Agricultura

Canadá: granos perennes y diversidad de cultivos protegen el suelo

Publicado el 06/07/2026 · REDACCION

Un estudio de la Universidad McGill sugiere que sustituir trigo anual por granos perennes puede fortalecer la salud del suelo ante lluvias más variables


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz

Un estudio de la Universidad McGill, en Canadá, plantea que diversificar los cultivos y reemplazar parte del trigo anual por granos perennes podría ayudar a proteger la salud del suelo en un escenario de lluvias cada vez más variables por el cambio climático.

La investigación, publicada en la revista Applied Soil Ecology, analizó cómo distintos sistemas de cultivo responden a condiciones de humedad cambiantes. El trabajo se enfoca en una pregunta central para la agricultura: qué prácticas pueden ayudar a conservar la estructura, actividad biológica y funcionalidad del suelo cuando el clima se vuelve menos predecible.

El suelo frente a lluvias más variables

La variabilidad de las precipitaciones puede alterar procesos esenciales del suelo, como la actividad microbiana, la disponibilidad de nutrientes y la estabilidad de los agregados. Cuando los períodos secos y húmedos se vuelven más irregulares, los sistemas agrícolas dependen más de prácticas que amortigüen esos cambios.

En ese contexto, la rotación de cultivos y la diversificación productiva ganan importancia porque pueden mejorar la resiliencia del suelo frente a condiciones climáticas difíciles.

Trigo anual frente a granos perennes

El trigo anual debe sembrarse cada temporada, lo que implica una mayor alteración del suelo. Los granos perennes, en cambio, permanecen vivos durante varios años, mantienen raíces activas por más tiempo y pueden sostener una cobertura más estable del terreno.

Ese rasgo es relevante porque las raíces persistentes ayudan a conservar la estructura del suelo, reducir pérdidas por erosión y alimentar comunidades microbianas. En cultivos como los cereales perennes, el sistema radical profundo se considera una de las principales ventajas agronómicas y ambientales.

Diversidad para estabilizar funciones del suelo

El estudio de McGill sugiere que los sistemas con mayor diversidad de cultivos pueden sostener mejor algunas funciones del suelo cuando cambian los patrones de lluvia. La diversidad vegetal aporta distintos tipos de raíces, residuos y compuestos orgánicos, lo que favorece una comunidad biológica más amplia.

Esta idea coincide con investigaciones que muestran que las rotaciones más diversas pueden reducir riesgos productivos y mejorar la estabilidad de los sistemas agrícolas. En condiciones de estrés climático, la diversidad no solo se mide por la cantidad de especies sembradas, sino por la variedad de funciones que esas especies cumplen en el suelo.

Microbios, raíces y salud del suelo

La salud del suelo depende de procesos físicos, químicos y biológicos. Las raíces vivas, los residuos vegetales y los microorganismos forman una red que influye en la disponibilidad de nutrientes, la retención de agua y la capacidad del suelo para recuperarse después de eventos extremos.

Por eso, el estudio refuerza el interés por comprender el microbioma del suelo como parte de la productividad agrícola. Las decisiones de cultivo modifican esa comunidad invisible y pueden fortalecer o debilitar su respuesta ante sequías, lluvias intensas o cambios bruscos de humedad.

Una herramienta de adaptación climática

La propuesta no implica abandonar de inmediato los cereales anuales, sino evaluar combinaciones más resilientes. En regiones donde la lluvia se vuelve más incierta, incorporar granos perennes o ampliar la diversidad de cultivos puede ser una estrategia complementaria para proteger la base productiva.

El interés por los granos perennes también está relacionado con su capacidad de reducir la necesidad de remover el suelo todos los años. Menos disturbio puede significar menor erosión, mayor acumulación de materia orgánica y mejor protección frente a lluvias intensas.

Un camino aún en desarrollo

Los granos perennes todavía enfrentan desafíos agronómicos y comerciales. En muchos casos, sus rendimientos no alcanzan los de los cereales anuales consolidados, y su adopción depende de mejoramiento genético, mercados estables y manejo técnico adaptado a cada región.

Sin embargo, experiencias recientes con cultivos como Kernza muestran que estos sistemas están ganando espacio en la conversación sobre agricultura sostenible. Su potencial no se limita al rendimiento por hectárea, sino también a la conservación del suelo, el uso del agua y la estabilidad del agroecosistema.

Implicaciones para la agricultura

El trabajo de la Universidad McGill aporta evidencia a favor de diseñar sistemas agrícolas menos dependientes de una sola especie y de ciclos anuales muy intensivos. La diversificación de cultivos y la inclusión de granos perennes pueden ayudar a sostener funciones clave del suelo bajo estrés climático.

Para los productores, el mensaje es práctico: la salud del suelo debe considerarse una inversión productiva de largo plazo. En escenarios de lluvia variable, las raíces permanentes, la cobertura vegetal y la diversidad de cultivos pueden convertirse en herramientas tan importantes como la fertilización o la elección varietal.

Fuente(s) referenciales

Phys.org



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