Agricultura

La berenjena africana rinde más con una fertilización equilibrada

Publicado el 07/10/2026 ·

Un estudio con 272 agricultores de Costa de Marfil encontró que combinar aportes orgánicos y minerales logró 15 toneladas por hectárea y el mayor margen neto, por encima del sistema intensivo basado principalmente en insumos químicos


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

La forma de utilizar fertilizantes, pesticidas, riego y mano de obra puede pesar más en la rentabilidad de la berenjena africana que disponer simplemente de más tierra o invertir más dinero en insumos. Una investigación realizada en la zona de transición entre bosque y sabana de Costa de Marfil encontró que los productores que combinaron fertilización orgánica y mineral alcanzaron un rendimiento mediano de 15 toneladas por hectárea y un margen neto de 7.540 dólares por hectárea, los mejores resultados entre los tres sistemas agrícolas identificados.

El estudio, publicado el 18 de septiembre de 2026 en la revista científica Agriculture, analizó las prácticas de 272 productores de Solanum aethiopicum y Solanum macrocarpon en Toumodi, Yamoussoukro, Dimbokro, Bouaké, Bouaflé y Tiébissou. La investigación fue desarrollada por Fabrice Diangoné Bi Tra, Edson Lezin Bomisso, Anguiby Laurent A. Bossombra y Meret Aeppli, vinculados a la Université Félix Houphouët-Boigny, la Université Peleforo Gon Coulibaly y la École Polytechnique Fédérale de Lausanne.

El resultado no implica que la fertilización organomineral haya demostrado por sí sola causar el aumento de productividad. Se trata de un estudio transversal basado en una encuesta de explotaciones reales y los propios autores señalan que los mecanismos agronómicos planteados deberán comprobarse mediante ensayos controlados. Sin embargo, la comparación económica muestra una asociación clara entre una gestión más equilibrada de los insumos y mejores resultados productivos.

Mapa fitogeográfico de Costa de Marfil que muestra la zona de transición bosque-sabana marfileña y las ciudades estudiadas. Crédito:Agricultura (2026). DOI: 10.3390/agriculture16182013

Tres formas de producir berenjena africana

Los investigadores no clasificaron a los agricultores únicamente por tamaño de finca, capital disponible o acceso a mano de obra. Analizaron 14 variables relacionadas con las prácticas efectivamente utilizadas en el campo y aplicaron análisis de correspondencias múltiples y agrupamiento jerárquico para identificar patrones productivos.

De esta manera aparecieron tres sistemas. El primero, que agrupó al 65,8 % de los productores, representó la agricultura intensiva basada en insumos químicos. El segundo reunió al 24,3 % y se caracterizó principalmente por combinar fertilización orgánica y mineral. El tercero comprendió al 9,9 % y correspondió a explotaciones extensivas de muy pequeña escala que trabajaban sin fertilizantes minerales ni pesticidas sintéticos.

La comparación resulta especialmente relevante porque el uso de nutrientes no depende únicamente de cuánto fertilizante se incorpora. La fertilización ajustada a las características y necesidades del suelo y del cultivo puede modificar tanto la eficiencia económica como la respuesta de las plantas.

Más insumos no produjeron el mayor beneficio

El sistema intensivo fue, con diferencia, el más frecuente. El 99 % de los productores pertenecientes a este grupo utilizaba exclusivamente fertilización mineral, el 100 % empleaba pesticidas y el 89 % realizaba aplicaciones fitosanitarias semanalmente. El riego motorizado estaba presente en el 89 % y el 63 % utilizaba mano de obra contratada.

A pesar de ese nivel de intensificación, no fue el sistema con mejores resultados económicos. Su rendimiento mediano fue de 13 toneladas por hectárea, frente a las 15 toneladas alcanzadas por el segundo grupo. El costo mediano de producción llegó a 1,36 millones de francos CFA por hectárea, equivalentes a aproximadamente 2.173 dólares según el tipo de cambio empleado en la investigación.

Su margen neto mediano fue de 4,06 millones de francos CFA por hectárea, unos 6.486 dólares. La cifra es elevada en términos absolutos, pero quedó significativamente por debajo de los 7.540 dólares por hectárea registrados en el sistema que combinaba fuentes orgánicas y minerales.

Los datos coinciden con un principio agronómico más amplio: aumentar la cantidad de fertilizante no garantiza incrementos proporcionales de rendimiento. El manejo eficiente de nutrientes exige ajustar fuentes, cantidades y momentos de aplicación. Esa lógica también aparece en estrategias como la fertilización fraccionada para evitar aplicaciones superiores a las necesidades reales del cultivo.

La combinación organomineral alcanzó 15 toneladas por hectárea

El segundo sistema estuvo integrado por 66 productores. El 77 % utilizaba conjuntamente fertilizantes orgánicos y minerales, una característica que prácticamente lo diferenciaba de los otros grupos. Los pesticidas seguían siendo habituales, con un 94 % de utilización, pero su aplicación era menos sistemática: el 61 % los empleaba semanalmente y el 33 % cuando detectaba ataques.

También se observó una menor dependencia de la mecanización y los insumos comprados. Solo el 35 % empleaba riego motorizado y el 59 % dependía principalmente de mano de obra familiar.

Este grupo obtuvo el rendimiento mediano más alto, 15 toneladas por hectárea, con un costo de producción de 1,19 millones de francos CFA por hectárea, aproximadamente 1.901 dólares. Es decir, produjo más que el sistema intensivo mientras gastaba menos.

El margen neto alcanzó 4,72 millones de francos CFA por hectárea, equivalentes a unos 7.540 dólares. El índice mediano de rentabilidad fue de 3,67 unidades de margen neto por cada unidad monetaria invertida.

Los investigadores interpretan estos resultados dentro del manejo integrado de la fertilidad del suelo. La materia orgánica puede mejorar propiedades físicas y la retención de agua y favorecer el aprovechamiento de los nutrientes minerales. Sin embargo, como el estudio no realizó un experimento de fertilización controlado, los autores presentan este mecanismo como una interpretación consistente con la literatura agronómica y no como una relación causal demostrada en las parcelas estudiadas.

La combinación de fuentes nutricionales se utiliza también en otros contextos productivos. Investigaciones de larga duración han mostrado que integrar estiércol con fertilizantes minerales puede modificar la fertilidad y el funcionamiento del suelo, aunque la respuesta concreta depende del cultivo, el clima y las características del terreno.

Un umbral a partir del cual gastar más dejó de compensar

Al considerar conjuntamente a los 272 agricultores, el rendimiento mediano fue de 13 toneladas por hectárea y el costo mediano de producción se situó en aproximadamente 2.045 dólares por hectárea. El margen neto mediano alcanzó unos 6.614 dólares.

Los investigadores encontraron una correlación positiva, aunque moderada, entre los costos de producción y el rendimiento. La relación, sin embargo, no fue lineal. El rendimiento aumentó con la inversión hasta aproximadamente 1,37 millones de francos CFA por hectárea, equivalentes a 2.189 dólares, y posteriormente tendió a estabilizarse alrededor de 14,3 toneladas por hectárea.

Ese comportamiento apunta a rendimientos decrecientes cuando el gasto supera determinado nivel. Al menos el 75 % de los agricultores del sistema organomineral permaneció por debajo de ese umbral de costos, mientras que en el grupo intensivo solamente la mitad quedó por debajo.

La observación resulta relevante en momentos en los que el precio y la disponibilidad de los nutrientes condicionan los presupuestos agrícolas. La búsqueda de alternativas para reducir la dependencia de fertilizantes minerales sin comprometer la nutrición de los cultivos ha ganado importancia precisamente por el peso de estos insumos en los costos de producción.

El sistema de menor costo obtuvo la mayor rentabilidad relativa

El tercer grupo produjo menos, pero aportó uno de los resultados más llamativos. Sus 27 agricultores no utilizaban fertilizantes minerales, pesticidas ni riego motorizado. El 93 % dependía de las lluvias, el 70 % aplicaba fertilización orgánica, todos producían sus propias semillas y el 89 % cultivaba la variedad local Gbokouman de Solanum macrocarpon.

Estas explotaciones eran muy pequeñas: el 89 % tenía menos de 0,2 hectáreas. Su rendimiento mediano fue de 10 toneladas por hectárea y el margen neto alcanzó aproximadamente 5.304 dólares por hectárea, ambos inferiores a los registrados en los otros sistemas.

Sin embargo, sus costos fueron también mucho menores: unos 1.070 dólares por hectárea. Como consecuencia, obtuvieron el mayor índice de rentabilidad relativa, con 4,88 unidades de margen neto por cada unidad invertida. El sistema organomineral alcanzó 3,67 y el intensivo 3,01.

Los autores advierten que esa elevada eficiencia económica relativa no significa que el tercer modelo pueda ampliarse fácilmente. La disponibilidad de grandes cantidades de materia orgánica, la necesidad de mano de obra y el control de plagas sin productos sintéticos se vuelven más difíciles conforme aumenta la superficie cultivada.

La berenjena africana conserva variedades locales

El estudio encontró también una marcada concentración varietal. Solanum aethiopicum era cultivada por el 91,2 % de los agricultores, mientras que Solanum macrocarpon representaba el 8,8 %. El híbrido Djamba F1 dominaba con el 66,9 % de las explotaciones, seguido de Klongbo con 20,6 %.

Las variedades locales Gbokouman y N’drowa representaban únicamente el 8,8 % y el 3,7 %, respectivamente. Los productores señalaron el rendimiento como el criterio más importante para escoger una variedad, seguido de la precocidad y la facilidad de comercialización.

La conservación de esa diversidad tiene interés agronómico más allá del rendimiento inmediato. Estudios previos sobre Solanum han mostrado que la berenjena africana conserva diversidad genética útil para comprender y mejorar características de cultivos relacionados.

El grupo de baja utilización de insumos mantuvo precisamente la variedad Gbokouman y produjo sus propias semillas, por lo que los investigadores consideran que este sistema cumple además una función de conservación de diversidad cultivada.

Solo el 27,6 % utilizaba enmiendas orgánicas

La encuesta mostró que el 86,4 % de todos los agricultores utilizaba fertilizantes minerales, mientras que solamente el 27,6 % aplicaba enmiendas orgánicas. El estiércol de aves fue la fuente orgánica más frecuente, empleado por el 21,3 %, frente al 4,4 % que utilizaba estiércol bovino y apenas el 1,8 % que incorporaba compost.

La fertilización exclusivamente mineral representó el 67,6 % de las explotaciones. La combinación organomineral alcanzó el 18,8 %, la fertilización exclusivamente orgánica el 8,8 % y un 4,8 % no utilizaba ninguna fertilización.

Estos porcentajes adquieren especial importancia porque los suelos de la zona de transición bosque-sabana estudiada son predominantemente arenosos, ácidos y pobres en materia orgánica. El trabajo señala que en el centro de Costa de Marfil se han registrado contenidos de carbono orgánico inferiores al 2 % en suelos agrícolas.

La dependencia de fertilizantes minerales es una cuestión que trasciende a este cultivo. Investigaciones globales han estimado que una parte sustancial del fósforo disponible en los sistemas agrícolas procede de fertilizantes minerales, aunque existen grandes diferencias regionales y África mantiene niveles de utilización considerablemente inferiores a los de otras regiones.

La encuesta identifica asociaciones, no una receta universal

La investigación ofrece una fotografía detallada de las explotaciones de una región específica de Costa de Marfil, pero tiene límites importantes. Los datos proceden de una encuesta transversal realizada a agricultores y no de un ensayo en el que los científicos asignaran aleatoriamente distintos tratamientos de fertilización, riego o control fitosanitario.

Por esa razón, no puede afirmarse que adoptar aisladamente una de las prácticas del segundo grupo vaya a producir automáticamente 15 toneladas por hectárea o un margen neto de 7.540 dólares en otra finca. El resultado surge de una combinación de prácticas observada bajo las condiciones productivas de la zona estudiada.

Los autores proponen realizar investigaciones longitudinales y ensayos que permitan seguir la evolución de las explotaciones y medir directamente indicadores ambientales como salud del suelo, calidad del agua y biodiversidad.

La principal señal económica del trabajo es más precisa: dentro de las 272 explotaciones estudiadas, el sistema con mayor utilización de insumos no fue el que obtuvo el mejor desempeño. La combinación de fertilización orgánica y mineral, junto con un manejo menos sistemático de otros insumos, estuvo asociada con mayores rendimientos, menores costos y un margen neto superior.

Fuentes referenciales:
Agriculture
École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL)