Un estudio de economistas agrícolas encontró una disminución significativa de las superficies afectadas en condados donde propietarios y autoridades trabajaron conjuntamente
Redactor: Luis Ortega
Editor: Camila Herrera R.
La coordinación entre productores, propietarios rurales y autoridades federales redujo significativamente los daños atribuidos a la fauna silvestre en campos de maíz de Estados Unidos, según una investigación de economistas agrícolas de la Universidad de Tennessee y la Universidad de Arkansas. El trabajo evaluó un programa federal diseñado para controlar la expansión de los cerdos ferales en varios estados.
Los investigadores compararon reclamaciones del seguro agrícola presentadas antes y después del inicio del programa en condados participantes y en territorios donde no se aplicaron medidas coordinadas. En las zonas sin intervención, la superficie media de maíz afectada por fauna silvestre alcanzó 70 acres por póliza, aproximadamente 28 hectáreas. En los condados incluidos en el programa, el promedio descendió a 10 acres, equivalentes a unas cuatro hectáreas.
La diferencia fue estadísticamente significativa y representa una reducción relevante para las regiones productoras de maíz examinadas. Sin embargo, el mismo análisis no encontró efectos diferenciados en las reclamaciones correspondientes a soja, trigo, algodón y maní, por lo que los resultados no permiten afirmar que el programa haya reducido los daños en todos los cultivos.
Los cerdos ferales están presentes en 35 estados
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) informa que los cerdos ferales se encuentran en 35 estados. La estimación nacional más reciente citada por los investigadores corresponde a 2016, cuando se calculó una población aproximada de siete millones de ejemplares. La cifra actual podría ser mayor, aunque no existe un conteo nacional más reciente presentado en el estudio.
Estos animales pueden reproducirse durante todo el año y llegar a tener dos camadas anuales de entre cuatro y doce crías cada una. Su capacidad reproductiva, movilidad y adaptación a distintos ambientes dificultan mantener las poblaciones bajo control una vez que se establecen en un territorio.
El problema también se extiende hacia el norte del continente. La posible expansión de los llamados “supercerdos” procedentes de Canadá hacia estados fronterizos de Estados Unidos ha generado preocupación por su capacidad de supervivencia y por los daños potenciales sobre la agricultura y los ecosistemas.
El USDA estima que los cerdos silvestres ocasionan anualmente entre 2.500 millones y 3.400 millones de dólares en daños materiales dentro del país. Al menos 800 millones corresponden a pérdidas en cultivos, a las que se suman desperfectos en cercas, caminos rurales y otras infraestructuras necesarias para la producción.
El maíz concentra una parte importante de los daños
Los cerdos ferales consumen semillas, plantas y frutos, además de remover el suelo con el hocico mientras buscan raíces, insectos y otros alimentos. Cuando una manada entra en una parcela, puede destruir plantas, alterar las líneas de siembra y dejar superficies difíciles de cosechar.
El maíz es señalado como el cultivo más afectado habitualmente por estos animales en Estados Unidos. Esa preferencia podría explicar por qué la investigación detectó una reducción significativa en las reclamaciones asociadas con este cereal, pero no encontró resultados equivalentes en soja, trigo, algodón o maní.
La experiencia estadounidense coincide con los efectos documentados en otros sistemas productivos. En Argentina, por ejemplo, el jabalí europeo provoca pérdidas en cultivos e instalaciones agropecuarias, mientras que en España se han registrado incursiones de jabalíes en parcelas de maíz.
Además de las pérdidas agrícolas, los cerdos ferales pueden transmitir enfermedades al ganado, deteriorar la calidad del agua y alterar hábitats de fauna y comunidades vegetales. La interacción entre poblaciones silvestres y explotaciones porcinas también obliga a mantener vigilancia sanitaria, especialmente ante enfermedades capaces de afectar tanto a jabalíes como a cerdos domésticos.
La movilidad de las manadas exige colaboración territorial
Los cerdos silvestres recorren grandes áreas que pueden abarcar numerosas propiedades privadas. Una intervención aislada en una finca puede desplazar temporalmente a los animales hacia terrenos vecinos, sin reducir la población existente en el conjunto del territorio.
Esta movilidad convierte el control en un problema colectivo. Si algunos propietarios invierten en trampas, vigilancia y recuperación de terrenos mientras otros no participan, las manadas pueden refugiarse en las propiedades sin intervención y regresar posteriormente. La efectividad aumenta cuando las actuaciones cubren áreas continuas y se mantienen durante períodos prolongados.
El Congreso estadounidense creó una primera estructura de apoyo mediante la Ley Agrícola de 2018, que destinó 75 millones de dólares a promover la cooperación entre propietarios rurales. El programa operó en condados seleccionados de Alabama, Arkansas, Florida, Georgia, Luisiana, Mississippi, Carolina del Norte, Oklahoma, Carolina del Sur y Texas.
A partir de 2020, el USDA financió la adquisición de equipos de captura, las operaciones de control dentro de las fincas y la restauración de terrenos dañados. La iniciativa, prevista inicialmente hasta 2023, recibió posteriormente otros 105 millones de dólares para continuar hasta 2029.
Hasta el 21 de septiembre de 2026, el Gobierno federal mantiene abierto el proceso de solicitudes para adjudicar los primeros 35 millones de esa ampliación. Paralelamente, una propuesta de ley agrícola aprobada por la Cámara de Representantes y pendiente de debate en el Senado contempla agregar 150 millones de dólares y prolongar el esfuerzo hasta 2031.
El estudio identificó resultados y limitaciones
Para evaluar el programa, los investigadores utilizaron datos federales de reclamaciones del seguro agrícola. Este método proporciona registros comparables entre condados, pero no incluye los daños que los productores consideraron demasiado pequeños para solicitar una indemnización ni las pérdidas sufridas por agricultores sin cobertura aplicable.
El análisis tampoco midió los posibles beneficios sobre cercas, carreteras, ganado, áreas recreativas, calidad del agua o ecosistemas. Por ello, los autores consideran probable que las cifras disponibles subestimen el alcance total de los resultados obtenidos mediante el control coordinado.
Otra limitación fue el comienzo del programa durante la pandemia de COVID-19. Las restricciones dificultaron la celebración de reuniones comunitarias y redujeron las actividades destinadas a explicar la iniciativa y conseguir la participación de más propietarios. Su carácter experimental también pudo generar dudas entre quienes temían invertir tiempo y recursos en una actuación de corta duración.
Los economistas proponen priorizar los condados con una elevada producción de maíz, ampliar la comunicación con los propietarios y asegurar financiamiento continuo. Una participación territorial más extensa permitiría capturar o eliminar animales sobre superficies mayores y reducir la posibilidad de que las manadas simplemente cambien de ubicación.
La erradicación completa resulta improbable en las zonas donde los cerdos ferales están ampliamente establecidos. Los datos, no obstante, indican que una estrategia sostenida, financiada y aplicada de forma colectiva puede disminuir pérdidas concretas para los agricultores sin presentar el control como una solución inmediata o universal.
Fuente referencial:
Phys.org – Investigación sobre el control coordinado de cerdos ferales en Estados Unidos

