba comenzó en 1972, cuando el doctor Alfredo Morales Tejón fundó el primer programa de mejoramiento genético de este cultivo en el Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales, conocido como INIVIT.

La iniciativa se sustentó en la conservación de una colección de 731 accesiones, la realización de cruzamientos dirigidos y una rigurosa selección fenotípica. Esa base llegó a constituir una de las colecciones de germoplasma de batata más importantes de Centroamérica y el Caribe.

Durante más de 50 años, el INIVIT ha empleado entre 30 y 40 progenitores élite cada año para efectuar cruzamientos controlados. Estos trabajos generan poblaciones segregantes que superan los 40.000 individuos anuales, entre los cuales se buscan plantas que reúnan características superiores a las observadas en sus progenitores.

El programa ha producido 24 variedades comerciales que ocupan aproximadamente el 98 % de la superficie cubana dedicada al cultivo. Uno de sus resultados más destacados es la variedad INIVIT B2-2005, cuyo rendimiento supera en más de siete toneladas por hectárea al de otros materiales.

Esta variedad ocupa alrededor del 52 % del área nacional de batata y contribuyó a elevar el rendimiento promedio desde cuatro hasta once toneladas por hectárea. Los análisis del programa estiman un progreso genético acumulado del 256 %, con incrementos anuales de entre 0,20 y 0,37 toneladas por hectárea.

El objetivo nutricional: aumentar el betacaroteno

El aumento de la productividad no resuelve por sí solo todos los problemas alimentarios. La deficiencia de vitamina A continúa afectando a distintos sectores de la población, por lo que la biofortificación de cultivos básicos se considera una herramienta para mejorar la nutrición mediante alimentos aceptados culturalmente.

Las variedades de batata con pulpa anaranjada presentan concentraciones elevadas de betacaroteno, compuesto que el organismo puede transformar en vitamina A. Su utilización ha sido promovida en países del África subsahariana, incluidos Mozambique y Uganda, para reducir las deficiencias de este micronutriente.

Cuba inició sus primeras experiencias de biofortificación en 1985 con la variedad de pulpa anaranjada CEMSA 80-77. Aunque poseía potencial nutricional, su difusión fue limitada por el escaso conocimiento de los consumidores sobre sus propiedades.

En 2006 se liberó la variedad INIVIT BS-16, que llegó a cultivarse inicialmente en unas 2.000 hectáreas, equivalentes al 3 % de la superficie nacional destinada al batata. Sin embargo, sus esquejes delgados mostraron dificultades para establecerse en campo y sus raíces desarrollaban grietas longitudinales profundas, factores que redujeron su aceptación comercial.

Germoplasma internacional para ampliar la diversidad

La nueva etapa del programa cubano incorpora material genético procedente del Centro Internacional de la Papa, con sede en Perú. Esta institución mantiene uno de los bancos de germoplasma de batata más diversos del mundo y dispone de progenitores seleccionados por su contenido de betacaroteno, productividad y adaptación a ambientes tropicales.

Los científicos trabajan con 19 familias de hermanos completos, es decir, grupos de descendientes generados a partir del cruzamiento de los mismos dos progenitores. Aunque todos comparten el mismo origen parental, la recombinación genética produce diferencias que permiten identificar individuos con combinaciones favorables de rendimiento, nutrición y estabilidad.

La estrategia incluye el análisis de la capacidad de combinación de las líneas parentales, la heredabilidad de las características agronómicas, la estabilidad de los genotipos en diferentes ambientes y el progreso obtenido en cada fase de selección.

También se emplean herramientas estadísticas como los modelos AMMI, los gráficos GGE biplot y el índice de selección multicaracterística MGIDI. Estos métodos permiten comparar simultáneamente distintos rasgos y elegir materiales capaces de mantener un desempeño estable bajo condiciones ambientales variables.

Variedades destinadas al consumo, la industria y la exportación

Los genotipos seleccionados deberán superar a las variedades tradicionales no solo en rendimiento, sino también en contenido de betacaroteno, calidad de las raíces y estabilidad productiva. La meta es obtener candidatos que respondan a las condiciones agrícolas cubanas y puedan integrarse de manera sostenible a los sistemas de producción.

Las futuras variedades podrían contribuir a reducir la deficiencia de vitamina A, ampliar la oferta alimentaria y proporcionar materia prima para la agroindustria. También representarían alternativas productivas para el mercado exterior y para territorios tropicales que afrontan suelos empobrecidos, ciclones y otras amenazas climáticas.

El desarrollo de plantas capaces de mantener su productividad en entornos difíciles coincide con otras líneas de investigación sobre la adaptación de las raíces frente a condiciones adversas del suelo.

Los investigadores cubanos pretenden que la metodología pueda reproducirse en otros países con desafíos semejantes. La combinación del germoplasma conservado por el Centro Internacional de la Papa y la experiencia acumulada por el INIVIT ofrece una plataforma para extender la biofortificación del batata por el Caribe y otras regiones tropicales.

Fuente(s) referenciales

AgroXXI: programa cubano de selección y biofortificación del batata



Mundo Agropecuario
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