Agricultura

Control biológico reduce el mildiu de la vid bajo alta presión

Publicado el 11/07/2026 · REDACCION

Un ensayo de dos años realizado en viñedos del sur de Italia identificó programas preventivos con microorganismos beneficiosos, extractos vegetales y dosis reducidas de cobre capaces de proteger hojas y racimos frente a Plasmopara viticola.


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.

Investigadores de la Universidad de Molise y del Consejo Nacional de Investigación de Italia, conocido como CNR, evaluaron diferentes estrategias biológicas e integradas para controlar el mildiu velloso de la vid, una de las enfermedades más destructivas de los viñedos.

El trabajo se desarrolló durante las temporadas agrícolas de 2022 y 2023 en viñedos de la región de Campania, en el sur de Italia. Los científicos compararon cuatro programas experimentales de origen biológico con un programa convencional basado en fungicidas sintéticos y con parcelas que no recibieron tratamiento.

La investigación fue publicada en la revista científica Agriculture, de MDPI, bajo el título Biological Strategies to Control Grapevine Downy Mildew Under High Disease Pressure Conditions. Entre sus autores figuran Davide Palmieri, Carmine Del Grosso y Simone Coluccia.

Una enfermedad favorecida por la humedad

El mildiu velloso de la vid está causado por el oomiceto Plasmopara viticola. El patógeno puede atacar hojas, brotes, inflorescencias, racimos y bayas jóvenes, afectando la fotosíntesis y reduciendo tanto el rendimiento como la calidad de la cosecha.

La enfermedad se propaga con rapidez cuando coinciden precipitaciones, humedad elevada y temperaturas favorables. Los daños pueden intensificarse durante la floración y las primeras etapas de formación de las bayas, cuando los tejidos de la planta presentan mayor susceptibilidad.

El problema también está relacionado con la aparición de poblaciones resistentes a determinados productos químicos. Esta situación ha impulsado la búsqueda de estrategias más diversificadas contra el mildiu velloso, capaces de mantener la protección sin depender continuamente de un único modo de acción.

Ensayos en viñedos de la variedad Fiano

Las pruebas se realizaron en viñedos no irrigados de aproximadamente diez años de edad plantados con la variedad Fiano. Las vides estaban conducidas mediante el sistema Guyot y se manejaron con las prácticas agronómicas habituales de la región de Campania.

Los investigadores analizaron cuatro programas experimentales identificados como BIO1, BIO2, BIO3 y COMB. Estos tratamientos incorporaron diferentes combinaciones de formulaciones con cobre, elicitores derivados de plantas y un bioformulado basado en una levadura beneficiosa.

El programa convencional, denominado CHEM, utilizó fungicidas sintéticos autorizados para el control del mildiu. Las parcelas sin tratar permitieron observar la evolución natural de la enfermedad y sirvieron como referencia para comparar la eficacia de las distintas estrategias.

Durante las dos temporadas se registraron datos meteorológicos, humedad relativa, periodos de mojado foliar, crecimiento de los brotes y desarrollo de la infección. La incidencia y la gravedad de la enfermedad se evaluaron periódicamente tanto en las hojas como en los racimos.

Levaduras, extractos vegetales y cobre

Una de las herramientas estudiadas fue un bioformulado a base de levadura, empleado por su capacidad para contribuir al control biológico del patógeno. La estrategia se combinó con sustancias naturales capaces de activar mecanismos defensivos de la vid.

Los programas también incluyeron extractos vegetales y formulaciones con cobre. Uno de los productos evaluados aportaba cobre unido a aminoácidos, una presentación diseñada para favorecer su disponibilidad dentro de los tejidos vegetales.

El propósito no consistía en eliminar por completo el cobre de los programas fitosanitarios, sino en utilizarlo de manera más eficiente y reducir su cantidad mediante la incorporación de herramientas biológicas complementarias.

Esta orientación responde a la preocupación por la acumulación de cobre en los suelos agrícolas y por la necesidad de disminuir la dependencia de fungicidas sintéticos sin dejar los viñedos expuestos a una enfermedad capaz de ocasionar pérdidas severas.

Dos programas mostraron mayor estabilidad

Los programas BIO2 y COMB fueron los que mantuvieron el comportamiento más consistente durante los dos años del ensayo. Su eficacia fue especialmente relevante en 2023, cuando la presión del mildiu aumentó considerablemente en los viñedos estudiados.

La temporada de 2023 fue una de las más difíciles de los últimos años para la viticultura italiana. Las condiciones meteorológicas favorecieron infecciones intensas de Plasmopara viticola, particularmente en regiones del centro y sur del país.

A pesar de ese escenario, BIO2 y COMB conservaron una mayor capacidad para limitar la enfermedad en hojas y racimos. El resultado mostró que determinadas combinaciones biológicas pueden sostener su actividad incluso cuando las condiciones ambientales favorecen una epidemia intensa.

El tratamiento COMB integró una formulación cúprica, el bioformulado de levadura y extractos vegetales. La combinación permitió aprovechar mecanismos de acción diferentes dentro de un mismo programa preventivo.

La aplicación preventiva fue determinante

Uno de los principales aprendizajes del ensayo fue la importancia de aplicar los tratamientos antes de que la enfermedad alcance niveles elevados. Los productos biológicos y los estimuladores de las defensas vegetales necesitan tiempo para interactuar con la planta o establecerse sobre sus tejidos.

Por esta razón, su eficacia puede disminuir cuando se aplican después de que el patógeno ya ha colonizado una parte importante del viñedo. El seguimiento meteorológico y la detección temprana resultan esenciales para decidir el momento de las intervenciones.

La prevención también forma parte del manejo sostenible de las enfermedades agrícolas, que combina vigilancia, condiciones ambientales, estado del cultivo y diferentes herramientas de protección.

Los investigadores observaron que las estrategias más eficaces no dependían de un único ingrediente. Su funcionamiento se relacionaba con la combinación de cobre, microorganismos beneficiosos, compuestos naturales y aplicaciones realizadas en fases adecuadas del desarrollo de la vid.

El manejo integrado continúa siendo necesario

Los resultados no plantean una sustitución inmediata de todos los fungicidas convencionales. Bajo condiciones de alta presión epidémica, la protección de los viñedos puede requerir programas integrados que combinen productos biológicos y químicos de manera selectiva.

Esta integración permite reservar los fungicidas sintéticos para momentos de mayor riesgo y utilizar herramientas biológicas durante otras etapas de la temporada. La alternancia también ayuda a disminuir la presión de selección que favorece la aparición de patógenos resistentes.

El enfoque coincide con los principios del manejo integrado de plagas, basado en combinar métodos de control y limitar los tratamientos químicos a las situaciones en las que resultan necesarios.

La comparación con el programa convencional mostró que las soluciones biológicas pueden convertirse en componentes funcionales de los calendarios de protección, siempre que se ajusten a la presión de la enfermedad, las condiciones meteorológicas y la fase fenológica de las plantas.

Una vía para reducir residuos y presión ambiental

La disminución del uso de productos sintéticos puede reducir la presencia de residuos en las uvas y limitar la exposición ambiental asociada con aplicaciones repetidas. La reducción del cobre también es relevante porque este elemento no se degrada y puede acumularse en los suelos de los viñedos.

Las estrategias basadas en microorganismos y sustancias naturales buscan reforzar la capacidad defensiva de las plantas, ocupar espacios que podrían ser colonizados por el patógeno o interferir directamente en su desarrollo.

Otros trabajos sobre biocompuestos para combatir enfermedades de la uva también muestran el interés de la viticultura por incorporar mecanismos distintos a los fungicidas convencionales.

La Universidad de Molise y el CNR consideran que los resultados obtenidos ofrecen una base para desarrollar programas más sostenibles contra el mildiu. Sin embargo, su implementación deberá adaptarse a cada región, variedad de uva, sistema de cultivo y nivel de riesgo epidemiológico.

El clima de 2023 puso a prueba los tratamientos

La fuerte incidencia registrada en 2023 permitió analizar las estrategias bajo condiciones especialmente exigentes. En las parcelas sin tratar, la enfermedad avanzó con mayor intensidad, mientras que los programas biológicos más eficaces conservaron una protección superior.

La comparación entre 2022 y 2023 confirmó que los resultados de un tratamiento pueden variar de una temporada a otra. La frecuencia de las lluvias, la duración del mojado de las hojas y la humedad relativa influyen directamente sobre la capacidad de infección de Plasmopara viticola.

Los autores destacan que el éxito de los programas biológicos dependerá de una aplicación preventiva, de la combinación racional de productos y de un monitoreo continuo de las condiciones que favorecen la enfermedad.

La investigación continuará siendo necesaria para ajustar las dosis, determinar los intervalos de aplicación y comprobar el rendimiento de estas estrategias en otras variedades y regiones vitivinícolas sometidas a diferentes niveles de presión del mildiu.

Fuente(s) referenciales

AgroPages: estudio italiano sobre estrategias biológicas e integradas para controlar el mildiu velloso de la vid



Mundo Agropecuario
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