Las abejas melíferas transportan agua y la evaporan dentro de la colmena para mantener los panales cerca de 35 grados, pero el calor intenso y la falta de néctar ya provocan pérdidas productivas en regiones de Alemania.
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
Las abejas melíferas cuentan con una estrategia colectiva para proteger la colmena durante los días calurosos: recogen agua, la transportan hasta los panales y favorecen su evaporación para reducir la temperatura interior. Sin embargo, este mecanismo tiene límites y no evita que las colonias sufran cuando el calor se combina con menor disponibilidad de néctar y condiciones ambientales desfavorables.
En zonas especialmente cálidas del estado federado de Baden-Württemberg, en el suroeste de Alemania, algunos apicultores están obteniendo cosechas considerablemente menores. Las colonias situadas en lugares más frescos presentan panales mejor abastecidos, mientras que en áreas sometidas a temperaturas elevadas la producción puede caer hasta aproximadamente la mitad de la registrada el año anterior.
La situación muestra que la productividad apícola no depende únicamente del número de abejas presentes en la colmena. La temperatura, la humedad del suelo, la humedad del aire, el viento y la oferta de flores interactúan y determinan cuánto néctar pueden recolectar los insectos.
Colmenas protegidas bajo la sombra del bosque
El apicultor Armin Glock mantiene parte de sus colmenas en un bosque próximo a Stuttgart. Los árboles ofrecen sombra y ayudan a conservar temperaturas más moderadas alrededor de las cajas, lo que reduce la exposición directa de las colonias al Sol.
La ubicación, sin embargo, presenta una desventaja. En el bosque las abejas encuentran menos néctar que en otras zonas con mayor abundancia de plantas en flor. Por esta razón, la miel que todavía permanece en algunos panales no se extrae y queda como reserva para la propia colonia.
Glock explica que una colonia depende completamente del tiempo atmosférico. La producción de néctar y el funcionamiento de la colmena están condicionados por la combinación entre temperatura, humedad del suelo, humedad ambiental y viento.
Esta sensibilidad coincide con los desafíos descritos para la apicultura frente al cambio climático, donde las variaciones térmicas y la modificación de las floraciones alteran el acceso de las abejas al polen y al néctar.
Las abejas utilizan agua para enfriar los panales
La cercanía de un arroyo representa una ventaja importante para las colonias observadas cerca de Stuttgart. Las abejas succionan agua con la probóscide, vuelan hasta la colmena y la distribuyen sobre distintas zonas de los panales.
Después, otras obreras baten las alas para generar corrientes de aire. La evaporación del agua absorbe parte del calor acumulado y permite mantener los panales alrededor de los 35 grados, una temperatura adecuada para la colonia y para el desarrollo de las crías.
Este comportamiento forma parte de un sistema coordinado de termorregulación dentro de las colmenas. Las abejas responden colectivamente a los cambios de temperatura mediante ventilación, movimiento de aire y enfriamiento evaporativo.
Durante las jornadas más calurosas, no todas las abejas entran en la colmena. Parte de la población permanece agrupada en el exterior o busca zonas de sombra para reducir la densidad interna y evitar un aumento adicional de la temperatura.
El calor obliga a dedicar más trabajo a la refrigeración
Transportar agua y ventilar la colmena exige tiempo y energía. Las obreras que realizan estas tareas no pueden dedicar simultáneamente el mismo esfuerzo a recolectar néctar, por lo que el calor modifica la distribución del trabajo dentro de la colonia.
Cuando las temperaturas se mantienen elevadas durante varios días, las necesidades de refrigeración aumentan. Si además disminuye la floración o se seca el suelo, las abejas encuentran menos alimento y regresan con una cantidad menor de néctar.
Las condiciones térmicas también pueden vigilarse mediante sensores instalados en colmenas, capaces de registrar temperatura, humedad, peso y actividad sin abrir las cajas constantemente. Este seguimiento puede ayudar al apicultor a detectar estrés y decidir cuándo intervenir.
Los insectos dependen de la temperatura exterior
El investigador Arnold H. Staniczek, integrante del Departamento de Entomología del Museo Estatal de Historia Natural de Stuttgart, explica que los insectos son animales ectotermos. Esto significa que la temperatura de su cuerpo cambia en función de las condiciones del ambiente.
En términos generales, muchas especies aumentan su actividad cuando sube la temperatura. Sin embargo, existe un límite a partir del cual el calor deja de ser favorable. Staniczek considera que las temperaturas superiores a 40 grados solo pueden ser toleradas adecuadamente por insectos especialmente adaptados.
Las olas de calor no afectan por igual a todas las especies. Algunas originarias de ambientes mediterráneos están mejor preparadas para soportar temperaturas elevadas, mientras que otras reducen su actividad, buscan refugio o pueden sufrir daños fisiológicos.
El impacto puede agravarse cuando el insecto ya está debilitado. Investigaciones sobre olas de calor e infecciones en abejas muestran que la combinación entre temperaturas extremas y patógenos puede reducir su tolerancia térmica y su capacidad para buscar alimento.
La gran abeja carpintera avanza en Baden-Württemberg
Las especies acostumbradas al clima mediterráneo pueden encontrar condiciones más favorables a medida que aumentan las temperaturas. Entre ellas se encuentra la gran abeja carpintera, un insecto que ha ampliado su presencia en Baden-Württemberg.
Los días calurosos no representan necesariamente un problema para esta especie. No obstante, Staniczek advierte que la pérdida de espacios naturales, la ocupación intensiva del territorio y los monocultivos agrícolas afectan a los insectos independientemente de que las temperaturas sean altas o bajas.
Una agricultura muy uniforme ofrece pocos refugios y una diversidad limitada de flores. Incluso las especies capaces de tolerar el calor necesitan alimento, zonas de nidificación y paisajes donde puedan desplazarse.
Las zonas más cálidas producen menos miel
Una colmena del tamaño observado en la explotación de Armin Glock puede albergar entre 20.000 y 30.000 abejas melíferas. La capacidad colectiva de estos insectos para ventilar y enfriar los panales es considerable, pero no garantiza una cosecha abundante.
Los panales procedentes de emplazamientos más frescos estaban bien llenos y podían pasar por el extractor, donde la rotación separa la miel de la cera. En cambio, las colonias instaladas en zonas muy cálidas produjeron cantidades sensiblemente menores.
Para algunos apicultores, la reducción significa obtener solo la mitad de la miel cosechada durante el año anterior. La diferencia no se explica únicamente por el calor dentro de la colmena, sino también por su efecto sobre las plantas, la humedad del suelo y la producción de néctar.
La combinación de temperaturas elevadas, menor oferta floral y mayor esfuerzo destinado a refrigerar la colonia convierte el estrés térmico en un problema productivo. Aunque las abejas pueden mantener los panales cerca de su rango adecuado, necesitan agua disponible, sombra y suficientes recursos vegetales para sostener ese trabajo.
El manejo del entorno gana importancia
La experiencia en Baden-Württemberg pone de relieve la utilidad de ubicar las colmenas en lugares con sombra parcial y acceso cercano a agua limpia. Estas condiciones pueden reducir la distancia que deben recorrer las abejas encargadas de refrigerar el nido.
También resulta necesario evaluar la disponibilidad de flores. Un emplazamiento fresco puede proteger a las colonias del calor, pero ofrecer poco néctar; una zona con abundante floración puede perder rápidamente su valor si queda expuesta a temperaturas extremas y sequedad prolongada.
El seguimiento de la temperatura interior, el peso de las colmenas y la entrada de néctar puede ayudar a identificar cambios antes de la cosecha. Cuando las reservas son escasas, retirar toda la miel disponible podría dejar a la colonia sin alimento suficiente para afrontar periodos posteriores de menor floración.
En las regiones más cálidas observadas por los apicultores alemanes, la caída de la cosecha confirma que la capacidad de enfriamiento de las abejas no elimina el impacto económico del calor. La colonia puede conservar condiciones habitables dentro del panal y, al mismo tiempo, producir menos miel.
Fuente(s) referenciales
SWR Aktuell — Auch Insekten leiden unter Hitze: Honigbiene kühlt Bienenstock mit Wasser

