Bovino

Más espacio en el establo mejora el bienestar de los terneros, pero tiene un límite

Publicado el 28/06/2026 · REDACCION

Un trabajo de la Universidad Autónoma de Barcelona advierte que la densidad en los cebaderos influye en productividad, descanso, rumia y salud animal, aunque aumentar metros cuadrados no siempre genera beneficios adicionales.


Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.

María Roda Tena

El espacio disponible para los terneros carniceros se está consolidando como un factor decisivo en la productividad y el bienestar animal dentro de los sistemas intensivos de engorde. Esa fue una de las principales ideas expuestas por María Roda Tena y Lorena Castillejos Velázquez, del Servicio de Nutrición y Bienestar Animal de la Universidad Autónoma de Barcelona, durante el congreso anual de ANEMBE celebrado en Valladolid.

La ponencia, titulada “¿Menos animales por corral… más kilos y mejor bienestar?”, revisó estudios previos y resultados provisionales sobre el efecto de la densidad en cebaderos. Las investigadoras subrayaron que el espacio por animal influye en parámetros productivos, comportamiento, descanso, rumia, salud y rentabilidad, pero también advirtieron que no existe una relación indefinidamente positiva: a partir de ciertos niveles, más metros cuadrados no siempre se traducen en mejores resultados.

La densidad como indicador clave en el cebo de terneros

En los sistemas europeos de engorde de bovinos conviven modelos intensivos, extensivos y mixtos. En España predomina el cebo intensivo, con entrada de terneros lecheros a los 2 o 3 meses y de animales de pasto entre los 6 y 9 meses. La alimentación se basa en concentrado complementado con forraje, y la salida a matadero suele producirse entre los 12 y los 15 meses.

En ese contexto, la densidad —entendida como número de animales o kilos de peso vivo por metro cuadrado— se convierte en una variable central para evaluar el manejo. El tema conecta directamente con el debate sobre bienestar animal en bovinos de carne, porque la restricción de espacio puede afectar el descanso, la locomoción, la competencia social y la incidencia de lesiones.

La normativa europea actual presenta limitaciones para la fase de crecimiento y cebo. La Directiva 2008/119/CE establece normas básicas para terneros menores de seis meses, pero no fija requisitos específicos para animales de mayor edad. Para terneros de 220 kilos o más se contempla un mínimo de 1,8 metros cuadrados por animal, mientras que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria ha sugerido alrededor de 13 metros cuadrados por animal como referencia para favorecer descanso, reducir competencia y limitar estrés grupal.

Más espacio mejora la producción hasta cierto umbral

Los estudios revisados por Roda y Castillejos muestran que aumentar el espacio disponible puede mejorar el crecimiento y algunos parámetros de canal. Un trabajo de Hickey et al. comparó densidades de 1,5; 2,0; 3,0 y 4,0 metros cuadrados por animal, con incrementos significativos en ganancia media diaria y peso de canal al comparar los extremos de menor y mayor espacio.

Sin embargo, las diferencias no fueron significativas cuando se compararon densidades próximas, como 3,0 frente a 4,0 metros cuadrados por animal. Otro estudio, de Keane et al., encontró mejores resultados productivos a 3,0 metros cuadrados por animal frente a 2,0: mayor peso al sacrificio, mejor ganancia media diaria, mejor índice de conversión, mayor peso de canal y mayor puntuación de engrasamiento.

En densidades más representativas de los sistemas actuales, con 3,0; 4,5 y 6,0 metros cuadrados por animal, los terneros alojados a 4,5 metros cuadrados mejoraron la ganancia media diaria y redujeron el índice de conversión frente a los alojados a 3,0 o 6,0 metros cuadrados. La lectura técnica es clara: superar ciertos niveles de espacio puede mejorar la eficiencia, pero aumentar hasta 6 metros cuadrados no aportó beneficios adicionales en esos ensayos.

Un estudio en una granja comercial de Lleida

Para evaluar el efecto de la densidad en un sistema representativo del cebo de vacuno joven en España, las investigadoras de la Universidad Autónoma de Barcelona trabajaron con terneros Black Angus y frisones alojados en una granja comercial de Lleida. Todos los animales recibieron la misma alimentación y manejo durante ocho meses de engorde.

El ensayo comparó dos tratamientos: baja densidad, con 15 bovinos por corral, y alta densidad, con 19 bovinos por corral. Los animales de alta densidad dispusieron de 3,8 metros cuadrados por animal, mientras que los de baja densidad tuvieron 4,8 metros cuadrados por animal.

En producción, se observaron diferencias en peso de canal y rendimiento de canal, ambos mayores en los animales alojados en baja densidad. También se detectó interacción entre peso vivo, consumo de concentrado y fase de crecimiento, lo que indica que las diferencias significativas aparecen especialmente al final del período de cebo.

Estos resultados se relacionan con otros trabajos sobre salud y productividad del ganado, donde la eficiencia no depende de un solo factor, sino de la combinación entre nutrición, instalaciones, sanidad y manejo.

Descanso, rumia y comportamiento social

La disponibilidad de espacio no solo afecta los kilos producidos. También modifica la forma en que los animales descansan, rumian, se mueven e interactúan. La EFSA identifica el tamaño del alojamiento como uno de los factores de mayor impacto sobre el bienestar, asociado a dificultades para descansar, restricción del movimiento, estrés grupal, lesiones y trastornos locomotores.

El descanso es uno de los indicadores más utilizados en bovino de carne. En estudios previos, los animales con 4 metros cuadrados por animal pasaron más tiempo tumbados que los alojados en 1,5 metros cuadrados. En otros casos, más espacio no aumentó el tiempo total de descanso, pero sí mejoró la calidad del descanso, la postura al tumbarse, la distancia entre animales y la reducción de pisoteos.

En el estudio de Roda y Castillejos, el bienestar se evaluó mediante observación directa con etograma y mediante un acelerómetro colocado en un collar CowScout Neck, de GEA Farm Technologies. Los resultados del etograma mostraron que los animales en baja densidad pasaban más tiempo rumiando y menos tiempo de pie, además de presentar más comportamientos positivos y menos conductas antagonistas.

El análisis global del período de engorde no mostró diferencias significativas entre tratamientos, pero al separar fases se identificaron interacciones relevantes en el tiempo de rumia durante los meses de mayor temperatura y en la fase final del cebo. Este punto también resulta relevante ante el impacto del estrés térmico en el ganado bovino, que puede modificar consumo, descanso y rendimiento.

El equilibrio económico de dar más espacio

Reducir la densidad suele implicar alojar menos animales por unidad de superficie, lo que puede reducir la producción total de carne en el corto plazo. Sin embargo, el mayor espacio también puede generar beneficios indirectos por mejoras en salud, eficiencia productiva, comportamiento y bienestar animal.

Las investigadoras citaron una simulación de Ahmed et al. que comparó 50 animales a 4 metros cuadrados por animal frente a 40 animales a 5 metros cuadrados por animal. El modelo estimó una reducción de las ganancias netas a corto plazo del 18,9 % por animal en razas de aptitud cárnica y del 10,8 % en razas de aptitud lechera.

Roda advirtió que ese modelo tenía limitaciones porque no incorporaba suficientemente los posibles beneficios del mayor espacio sobre salud, reducción de tratamientos, comportamiento, rumia, descanso o menor conflictividad. Tampoco descontaba ahorros derivados de alojar menos terneros ni posibles reducciones de mano de obra.

Por eso, las autoras consideran necesarios estudios económicos en condiciones reales que integren costes directos, como alimentación y mantenimiento, con efectos indirectos sobre salud y comportamiento. También plantean mecanismos como primas por bienestar animal, certificaciones diferenciadas o mejoras en la eficiencia global del sistema, un debate que enlaza con los retos de equilibrar bienestar animal, clima y seguridad alimentaria en la ganadería.

Una decisión de manejo que no admite respuestas simples

La conclusión presentada en ANEMBE es que el espacio disponible para los terneros de engorde influye tanto en productividad como en bienestar animal, pero sus efectos no son lineales. La fase del cebo, las condiciones ambientales, el tipo de suelo, la cama, el sistema de alimentación, el estado sanitario y la carga ganadera modifican el resultado final.

El aumento de espacio puede favorecer descanso, rumia, interacciones sociales positivas, locomoción y salud, pero a partir de determinados umbrales los beneficios adicionales se reducen. La recomendación técnica no pasa por asumir que más metros cuadrados siempre equivalen a mejores resultados, sino por ajustar la densidad a cada sistema productivo con datos de campo, balance económico y criterios de bienestar medibles.

Fuente(s) referenciales

Campo Galego



Mundo Agropecuario
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