Enfermedades en ganadería

Un tratamiento no reduce la inflamación uterina en yeguas

Publicado el 07/10/2026 ·

Un ensayo con N-acetilcisteína no detectó mejoras en los marcadores inflamatorios asociados a la endometritis persistente inducida por la reproducción


Redacción: Redacción Mundo Agropecuario
Editor: Karem Díaz S.

Un tratamiento con N-acetilcisteína (NAC) administrado antes de la inseminación no produjo cambios significativos en varios indicadores de inflamación uterina de yeguas susceptibles a endometritis persistente inducida por la reproducción, una alteración que puede comprometer la fertilidad y reducir la eficiencia reproductiva de los animales.

El resultado procede de una investigación desarrollada por especialistas vinculados a la Universidad de Guelph, en Canadá, y la Universidad de Cornell, en Estados Unidos. El trabajo aparece en el volumen de octubre de 2026 de Journal of Equine Veterinary Science y aporta nueva información sobre los mecanismos que intervienen en uno de los problemas reproductivos relevantes de la producción y cría equina.

La endometritis persistente inducida por la reproducción, conocida por las siglas PBIE, se caracteriza por una respuesta inflamatoria uterina prolongada después del apareamiento o la inseminación. La inflamación posterior a la reproducción forma parte de la respuesta fisiológica normal de la yegua, pero en animales susceptibles puede mantenerse durante demasiado tiempo y crear condiciones desfavorables para el establecimiento de la gestación.

La salud reproductiva constituye un componente fundamental del manejo ganadero. Investigaciones anteriores han mostrado la utilidad de evaluar diferentes indicadores de salud reproductiva en animales domésticos para comprender problemas de fertilidad y orientar las decisiones veterinarias.

Nueve yeguas participaron en un ensayo cruzado

Los investigadores estudiaron nueve yeguas susceptibles a PBIE mediante un diseño experimental aleatorizado, ciego y cruzado. De esta manera, los animales participaron en ciclos de control y tratamiento separados por al menos un ciclo estral de lavado.

En los ciclos de tratamiento se realizó una infusión intrauterina de 180 mililitros de una solución de N-acetilcisteína al 3,3 %, mientras que en los ciclos de control se utilizó solución salina estéril. La aplicación se efectuó 12 horas antes de la inseminación.

Posteriormente se recogieron muestras de líquido uterino a las 12 y 60 horas posteriores a la inseminación para analizar diferentes citocinas y quimiocinas asociadas con la respuesta inflamatoria. En esos mismos momentos también se realizaron biopsias endometriales para estudiar la expresión génica de determinados mediadores de la inflamación.

El estudio se suma a una línea de investigación relevante para la reproducción de équidos, donde la inseminación y la conservación de semen plantean desafíos específicos. Mundo Agropecuario ha documentado, por ejemplo, el uso de semen equino conservado durante décadas para programas reproductivos, experiencias que también muestran la importancia de controlar las respuestas uterinas posteriores a la inseminación.

La N-acetilcisteína no modificó los marcadores analizados

Los resultados no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre los ciclos tratados con N-acetilcisteína y los ciclos de control en las concentraciones de las citocinas y quimiocinas inflamatorias presentes en el líquido uterino.

Tampoco se detectaron diferencias significativas en la expresión de los genes analizados para interleucina 6 (IL-6), interleucina 10 (IL-10), interleucina 1 beta (IL-1β) y factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α) en las biopsias endometriales.

El resultado es relevante precisamente porque se trata de un resultado negativo: permite descartar, bajo las condiciones experimentales evaluadas, que el tratamiento produzca una modificación apreciable de estos componentes específicos de la respuesta inflamatoria uterina.

Los autores relacionan estos hallazgos con investigaciones anteriores en las que el tratamiento con N-acetilcisteína tampoco había producido una mejoría clínica en yeguas afectadas por PBIE. La ausencia de cambios significativos en citocinas y quimiocinas proporciona ahora una posible explicación fisiológica para aquella falta de respuesta clínica.

La inflamación después de la inseminación condiciona la fertilidad

La reproducción asistida permite aprovechar reproductores seleccionados y ampliar programas de mejoramiento, pero el éxito depende de numerosos factores fisiológicos y de manejo. En otras especies ganaderas también se utilizan estrategias de inseminación artificial para mejorar la reproducción y productividad, aunque la respuesta depende de la especie, las condiciones de los animales y el sistema productivo.

En las yeguas, después de la entrada de espermatozoides en el útero se desencadena una respuesta inmunitaria que ayuda a eliminar espermatozoides sobrantes, células y otros materiales. Los animales reproductivamente sanos suelen resolver esa inflamación de manera eficiente, mientras que las yeguas susceptibles a PBIE presentan una respuesta más prolongada y desregulada.

Si el ambiente uterino no retorna oportunamente a condiciones compatibles con la reproducción, la fertilidad puede verse comprometida. Por esa razón, comprender qué tratamientos realmente modifican la respuesta inflamatoria resulta importante para veterinarios, criadores y centros dedicados a reproducción equina.

Un resultado que ayuda a orientar futuros tratamientos

El estudio no demuestra que la N-acetilcisteína carezca de cualquier posible aplicación veterinaria, sino específicamente que el protocolo evaluado no modificó significativamente las citocinas, quimiocinas y genes inflamatorios estudiados en estas yeguas susceptibles a PBIE.

Esta precisión es importante debido al tamaño del ensayo y a las condiciones concretas de aplicación. Los investigadores trabajaron con nueve animales y con una infusión determinada administrada 12 horas antes de la inseminación, por lo que los resultados deben interpretarse dentro de ese diseño experimental.

En la producción animal, la eficiencia reproductiva depende además de sanidad, nutrición, genética y manejo. La experiencia acumulada en distintos sistemas ganaderos confirma que una estrategia de mejoramiento y reproducción animal necesita integrar información genética con evaluación sanitaria y reproductiva de los ejemplares.

Para la medicina reproductiva equina, el nuevo trabajo aporta evidencia que permite afinar la búsqueda de intervenciones capaces de controlar la inflamación persistente después de la reproducción. Determinar por qué determinadas yeguas no resuelven adecuadamente esa respuesta y qué mecanismos pueden modificarse continúa siendo un objetivo relevante para mejorar las probabilidades de gestación.

Fuentes referenciales:
Journal of Equine Veterinary Science
PubMed – National Library of Medicine