Agricultura

La confianza entre agricultores impulsa la innovación climática

Publicado el 09/08/2026 · REDACCION

Un estudio con 514 pequeños productores de Guatemala y Honduras muestra que las relaciones comunitarias facilitan el intercambio de prácticas agrícolas resilientes


Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz

La confianza construida entre agricultores puede ser determinante para que las innovaciones agrícolas adaptadas al clima circulen, se comprendan y comiencen a extenderse en las comunidades rurales, según un estudio realizado con 514 pequeños productores de Guatemala y Honduras.

La investigación fue desarrollada por especialistas de la Alianza de Bioversity International y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), la Universidad de Copenhague y la Fundación Gates. Sus resultados fueron publicados en la revista Agricultural Systems.

El trabajo indica que una solución técnicamente eficaz no se difunde únicamente por sus cualidades agronómicas. Su expansión también depende de las relaciones de confianza, el apoyo mutuo y las oportunidades que tienen los productores para compartir experiencias y adaptar las prácticas a sus propias fincas.

El estudio analizó comunidades agrícolas de dos países

Los 514 participantes formaban parte de los Territorios Sostenibles Adaptados al Clima, conocidos como TeSAC. Estas iniciativas funcionan como espacios donde comunidades, investigadores y organizaciones prueban diferentes alternativas para fortalecer la producción ante sequías, lluvias irregulares y otros riesgos.

Los investigadores examinaron cómo distintas dimensiones del capital social influían en el intercambio de conocimientos sobre agricultura climáticamente inteligente. Este concepto abarca las relaciones, normas de colaboración y redes que permiten a los miembros de una comunidad coordinarse y apoyarse.

El análisis no se limitó a determinar cuántas personas habían adoptado una práctica. Se concentró en una fase anterior: el momento en que los agricultores comienzan a hablar sobre una innovación, comparar resultados, resolver dudas y comunicar lo aprendido a otros productores.

Ese intercambio puede observarse antes de que una práctica alcance una adopción amplia. Por esta razón, el estudio propone utilizar la circulación del conocimiento como una señal temprana para comprender si una innovación está comenzando a extenderse de manera responsable.

La confianza comunitaria favorece el aprendizaje rural

Los resultados mostraron que los agricultores con mayor confianza en otros miembros de su comunidad tenían más probabilidades de intercambiar conocimientos sobre prácticas climáticamente inteligentes. Las relaciones cercanas fortalecían las redes de aprendizaje y facilitaban la discusión de experiencias.

La confianza permite que un productor exponga dificultades y resultados sin que el intercambio se limite a repetir una recomendación técnica. Los participantes pueden comparar condiciones de suelo, disponibilidad de agua, variedades, costos y calendarios antes de decidir si una práctica es adecuada para su explotación.

Deissy Martínez-Barón, investigadora de la Alianza de Bioversity International y el CIAT, explicó que el escalamiento depende tanto de las características de la innovación como de las dinámicas sociales que permiten compartir el conocimiento.

La relevancia de estas redes también aparece en estudios sobre agricultores que intercambian experiencias sobre prácticas regenerativas. En esos casos, los grupos informales de apoyo ayudaron a compartir información, equipos y respuestas frente a las dudas surgidas durante la transición productiva.

El apoyo mutuo compensa niveles bajos de confianza

El estudio identificó un papel particular para el apoyo entre productores. En las comunidades donde la confianza todavía era reducida, la orientación práctica, la colaboración y el intercambio de experiencias contribuían a mantener la circulación del conocimiento.

Esto significa que los programas no tienen que esperar a que existan relaciones comunitarias plenamente consolidadas. Pueden crear espacios de aprendizaje, parcelas demostrativas, grupos de productores y actividades compartidas que permitan construir vínculos alrededor de problemas concretos.

La confianza depositada en las organizaciones tuvo menos influencia sobre el intercambio que la confianza desarrollada entre los propios agricultores. El resultado no elimina la importancia de los servicios de extensión o de las instituciones, pero indica que las relaciones horizontales dentro de la comunidad tienen un peso específico.

Otros análisis han identificado las redes de pares y los servicios de extensión como herramientas para superar barreras a la agricultura climáticamente inteligente. La nueva investigación aporta evidencia procedente de comunidades centroamericanas sobre la dimensión social de ese proceso.

Compartir información no garantiza la adopción

Los autores encontraron una asociación positiva entre la adopción de prácticas climáticamente inteligentes y el intercambio de conocimiento. Sin embargo, el diseño del estudio no permite afirmar que compartir información provoque automáticamente la adopción de una tecnología.

La circulación del conocimiento forma parte de un proceso más amplio. Una práctica puede ser conocida y discutida, pero su incorporación dependerá también del costo, el acceso al crédito, la disponibilidad de insumos, la mano de obra, la seguridad sobre la tierra y la compatibilidad con el sistema productivo local.

De igual manera, una innovación útil en una comunidad puede necesitar modificaciones antes de trasladarse a otra. Diferencias en lluvias, altitud, suelos, mercados y organización familiar pueden alterar sus resultados.

La experiencia de parcelas piloto y zonificación agrícola en Centroamérica muestra la importancia de validar las recomendaciones en terreno. En Guatemala, Honduras y El Salvador, esa adaptación permitió ajustar fechas de siembra y probar semillas y herramientas climáticas bajo condiciones locales.

El escalamiento responsable comienza antes de la expansión

La investigación utiliza el concepto de escalamiento responsable para describir una expansión que considera las características de cada territorio, la inclusión de diferentes grupos y los posibles efectos no deseados de las innovaciones.

Desde esta perspectiva, ampliar una tecnología no consiste únicamente en distribuirla entre el mayor número posible de agricultores. También requiere determinar quién puede utilizarla, qué ajustes necesita y si sus beneficios y costos se distribuyen de manera equitativa.

Observar cómo se comparte el conocimiento ofrece información temprana a gobiernos, investigadores y organizaciones de desarrollo. Si una práctica genera interés, preguntas y experimentación comunitaria, existen señales de que podría avanzar hacia una adopción más amplia.

Por el contrario, una innovación que no logra incorporarse a las conversaciones y redes rurales puede enfrentar barreras que una evaluación exclusivamente técnica no detectaría. Estas dificultades pueden relacionarse con desconfianza, experiencias previas negativas, falta de acompañamiento o incompatibilidad con las prioridades locales.

Las soluciones deben llegar a las fincas en condiciones utilizables

La ciencia agrícola dispone de servicios de información climática, semillas adaptadas, sistemas de riego y otras herramientas para responder a condiciones más variables. El desafío consiste en lograr que esas soluciones sean comprensibles, accesibles y adecuadas para quienes deben aplicarlas.

La brecha entre el desarrollo científico y su utilización práctica ya ha sido señalada en análisis sobre innovaciones climáticas que todavía no llegan a suficientes agricultores. La nueva investigación añade que esa transferencia no depende solamente de financiación, infraestructura o asistencia técnica.

Los programas pueden fortalecer la difusión mediante productores demostradores, encuentros en campo, intercambios entre comunidades y mecanismos de acompañamiento posteriores a la primera prueba. Estas actividades permiten que la información científica se combine con la experiencia acumulada por las familias agricultoras.

Los autores sostienen que situar las dinámicas sociales en el centro de las estrategias puede favorecer la apropiación local y resultados más duraderos. El hallazgo adquiere especial importancia en pequeñas explotaciones, donde las decisiones suelen apoyarse en la observación de campos vecinos y en recomendaciones de personas conocidas.

El estudio no establece una fórmula única para todas las comunidades. Su aporte consiste en mostrar que la confianza y el apoyo mutuo son componentes medibles del proceso por el cual una innovación comienza a circular, se adapta y puede llegar a incorporarse a la producción rural.

Fuentes referenciales:
Phys.org
Agricultural Systems



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