El Gobierno rehabilitará sistemas de riego, perforará pozos y negocia 30 millones de dólares para ampliar la infraestructura hídrica frente al déficit de lluvias
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
La prolongada sequía que afecta a Honduras obligó al Gobierno a reforzar sus inversiones en sistemas de riego e infraestructura hídrica para reducir las pérdidas de cultivos y sostener la producción nacional de alimentos durante el actual ciclo agrícola.
El ministro de la Secretaría de Agricultura y Ganadería, Moisés Molina, informó que las medidas incluyen la rehabilitación de instalaciones de riego existentes, la preparación de nuevas obras y un proyecto de perforación de pozos que contará con apoyo de la cooperación japonesa.
La estrategia busca responder a los daños inmediatos provocados por la falta de lluvias, pero también disminuir la vulnerabilidad estructural del campo hondureño ante temporadas secas recurrentes. Las autoridades reconocen que una parte importante de las siembras realizadas en zonas expuestas al déficit hídrico ya presenta daños severos.
Algunas siembras podrían perderse por completo
Molina señaló que numerosos agricultores mantuvieron sus calendarios de siembra pese a las advertencias oficiales sobre la elevada probabilidad de lluvias insuficientes en diferentes municipios del país.
La ausencia prolongada de precipitaciones impidió el desarrollo normal de los cultivos y, según el funcionario, algunas áreas podrían registrar pérdidas totales. En esos casos, el Gobierno tendría que complementar la respuesta productiva con ayuda alimentaria para las familias afectadas.
La situación evidencia la elevada dependencia de la agricultura hondureña de las precipitaciones estacionales, especialmente entre los pequeños productores que no disponen de sistemas de riego, reservorios o fuentes alternativas de abastecimiento de agua.
El impacto de la variabilidad climática sobre los medios de vida rurales ya ha sido documentado en diferentes países de la región. Los episodios de sequía e inundaciones colocan a la seguridad alimentaria de América Central bajo una presión constante, particularmente en comunidades que dependen del maíz y el frijol para el consumo familiar y la generación de ingresos.
La rehabilitación del riego encabeza la respuesta oficial
La Secretaría de Agricultura y Ganadería considera que recuperar la infraestructura de riego es una de las intervenciones más urgentes para mejorar la distribución del agua y proteger la capacidad productiva de las zonas agrícolas.
Los trabajos previstos permitirán rehabilitar sistemas que presentan deterioro o una capacidad inferior a la requerida. Esta recuperación puede beneficiar tanto a los productores que ya utilizan riego como a comunidades donde la infraestructura existente no funciona plenamente.
La estrategia también contempla la perforación de pozos con respaldo de la cooperación japonesa. Estas obras deberán identificar fuentes disponibles y establecer mecanismos de extracción que respondan a las necesidades productivas sin comprometer la sostenibilidad de las reservas de agua.
La eficiencia de la inversión dependerá no solo de disponer de una fuente hídrica, sino también de contar con redes capaces de conducir y aplicar el agua con pérdidas mínimas. El adecuado diseño de tuberías hidráulicas para el riego agrícola puede mejorar la presión, la distribución y el control del suministro en cada parcela.
Honduras negocia 30 millones de dólares para nuevas obras
Además de las intervenciones inmediatas, el Gobierno hondureño negocia un financiamiento internacional por 30 millones de dólares, equivalente a unos 804 millones de lempiras, para ampliar la infraestructura hídrica destinada al sector agrícola.
Los recursos permitirían preparar soluciones de mayor alcance y fortalecer la capacidad de respuesta ante futuras temporadas secas. El objetivo anunciado es reducir la exposición de los productores a la irregularidad de las lluvias mediante obras que ofrezcan una disponibilidad de agua más estable.
Las autoridades no han presentado todavía todos los detalles sobre la distribución territorial del financiamiento, el número de productores beneficiados o el calendario completo de ejecución. La definición de estos elementos será fundamental para evaluar el alcance efectivo de la iniciativa.
El ministro aseguró que los programas de apoyo se dirigirán a los agricultores afectados sin distinciones políticas. La identificación de las pérdidas y la priorización de las inversiones requerirán evaluaciones de campo para determinar qué comunidades enfrentan los daños más graves y qué soluciones son técnicamente viables.
Olancho y El Paraíso reportan daños en granos básicos
Los efectos de la sequía ya se observan en departamentos como Olancho y El Paraíso, donde se han reportado pérdidas en plantaciones de frijol y una disminución considerable de las superficies sembradas debido a la irregularidad de las precipitaciones.
El deterioro de los granos básicos resulta especialmente sensible porque estos cultivos desempeñan un papel central en la alimentación nacional, la agricultura familiar y los mercados locales. Una reducción de la cosecha puede disminuir los ingresos rurales y aumentar la presión sobre el abastecimiento y los precios.
La entrada de la canícula, periodo caracterizado por una disminución temporal de las lluvias dentro de la estación húmeda, mantiene desfavorables las perspectivas para varias zonas agrícolas. La SAG continúa vigilando las condiciones climáticas y ofreciendo asistencia técnica sobre los lugares, fechas y cultivos más adecuados para sembrar.
La planificación basada en información agroclimática constituye una herramienta para reducir estas pérdidas. Un proyecto desarrollado por Brasil y la FAO permitió introducir en Honduras y otros países de la región mapas de zonificación agrícola del riesgo climático, parcelas piloto y ajustes en las fechas de siembra de maíz, frijol, sorgo y ajonjolí.
Los productores reclaman soluciones permanentes
El presidente de la Asociación de Productores de Granos, Dulio Medina, reconoció que las medidas aplicadas pueden contribuir a afrontar la emergencia, pero advirtió que no resuelven la vulnerabilidad histórica del sector agropecuario frente a las sequías recurrentes.
Los productores plantean la necesidad de ampliar la cobertura de riego, fortalecer la captación y el almacenamiento de agua y convertir la gestión hídrica en una política permanente, en lugar de concentrar las acciones únicamente en periodos de emergencia.
Honduras forma parte del Corredor Seco Centroamericano, una franja expuesta a lluvias irregulares, periodos de sequía y pérdidas frecuentes en la agricultura familiar. En este territorio, la disponibilidad de agua condiciona directamente la siembra, la producción de alimentos y la estabilidad económica de numerosas comunidades rurales.
El país ya ha participado en intercambios regionales sobre captación de agua y gestión de riesgos agrícolas, con experiencias dirigidas a adaptar la producción familiar a periodos prolongados de escasez.
Menor producción aumentaría la presión sobre los alimentos
Las pérdidas agrícolas no se limitan al valor de las cosechas dañadas. Una reducción significativa de la producción nacional puede afectar la disponibilidad de granos, elevar los costos en los mercados internos y obligar a incrementar las importaciones para cubrir la demanda.
Este riesgo adquiere mayor importancia cuando los daños se concentran en cultivos básicos y en explotaciones familiares con escaso margen financiero. Para muchos agricultores, perder una siembra también significa quedarse sin semillas, ingresos o reservas alimentarias para iniciar el siguiente ciclo.
Las autoridades mantienen programas de incentivos, asistencia técnica y apoyo humanitario mientras evalúan la evolución de las lluvias durante la segunda mitad de 2026. La recuperación de los cultivos dependerá de la duración del déficit hídrico, del estado de las plantas y de la rapidez con la que puedan ejecutarse las intervenciones anunciadas.
La rehabilitación del riego y las nuevas obras pueden reducir parte del riesgo, pero deberán acompañarse de mantenimiento, organización comunitaria, planificación de cultivos y criterios de sostenibilidad para evitar que la infraestructura quede subutilizada o que las fuentes de agua sean explotadas por encima de su capacidad.
Fuente referencial:
Infobae

