Botanica y Genética

Calzoncillos enterrados revelan la actividad del suelo

Publicado el 15/09/2026 · REDACCION

Un proyecto de ciencia ciudadana reunió a 115 horticultores de Leiden y La Haya para estudiar cómo los microorganismos influyen en los guisantes, su sabor y la percepción del huerto como ecosistema


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.

Unos calzoncillos de algodón enterrados en huertos comunitarios ayudaron a científicos de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, a observar de manera sencilla la actividad biológica del suelo. La experiencia formó parte del proyecto Proef je Tuin! —Prueba tu huerto—, en el que participaron 115 horticultores de Leiden y La Haya durante el verano de 2026.

La investigación combinó el cultivo de guisantes tirabeques, el análisis de muestras de suelo, el recuento de nódulos en las raíces, una prueba de sabor y actividades de divulgación. El objetivo es comprender mejor las conexiones entre los microorganismos del suelo, las características de las plantas y la experiencia de quienes producen alimentos en huertos comunitarios.

El algodón funciona como señal de actividad biológica

A partir del 27 de abril, cada participante enterró una prenda de algodón en su parcela y la recuperó semanas después. La degradación del tejido ofreció una representación visible de un proceso que normalmente permanece oculto: la acción conjunta de microorganismos y otros organismos capaces de descomponer materiales orgánicos.

Una prenda muy deteriorada puede indicar una intensa actividad descomponedora, mientras que una conservación mayor sugiere una descomposición más lenta durante el periodo de observación. La prueba, sin embargo, no sustituye un análisis integral de la salud del suelo, porque el resultado también puede estar condicionado por la humedad, la temperatura, la profundidad y otras características de cada parcela.

El experimento permitió acercar a los participantes a procesos relacionados con la actividad microbiana y la recuperación del carbono del suelo. También mostró por qué la calidad de un terreno agrícola no depende únicamente de sus nutrientes, sino de las relaciones entre plantas, microorganismos, materia orgánica y manejo.

Guisantes iguales en parcelas diferentes

Todos los horticultores recibieron semillas del mismo tipo de guisante tirabeque y unas instrucciones comunes, pero las plantas crecieron en terrenos manejados de distintas maneras. Esta distribución permitió reunir muestras procedentes de numerosos ambientes dentro de una región relativamente pequeña, algo que el equipo científico difícilmente habría podido reproducir sin la participación ciudadana.

La bióloga Marieke Elfferich, investigadora doctoral, estudia la relación entre el microbioma del suelo, la salud vegetal y la composición química de las plantas. Aunque se conoce bastante sobre los microorganismos capaces de causar enfermedades, existe menos información sobre aquellos que benefician a los cultivos o que podrían relacionarse con propiedades como el sabor y la resistencia.

Esta línea de trabajo guarda relación con investigaciones sobre la retroalimentación entre plantas y comunidades del suelo, así como con estudios que examinan cómo el exceso de fertilizantes puede debilitar microorganismos esenciales. En conjunto, estas evidencias subrayan que las decisiones de manejo pueden modificar las comunidades biológicas que sostienen los procesos productivos.

Los nódulos de las raíces aportan otra pista

La elección del guisante respondió a que esta planta crece con relativa rapidez y forma pequeños nódulos en sus raíces. En esas estructuras mantiene una asociación con bacterias capaces de fijar nitrógeno. Los participantes examinaron y contaron los nódulos, cuya coloración rosada interna puede ser una señal de actividad.

La observación permitió presentar de forma tangible una interacción que también se produce en otros cultivos leguminosos. El papel de estas asociaciones resulta relevante para comprender cómo las legumbres incorporan nitrógeno al sistema agrícola y por qué la biología del suelo debe considerarse al diseñar rotaciones y prácticas de fertilización.

Una prueba de sabor abre nuevas preguntas

Durante el festival de la cosecha, los participantes probaron guisantes procedentes de diferentes parcelas. Algunas muestras recibieron de manera consistente mejores valoraciones, pero los investigadores todavía deben determinar si esas preferencias tienen una explicación química y si pueden vincularse con microorganismos concretos.

Elfferich analizará la composición química de las plantas para buscar posibles relaciones entre el microbioma y características asociadas con el sabor o la resistencia, incluidos ciertos antioxidantes. Por ahora, estas relaciones constituyen una hipótesis de trabajo y no un resultado confirmado.

El equipo también extraerá ADN de las muestras de suelo y lo enviará a un laboratorio especializado. El análisis permitirá identificar los microorganismos presentes en cada parcela y comparar esa información con el desarrollo de las plantas, sus compuestos químicos y las observaciones reunidas por los horticultores.

Los horticultores aportaron experiencia y diversidad

La investigadora doctoral Shana Hepping examinó la dimensión social del proyecto y los posibles cambios en la manera en que los participantes entendían el microbioma. Al comienzo, muchos lo asociaban principalmente con el intestino humano, las bacterias o las enfermedades; posteriormente comenzaron a interpretar el suelo, las plantas y las personas como componentes de un sistema conectado.

Los huertos comunitarios aportaron, además, una diversidad de normas, costumbres y prácticas de manejo. Para los investigadores, los horticultores no fueron únicamente colaboradores encargados de sembrar o recolectar muestras, sino personas con experiencia práctica capaz de ampliar la interpretación científica del trabajo.

El estudio se desarrolla dentro de Soils2Guts, un proyecto dirigido por la Universidad de Leiden que investiga las relaciones entre la salud del suelo, las prácticas agrícolas, la calidad de los alimentos y el microbioma intestinal humano. La iniciativa se extiende de 2023 a 2029, cuenta con financiación del Consejo Neerlandés de Investigación y reúne a especialistas de la Universidad de Leiden, NIOO-KNAW y centros médicos.

Fuentes referenciales:
Phys.org
Centre for Sustainability Leiden-Delft-Erasmus



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