El cesio-137 todavía puede acumularse en frutos recolectados en determinados bosques contaminados, mientras Ucrania mantiene un importante comercio de bayas hacia la Unión Europea bajo controles específicos
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Cuarenta años después del accidente nuclear de Chernóbil, ocurrido en abril de 1986, el cesio-137 continúa presente en algunos ecosistemas forestales de Ucrania y puede incorporarse a productos silvestres como hongos y determinadas bayas. La persistencia de este radionúclido adquiere una dimensión agrícola y comercial particular porque el país es uno de los principales proveedores europeos de frutos del bosque, incluidos productos recolectados directamente en áreas naturales.
El fenómeno no significa que todas las bayas producidas o exportadas por Ucrania estén contaminadas. El riesgo depende del lugar de recolección, las características del suelo, la especie y la transferencia del radionúclido desde el ecosistema hacia la planta. Esta distinción es especialmente importante porque el sector ucraniano combina plantaciones comerciales de frutos rojos con una extensa actividad de recolección de bayas silvestres.
La permanencia de contaminantes en los sistemas productivos constituye un desafío de largo plazo para la agricultura. Otros estudios han mostrado que sustancias persistentes presentes en los suelos pueden incorporarse a las plantas y entrar en las cadenas alimentarias, aunque los mecanismos y riesgos varían considerablemente según el contaminante.
El cesio-137 permanece décadas en el ambiente
El cesio-137 liberado durante el accidente de Chernóbil tiene una vida media física de aproximadamente 30 años. Esto significa que su actividad se reduce a la mitad durante ese periodo, no que desaparezca completamente una vez transcurridas tres décadas. Cuatro décadas después del accidente, una fracción del material depositado originalmente continúa presente en los ecosistemas afectados.
Los bosques constituyen ambientes especialmente relevantes porque los radionúclidos pueden permanecer en el suelo y circular entre materia orgánica, hongos y plantas durante largos periodos. Algunas especies silvestres son capaces de absorber cesio del suelo y concentrarlo en sus tejidos.
Los arándanos silvestres europeos o bilberries (Vaccinium myrtillus) se encuentran entre los productos que han sido objeto de vigilancia científica. Investigadores del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea desarrollaron incluso un material de referencia elaborado con frutos recolectados cerca de Chernóbil para certificar concentraciones de cesio-137, estroncio-90 y potasio-40 y mejorar la capacidad de los laboratorios para medir estos radionúclidos.
Las consecuencias agrícolas de accidentes nucleares pueden prolongarse durante décadas. La experiencia acumulada en distintas regiones ha llevado a estudiar la transferencia de radionúclidos desde suelos y ecosistemas hacia alimentos y productos agrícolas, un proceso condicionado por la química del suelo, la especie vegetal y las prácticas productivas.
Las bayas silvestres no son iguales a las cultivadas
Una diferencia fundamental para interpretar el problema está en el origen del fruto. Los arándanos cultivados en plantaciones agrícolas manejadas no deben equipararse automáticamente con los bilberries y otras bayas recolectadas en bosques potencialmente afectados por la deposición radiactiva.
En las plantaciones comerciales existen parcelas identificadas, prácticas agronómicas controladas y sistemas de trazabilidad. En la recolección silvestre, en cambio, los frutos proceden directamente de ecosistemas forestales y su composición puede reflejar las condiciones ambientales específicas del lugar donde crecieron.
Esta diferencia también explica por qué la normativa europea presta atención específica a los frutos silvestres del género Vaccinium. La regulación comunitaria incluye entre los productos sometidos a condiciones de importación a los arándanos rojos silvestres, bilberries y otros frutos silvestres de este género, tanto frescos como en determinadas presentaciones congeladas.
La producción profesional de arándanos cultivados sigue simultáneamente una expansión internacional impulsada por el consumo y la mejora de los sistemas productivos. La experiencia de diferentes países demuestra que el manejo del suelo, el riego y la selección varietal son determinantes para la productividad de las plantaciones de arándanos, una realidad diferente de la recolección en bosques naturales.
Ucrania es un gran proveedor de bayas para Europa
El peso comercial de Ucrania explica la relevancia del control. Los datos oficiales de promoción de exportaciones del país muestran que las frutas y bayas frescas, secas y congeladas forman parte de una cadena agroalimentaria orientada intensamente hacia los mercados europeos.
En 2025, Ucrania exportó productos frescos y congelados de frutas y bayas por un valor de aproximadamente 279,5 millones de dólares. Solo el grupo formado por frambuesas, moras, moras de morera, loganberries y grosellas congeladas representó unos 176,4 millones de dólares.
En el segmento orgánico, 55 empresas ucranianas exportaron bayas a 18 países durante 2025. Los envíos alcanzaron unas 15.400 toneladas por un valor de 39,8 millones de euros. Polonia, República Checa, Italia, Alemania y Austria figuraron entre los principales compradores.
La recolección silvestre tiene un peso particularmente elevado. Cerca de 11.800 toneladas de las bayas orgánicas exportadas en 2025 procedieron de recolección silvestre, frente a unas 3.600 toneladas de frutos cultivados. El valor del primer grupo alcanzó aproximadamente 27,1 millones de euros.
Este comercio forma parte de un sector agrícola ucraniano mucho más amplio que, pese a la guerra, ha mantenido importantes flujos hacia los mercados internacionales. La capacidad del país para sostener sus ventas agrícolas también se observa en la reorganización de las exportaciones agropecuarias ucranianas y de sus rutas comerciales durante los últimos años.
Europa mantiene controles específicos para productos silvestres
La Unión Europea conserva medidas especiales para determinados alimentos procedentes de países afectados por el accidente de Chernóbil. El Reglamento de Ejecución (UE) 2020/1158 y sus modificaciones establecen condiciones para la entrada de productos susceptibles de contener contaminación radiactiva.
La normativa contempla específicamente frutos silvestres del género Vaccinium, incluidos bilberries y determinados productos congelados. Para la mayoría de los alimentos cubiertos por estas medidas, el nivel máximo establecido para cesio-137 es de 600 becquerelios por kilogramo; para leche, productos lácteos y alimentos destinados a lactantes y niños pequeños se aplica un nivel inferior.
La Comisión Europea justificó el mantenimiento de estas medidas porque, décadas después del accidente, continuaban registrándose algunos incumplimientos en alimentos silvestres. El cesio-134, cuya vida media física es mucho menor, prácticamente ha desaparecido como consecuencia directa del paso del tiempo, por lo que el cesio-137 constituye el principal radionúclido de interés en este tipo de vigilancia.
Los controles de seguridad alimentaria adquieren especial importancia cuando los productos atraviesan múltiples etapas de comercialización y procesamiento. Como ocurre con otros riesgos asociados a materias primas agrícolas, la trazabilidad permite identificar el origen de los alimentos y seguir su recorrido dentro de la cadena de suministro.
Estudios encontraron cesio-137 en productos comercializados
Investigadores italianos analizaron alrededor de 40 muestras de productos elaborados con Vaccinium myrtillus, entre ellos mermeladas y otras conservas adquiridas en establecimientos del norte de Italia. El objetivo fue determinar la presencia de radiocesio relacionado con la contaminación histórica de Chernóbil.
El trabajo confirmó que, más de tres décadas después del accidente, era posible detectar actividad de cesio-137 en algunos productos elaborados con estas bayas. Los investigadores señalaron que Ucrania, Bielorrusia y Rusia son importantes zonas de procedencia de bilberries silvestres y destacaron la necesidad de mantener la vigilancia sobre las materias primas.
Otro antecedente se produjo en el puerto italiano de Trieste en 2013, cuando se examinaron cargamentos de Vaccinium myrtillus procedentes de Ucrania destinados a la elaboración de mermeladas y otros alimentos. Algunas partidas presentaron concentraciones apreciables de cesio-137, aunque permanecían por debajo del límite europeo vigente de 600 Bq/kg.
Estos resultados son importantes porque demuestran persistencia ambiental y transferencia hacia ciertos frutos silvestres, pero no permiten afirmar que todos los productos ucranianos comercializados en Europa presenten concentraciones elevadas ni que todos incumplan las normas de seguridad.
La población de las zonas afectadas sigue expuesta a alimentos forestales
Investigaciones realizadas con habitantes de áreas ucranianas afectadas por Chernóbil también han identificado una relación entre el consumo de alimentos silvestres y la exposición interna al cesio-137. Un estudio con residentes evaluados entre 2016 y 2018 encontró que la frecuencia de consumo de productos forestales influía en la radiactividad interna detectada.
Los hongos mostraron una contribución mayor que las bayas. Entre los participantes que consumían exclusivamente bayas, la concentración interna promedio fue inferior a la observada en quienes consumían hongos o combinaban ambos tipos de alimentos.
Un trabajo difundido en 2025 por el Instituto Marzieiev de Salud Pública de Ucrania también encontró que verduras, frutas y bayas domésticas podían contener desde una hasta decenas de Bq/kg de cesio-137 en la población estudiada, mientras determinados alimentos de origen forestal podían aportar cantidades superiores.
La contaminación de alimentos por elementos presentes en el ambiente no es exclusiva de los radionúclidos. La agricultura contemporánea mantiene sistemas de vigilancia frente a diferentes sustancias porque los contaminantes acumulados en determinados suelos pueden transferirse hacia cultivos y productos destinados al consumo, aunque cada compuesto requiere métodos de evaluación y límites propios.
Un sector exportador que necesita separar origen y riesgo
La producción ucraniana de bayas continúa creciendo y diversificándose. El país mantiene una posición destacada en frutos congelados, frambuesas, grosellas, bilberries silvestres y arándanos cultivados, mientras empresas del sector amplían las instalaciones de congelación, almacenamiento y procesamiento.
Precisamente por esa escala comercial resulta esencial distinguir los productos procedentes de plantaciones agrícolas de aquellos recolectados en ecosistemas forestales afectados históricamente por Chernóbil. El origen geográfico de una baya puede ser más relevante para el riesgo radiológico que su nacionalidad comercial.
La persistencia del cesio-137 tampoco significa que la contaminación permanezca constante. Su actividad disminuye con el tiempo debido al decaimiento radiactivo y a procesos ecológicos, pero la reducción puede producirse lentamente y de manera desigual según el tipo de suelo, bosque y especie.
Cuatro décadas después de Chernóbil, el caso de las bayas silvestres muestra así una consecuencia agrícola de larga duración: determinados ecosistemas continúan transfiriendo parte de la contaminación histórica hacia productos forestales. Para una potencia exportadora de bayas como Ucrania, la vigilancia radiológica, la trazabilidad del lugar de recolección y los controles en frontera siguen siendo elementos centrales para separar los productos conformes de aquellos que puedan superar los límites establecidos.
Fuentes referenciales:
elEconomista.es
Unión Europea – Reglamento de Ejecución (UE) 2024/256
Centro Común de Investigación de la Comisión Europea
Investigación sobre exposición interna al cesio-137 en Ucrania
Entrepreneurship and Export Promotion Office de Ucrania


