Un sistema acústico registró casi 3.570 detonaciones en una zona coralina de Indonesia y estimó que esta práctica ilegal podría causar unos 8.500 incidentes al año
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Un sistema de escucha submarina apoyado por inteligencia artificial reveló una intensa actividad de pesca con explosivos en el archipiélago de Spermonde, frente a la isla de Sulawesi, Indonesia. Durante el periodo analizado, los investigadores detectaron una detonación cada 62 minutos en promedio, una frecuencia que expone la presión ejercida sobre arrecifes esenciales para la pesca y las comunidades costeras.
El estudio piloto reunió a especialistas de universidades de Indonesia y el Reino Unido, entre ellos el investigador Tim Lamont, del Lancaster Environment Centre. El trabajo se concentró en una zona perteneciente al Triángulo de Coral, considerada uno de los territorios marinos con mayor biodiversidad del planeta.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Remote Sensing in Ecology and Conservation. La investigación demuestra que el análisis automatizado de grabaciones submarinas puede ayudar a medir una actividad clandestina cuya distribución y frecuencia resultaban difíciles de determinar mediante patrullas y observaciones convencionales.
Casi 3.570 explosiones identificadas en las grabaciones
Los científicos instalaron micrófonos submarinos con una distancia estimada de detección de aproximadamente 16 kilómetros. La propagación del sonido bajo el agua permitió registrar detonaciones producidas más allá del entorno inmediato de cada dispositivo.
En 3.650 horas de audio obtenidas a lo largo de 16 meses, el sistema identificó casi 3.570 casos de pesca con explosivos. A partir de esa frecuencia, los investigadores calcularon que en el área podrían ocurrir alrededor de 8.500 incidentes anuales.
El equipo también estimó que esa intensidad de actividad podría degradar hasta 160.000 metros cuadrados de arrecife. La cifra representa una estimación derivada de los registros acústicos y no una medición directa de toda la superficie coralina dañada.
La cantidad de información obtenida habría requerido un prolongado proceso de revisión manual. Para acelerar la tarea, los investigadores desarrollaron un modelo de inteligencia artificial capaz de reconocer en el audio las señales correspondientes a las explosiones. La herramienta permitió procesar un mes completo de grabaciones en unas cuatro horas.
Las detonaciones destruyen el soporte físico del arrecife
La pesca con explosivos emplea artefactos improvisados para aturdir o matar numerosos peces en poco tiempo y facilitar su recolección. Sin embargo, la onda expansiva no distingue entre especies ni tamaños y también fragmenta las estructuras coralinas que sostienen el ecosistema.
Cada detonación puede matar peces a decenas de metros de distancia. Cuando los ataques se repiten, el entramado del arrecife puede transformarse en un campo de escombros con escasa capacidad de recuperación natural y cuya restauración requiere intervenciones costosas.
La destrucción afecta tanto a la biodiversidad como a la productividad pesquera. Los arrecifes funcionan como áreas de alimentación, refugio y reproducción para numerosas especies de interés comercial. Su deterioro puede reducir las poblaciones disponibles para la pesca artesanal y comprometer la continuidad de una actividad de la que dependen muchas familias costeras.
El impacto también alcanza la seguridad alimentaria, los ingresos rurales y las actividades turísticas vinculadas con los arrecifes. Además, la pérdida de estructuras coralinas disminuye la protección natural que estas formaciones ofrecen a las costas frente al oleaje y la erosión.
Una práctica ilegal documentada en al menos 34 países
Aunque la pesca con explosivos está prohibida, ha sido documentada en al menos 34 países. Su persistencia se relaciona con distintos factores, entre ellos la pobreza, la falta de actividades económicas alternativas, la debilidad de los controles y la existencia de cadenas ilegales que proporcionan componentes para fabricar los artefactos.
La naturaleza clandestina de esta práctica dificulta conocer su alcance real. Los episodios pueden producirse lejos de los puntos de vigilancia y dejan escasa información sobre horarios, frecuencia y lugares de mayor concentración.
El archipiélago de Spermonde fue seleccionado porque ya era considerado un posible foco de pesca con explosivos. No obstante, hasta ahora no se había cuantificado de manera continua la intensidad de las detonaciones en esta zona del suroeste de Sulawesi.
Monitoreo acústico para orientar vigilancia y restauración
Los autores consideran que la combinación de micrófonos de bajo costo e inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta para localizar áreas críticas, reconocer patrones de actividad y orientar patrullas hacia los sitios y horarios con mayor incidencia.
La tecnología también podría aportar información para decidir dónde concentrar programas de restauración coralina. Su aplicación, sin embargo, requeriría adaptarse a las condiciones acústicas de cada territorio y complementarse con verificación sobre el terreno, capacidad institucional y participación de las comunidades locales.
Tim Lamont señaló que la elevada frecuencia descubierta resulta alarmante por tratarse de una zona de importancia mundial para la biodiversidad. Al mismo tiempo, destacó que la detección automática con equipos asequibles constituye una prueba de concepto útil para fortalecer el monitoreo y el cumplimiento de las prohibiciones.
Los investigadores sostienen que las intervenciones deben combinar la información tecnológica con el trabajo comunitario. La vigilancia aislada no elimina las condiciones económicas que pueden incentivar la pesca ilegal, por lo que las medidas de control deberían acompañarse de alternativas productivas y formas sostenibles de aprovechamiento de los recursos marinos.
El estudio tuvo carácter piloto y se desarrolló en un archipiélago específico. Sus resultados no permiten atribuir la misma frecuencia de explosiones a todos los arrecifes tropicales, pero muestran una metodología que podría utilizarse para obtener datos comparables en otras regiones afectadas.
Fuentes referenciales:
Phys.org – Información proporcionada por la Universidad de Lancaster
Remote Sensing in Ecology and Conservation – Estudio científico original


