Un análisis nacional de la Universidad Estatal de Colorado encontró mayores beneficios productivos cuando existe una disponibilidad moderada de agua
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
El carbono orgánico del suelo mejora el rendimiento y la estabilidad de los cultivos en numerosos escenarios, pero no consigue proteger la producción cuando la sequía alcanza niveles extremos, según una investigación de la Universidad Estatal de Colorado, en Estados Unidos.
El resultado contradice la idea extendida de que el mayor beneficio productivo del carbono aparece precisamente durante los periodos más secos. El estudio indica que su contribución es más visible bajo condiciones hídricas moderadas o favorables, cuando las plantas todavía disponen de agua para aprovechar las mejoras del suelo.
Los investigadores estudiaron maíz, soja y trigo de primavera de secano mediante registros agrícolas recopilados durante décadas en condados de Estados Unidos. El trabajo, publicado en Global Change Biology, constituye el primer análisis que cuantifica a escala nacional las posibles ganancias de resiliencia productiva asociadas con el carbono orgánico del suelo.
El análisis combinó rendimiento, humedad y demanda atmosférica
El equipo utilizó datos históricos de rendimiento por condado procedentes del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Esta información fue combinada con mediciones diarias de humedad del suelo y demanda atmosférica de agua.
A partir de esos conjuntos de datos, los investigadores desarrollaron modelos para determinar cómo respondían los tres cultivos a diferentes condiciones meteorológicas y cómo variaba esa respuesta según el contenido de carbono orgánico.
El estudio encontró una asociación consistente entre mayores niveles de carbono y aumentos generales del rendimiento. Los campos con más carbono también mostraron una producción más estable entre años, lo que señala un beneficio para la resiliencia agrícola a largo plazo.
La investigación amplía trabajos anteriores que habían identificado una relación positiva, pero limitada, entre carbono orgánico y rendimiento. El efecto no aumenta de forma indefinida y depende de las condiciones agronómicas y ambientales de cada terreno.
La capacidad de almacenar agua tiene un límite práctico
El carbono orgánico favorece la estructura del suelo y puede aumentar su capacidad para almacenar agua. Sin embargo, esa ventaja solo resulta útil si existe suficiente humedad disponible para llenar parte de ese espacio y abastecer las raíces.
Durante una sequía extrema, la escasez puede ser tan profunda que el suelo no recibe agua suficiente para aprovechar su mayor capacidad de almacenamiento. En esas condiciones, el cultivo continúa sometido a un déficit severo aunque el terreno contenga más carbono.
Nathan Mueller, profesor asociado de los departamentos de Ciencia y Sostenibilidad de los Ecosistemas y Ciencias del Suelo y los Cultivos, explicó que las plantas necesitan encontrar cierta cantidad de agua en el perfil para beneficiarse de las mejoras asociadas con el carbono.
El proceso puede compararse con ampliar un depósito: una mayor capacidad ofrece ventajas cuando existe agua para almacenarla, pero no soluciona la ausencia de precipitaciones. Por esta razón, el resultado no significa que el carbono carezca de valor durante cualquier sequía, sino que su capacidad protectora desaparece bajo los episodios más extremos.
El mayor beneficio apareció en condiciones moderadas
Alison King, primera autora del estudio, señaló que el carbono orgánico sí beneficia a los cultivos durante periodos secos. Sin embargo, los mayores incrementos de rendimiento aparecieron bajo condiciones de crecimiento ideales o con una disponibilidad moderada de agua.
Los años moderados son más frecuentes que los episodios extremos. Aunque la mejora observada durante una campaña pueda parecer limitada, los beneficios acumulados a lo largo de varias temporadas pueden contribuir a la rentabilidad y estabilidad de las explotaciones.
Esta diferencia resulta importante para comunicar expectativas realistas a los productores. Elevar el carbono puede mejorar la salud del suelo y reducir la variabilidad anual, pero no debe presentarse como una garantía contra cualquier sequía.
La conclusión coincide con la necesidad de interpretar las prácticas de manejo según el contexto. Un análisis sobre cultivos de cobertura, rendimiento y almacenamiento de carbono mostró que determinadas estrategias pueden ofrecer resultados distintos según el clima, la especie y la disponibilidad de agua.
El hallazgo no reduce la importancia de la materia orgánica
El estudio no cuestiona los beneficios generales de conservar o aumentar el carbono del suelo. La materia orgánica participa en la formación de agregados, el reciclaje de nutrientes, la actividad microbiana y la retención de humedad, además de contribuir a disminuir la erosión.
Prácticas como reducir la intensidad de la labranza, mantener residuos agrícolas, incorporar compost y utilizar rotaciones más diversas pueden ayudar a conservar carbono. Investigaciones en el Medio Oeste estadounidense han relacionado la reducción de la labranza con mayores niveles de carbono y mejoras del suelo.
Estos beneficios continúan siendo relevantes aunque no eviten las pérdidas causadas por una sequía extrema. La salud del suelo debe valorarse por el conjunto de servicios que proporciona durante distintos años, no únicamente por su respuesta frente al peor escenario climático.
Especialistas en edafología también han advertido que el calor, la deshidratación y otros fenómenos extremos reducen la capacidad del terreno para amortiguar los impactos. Por ello, mantener la materia orgánica sigue siendo esencial para la resiliencia del suelo, aunque deba combinarse con otras medidas.
La respuesta a la sequía requiere varias herramientas
Los resultados indican que los programas de resiliencia no deberían depender exclusivamente del aumento del carbono orgánico. En regiones expuestas a déficits hídricos severos también será necesario considerar variedades tolerantes, fechas de siembra ajustadas, conservación de humedad, reducción de evaporación y sistemas eficientes de riego donde exista agua disponible.
La selección de prácticas debe responder al cultivo, la textura del suelo, la profundidad de las raíces y el régimen local de precipitaciones. Una estrategia adecuada para una región con sequías ocasionales puede resultar insuficiente en otra donde los déficits extremos son frecuentes.
Los modelos utilizados permiten separar mejor las condiciones en las que el carbono aporta una ventaja productiva. También ayudan a evitar que los agricultores reciban promesas que una práctica no puede cumplir durante eventos que superan la capacidad de respuesta del suelo.
La investigación ofrece una lectura más precisa: aumentar el carbono mejora los rendimientos en general y reduce parte de la variación entre campañas, pero necesita interactuar con una disponibilidad mínima de agua. Cuando esa condición desaparece, sus beneficios productivos quedan limitados.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad Estatal de Colorado
Global Change Biology

