Agricultura

Chile refuerza la detección de hongos que dañan cerezos y ciruelos

Publicado el 21/10/2026 ·

El INIA desarrolla en la región de O’Higgins un sistema de vigilancia de enfermedades de la madera que busca anticipar las infecciones. Estos patógenos pueden provocar pérdidas de rendimiento de hasta el 46 % en cerezo y el 51 % en ciruelo.


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Eduardo Schmitz

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) de Chile está desarrollando un sistema de detección y alerta temprana para combatir las enfermedades fúngicas de la madera que afectan a los frutales de carozo. La iniciativa, presentada a productores de la región de O’Higgins y difundida oficialmente el 14 de octubre de 2026, busca identificar la presencia de hongos patógenos antes de que ocasionen daños irreversibles en los árboles. La investigación responde a un problema sanitario capaz de reducir considerablemente la productividad de cerezos y ciruelos.

El proyecto incorpora un dispositivo automatizado de captura y detección de esporas, conocido como cazaespora, cuya validación se encuentra en desarrollo. Su finalidad es proporcionar información sobre la presencia de inóculo fúngico en el ambiente y facilitar decisiones preventivas en los huertos.

La iniciativa también contempla capacitación para los agricultores, reconocimiento de síntomas, buenas prácticas de poda y utilización de información meteorológica para comprender las condiciones que favorecen la propagación de enfermedades.

Según el INIA, las pérdidas de rendimiento asociadas con estos problemas sanitarios pueden alcanzar hasta el 46 % en cerezo y el 51 % en ciruelo. Se trata de magnitudes potenciales comunicadas por los especialistas, no de pérdidas registradas de manera generalizada en todos los huertos de la región.

Las enfermedades de la madera pueden avanzar sin síntomas evidentes

Uno de los principales obstáculos para controlar estas enfermedades es que los hongos pueden establecerse dentro de los tejidos leñosos y desarrollarse durante un período considerable antes de que aparezcan señales externas claramente reconocibles.

La fitopatóloga Daina Grinbergs, investigadora del INIA Quilamapu, explicó que estos organismos pueden ingresar a los árboles a través de heridas presentes en la madera.

Una vez establecidos, algunos patógenos afectan los tejidos encargados de transportar agua y nutrientes. Esta alteración puede comprometer el funcionamiento fisiológico del árbol y perjudicar su crecimiento y capacidad productiva.

El daño puede manifestarse mediante debilitamiento de ramas, deterioro de tejidos y otros síntomas cuya interpretación requiere conocimientos especializados.

La dificultad aumenta porque diferentes enfermedades pueden producir señales aparentemente similares, aunque sus agentes causales y las medidas necesarias para controlarlas sean distintos.

Por esa razón, el reconocimiento temprano de los problemas sanitarios constituye una parte esencial del manejo de los huertos.

Los hongos pueden confundirse con el cáncer bacteriano

El INIA destacó una dificultad concreta en el diagnóstico de enfermedades de la madera: algunos síntomas producidos por hongos pueden confundirse con los ocasionados por bacterias.

Entre los organismos mencionados por la institución figura Pseudomonas syringae pv. syringae, una bacteria asociada con el cáncer bacteriano de frutales de carozo.

Sus daños pueden presentar semejanzas con las manifestaciones iniciales de hongos como Cytospora spp. y Calosphaeria pulchella.

La diferencia resulta fundamental porque una enfermedad bacteriana y una fúngica no necesariamente responden a las mismas medidas de control.

El problema de las infecciones agrícolas causadas por Pseudomonas syringae también ha motivado investigaciones destinadas a desarrollar alternativas de control para distintos cultivos.

En el caso de los frutales de carozo, el INIA considera necesario fortalecer la capacidad de los productores para reconocer las enfermedades y evitar decisiones basadas únicamente en la apariencia externa de las lesiones.

Un diagnóstico incorrecto puede retrasar la intervención adecuada y permitir que el deterioro continúe avanzando.

Un dispositivo busca detectar esporas antes de que aparezcan daños graves

El componente central del proyecto es un sistema automatizado de vigilancia de esporas fúngicas presentes en el aire.

El dispositivo, denominado cazaespora, está diseñado para apoyar el seguimiento del inóculo de hongos asociados con enfermedades de la madera.

El inóculo comprende las estructuras capaces de iniciar nuevas infecciones. En numerosas enfermedades fúngicas, las esporas constituyen una de las principales vías de dispersión del patógeno.

El proyecto pretende utilizar la información obtenida mediante el monitoreo para generar alertas que permitan actuar antes de que se produzcan daños importantes.

Simón Navarrete, jefe de investigación y desarrollo de la línea de fungicidas y biofungicidas de ANASAC, empresa colaboradora de la iniciativa, destacó la utilidad del seguimiento del inóculo aéreo para orientar intervenciones preventivas.

La tecnología se encuentra en fase de validación, por lo que no corresponde presentar su eficacia definitiva como un resultado ya demostrado en condiciones comerciales generalizadas.

La investigación busca establecer una herramienta de apoyo para la toma de decisiones y comprobar su funcionamiento dentro de los sistemas productivos regionales.

Las alertas permitirían ajustar el momento de los tratamientos

El sistema contempla la posibilidad de comunicar alertas a los agricultores mediante mensajes de texto.

El objetivo es que los productores dispongan de información oportuna sobre la presencia de patógenos y puedan evaluar medidas de control en función del riesgo detectado.

Esta estrategia pretende superar las limitaciones de un manejo basado exclusivamente en la observación de síntomas visibles.

Cuando una enfermedad de la madera ya ha provocado deterioro interno significativo, las posibilidades de recuperación de los tejidos afectados pueden ser limitadas.

Por ello, la prevención y la identificación temprana adquieren especial relevancia.

El proyecto también busca favorecer aplicaciones más oportunas y precisas de fungicidas, siempre dentro de las recomendaciones técnicas y autorizaciones correspondientes.

Sin embargo, la detección de esporas no significa necesariamente que todos los árboles estén infectados. La interpretación debe considerar el patógeno identificado, las condiciones ambientales y la susceptibilidad del cultivo.

Las alertas deberán integrarse con la observación del huerto y el diagnóstico fitopatológico cuando resulte necesario.

La poda representa una vía de entrada para los patógenos

Las heridas presentes en los árboles constituyen uno de los aspectos más importantes del manejo preventivo de las enfermedades de la madera.

Estas lesiones pueden originarse durante las operaciones de poda, por daños mecánicos o mediante otros procesos que dejan expuestos los tejidos internos.

Los hongos capaces de colonizar la madera pueden aprovechar esas aberturas para ingresar y establecerse.

La importancia de realizar la poda de los frutales en condiciones adecuadas no se limita a regular el crecimiento y la producción: también influye en la exposición de los árboles a determinados agentes patógenos.

Durante las jornadas de capacitación organizadas por el INIA, los especialistas abordaron las buenas prácticas de poda como parte del manejo sanitario.

Entre los aspectos que deben evaluarse se encuentran el momento de intervención, el estado sanitario de las ramas y las condiciones ambientales presentes durante las labores.

También es importante evitar daños innecesarios y utilizar herramientas apropiadas.

Las recomendaciones concretas deben adaptarse a la especie, el sistema de conducción y las enfermedades presentes en cada zona productiva.

Las condiciones meteorológicas influyen en el riesgo de infección

El proyecto incorpora el uso de estaciones meteorológicas para observar variables ambientales relacionadas con la propagación de enfermedades.

La humedad y la temperatura pueden influir sobre la producción, liberación y dispersión de esporas, aunque sus efectos dependen de las características de cada patógeno.

Las precipitaciones también pueden modificar las condiciones de las heridas y de los tejidos expuestos.

Por esa razón, la vigilancia sanitaria debe considerar tanto la presencia del organismo causante como el ambiente en el que se encuentra el huerto.

La combinación de información meteorológica y monitoreo de esporas podría proporcionar señales más útiles que cualquiera de estos indicadores por separado.

En la práctica, el agricultor necesita conocer cuándo existe un riesgo suficientemente relevante para justificar una intervención.

El sistema del INIA busca avanzar hacia esa capacidad de anticipación, aunque su funcionamiento operativo todavía requiere validación.

O’Higgins concentra una parte fundamental de la fruticultura chilena

La región de O’Higgins ocupa una posición estratégica dentro de la producción nacional de frutales de carozo.

De acuerdo con los antecedentes de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) citados por el INIA, la región concentra el 51 % de la superficie chilena destinada a estos frutales, con más de 52.000 hectáreas.

Esta concentración productiva explica el interés por desarrollar mecanismos de prevención capaces de reducir las pérdidas sanitarias.

Los frutales de carozo incluyen especies como cerezos, ciruelos, durazneros y nectarinos, cuyos frutos contienen una semilla protegida por un endocarpio endurecido.

Las necesidades de manejo y los problemas sanitarios pueden variar entre especies, variedades y condiciones de cultivo.

La relevancia económica de la producción frutícola regional hace que las enfermedades capaces de comprometer la vida útil de los árboles tengan consecuencias potenciales durante varias temporadas.

A diferencia de una pérdida limitada a una cosecha, el deterioro permanente de ramas o estructuras productivas puede afectar la capacidad del huerto para mantener rendimientos estables.

Más de cien participantes recibieron capacitación en terreno

Como parte del proyecto, el INIA organizó dos jornadas técnicas los días 22 y 23 de septiembre de 2026.

Las actividades se realizaron en huertos de Rengo y Placilla, respectivamente, y reunieron a más de cien participantes.

Entre los asistentes estuvieron productores, especialistas agrícolas y representantes de instituciones públicas y privadas.

Las jornadas incluyeron reconocimiento de enfermedades de la madera, análisis del efecto del estrés abiótico sobre su desarrollo y recomendaciones de manejo para conservar la sanidad y productividad de los árboles.

También se presentaron las posibilidades del monitoreo meteorológico y del dispositivo automatizado de detección de esporas.

La capacitación constituye una parte importante de la iniciativa porque disponer de información técnica no garantiza, por sí solo, que pueda utilizarse correctamente en las explotaciones.

Los productores necesitan interpretar las señales del monitoreo y relacionarlas con el estado real de sus huertos.

El diagnóstico temprano debe distinguir enfermedades diferentes

Una de las principales enseñanzas de las actividades fue la necesidad de diferenciar los agentes causales antes de definir medidas de control.

Los daños externos de algunas enfermedades pueden parecerse entre sí, pero responder a procesos biológicos distintos.

Esta dificultad no se limita a los hongos de la madera. En fruticultura también existen enfermedades bacterianas que requieren estrategias de diagnóstico específicas.

El problema sanitario debe abordarse mediante una evaluación que considere síntomas, antecedentes del cultivo y, cuando corresponda, análisis especializados.

La identificación correcta permite evitar tratamientos inadecuados y mejorar la oportunidad de las intervenciones.

También facilita distinguir una enfermedad infecciosa de alteraciones asociadas con factores ambientales o daños mecánicos.

En este contexto, las prácticas de poda y renovación de ramas en árboles frutales deben evaluarse no solamente por sus efectos sobre la estructura del árbol, sino también por sus posibles consecuencias sanitarias.

La prevención busca proteger la productividad de los huertos

Las enfermedades de la madera representan un desafío particular porque pueden afectar estructuras permanentes de las plantas.

Cuando los tejidos conductores resultan dañados, el árbol puede experimentar dificultades para transportar agua y nutrientes hacia las partes productivas.

Esto puede alterar el crecimiento, debilitar ramas y comprometer el desarrollo de frutos.

La investigadora Daina Grinbergs advirtió que las disminuciones de rendimiento asociadas con estos patógenos pueden alcanzar hasta el 46 % en cerezo y el 51 % en ciruelo.

Las cifras reflejan la gravedad potencial del problema, pero no representan una estimación de las pérdidas económicas totales de la región de O’Higgins durante 2026.

El proyecto tampoco ha comunicado todavía un porcentaje de reducción de pérdidas atribuible al nuevo sistema de detección.

Su contribución esperada consiste en mejorar la capacidad de anticipar situaciones de riesgo y facilitar decisiones de manejo antes de que las infecciones provoquen daños avanzados.

Un proyecto con participación pública y privada

La iniciativa lleva por nombre «Transferencia del sistema de detección y alerta en tiempo real para el control preventivo y oportuno de las principales enfermedades fungosas de madera que afectan a los frutales de carozo».

Su ejecución corresponde al INIA, con participación del Centro Regional de Investigación INIA Rayentué.

El financiamiento procede del Fondo Regional para la Productividad y el Desarrollo de O’Higgins.

La dirección del proyecto está a cargo de Fabiola Altimira, investigadora del INIA La Platina.

ANASAC participa como socio estratégico del sector privado.

En las actividades de transferencia también colaboraron coordinadores del Programa de Desarrollo Local (PRODESAL) de Rengo, Placilla, Nancagua y Peralillo.

La participación de estas instituciones busca facilitar el acceso de pequeños y medianos productores a conocimientos y herramientas de prevención sanitaria.

El gobernador regional, Pablo Silva Amaya, destacó la importancia de fortalecer las capacidades de los agricultores mediante iniciativas que vinculen investigación y manejo productivo.

La validación determinará su utilidad para los agricultores

El avance presentado por el INIA constituye una etapa concreta de un proyecto orientado a mejorar el manejo de enfermedades fúngicas de la madera.

La institución ya realizó jornadas de capacitación, presentó el funcionamiento del sistema de vigilancia y explicó su aplicación prevista dentro de los huertos.

Sin embargo, el dispositivo automatizado continúa en validación. Por tanto, todavía no se dispone de resultados definitivos que permitan establecer cuánto reducirá las infecciones o las pérdidas de rendimiento en condiciones comerciales.

Para determinar su utilidad será necesario comprobar la capacidad de detección, la oportunidad de las alertas y la relación entre las señales registradas y el riesgo efectivo de enfermedad.

La interpretación de esos datos deberá complementarse con prácticas agronómicas adecuadas y diagnósticos confiables.

El trabajo desarrollado en O’Higgins responde a una necesidad concreta de la fruticultura chilena: detectar a tiempo patógenos que pueden avanzar dentro de los árboles sin manifestaciones evidentes durante sus primeras etapas.

La combinación de vigilancia sanitaria, capacitación y buenas prácticas de poda constituye el eje de una estrategia que busca proteger la productividad de cerezos, ciruelos y otros frutales de carozo.

Fuente referencial:
Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile (INIA) — Capacitación y sistema de detección de enfermedades de madera en frutales de carozo, 14 de octubre de 2026