Vecinos de Kiszombor transformaron una parcela agrícola de 4,5 hectáreas en un recorrido de 2,5 kilómetros que cada verano atrae a miles de visitantes
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Una parcela de maíz de 4,5 hectáreas situada en Kiszombor, cerca de la frontera de Hungría con Rumanía, se convirtió nuevamente en un gigantesco laberinto rural diseñado y construido por vecinos de la localidad. La atracción combina producción agrícola, trabajo comunitario y turismo en una zona que busca responder a la pérdida de población mediante experiencias vinculadas con el territorio.
El recorrido de la edición de 2026 tiene aproximadamente 2,5 kilómetros de senderos, numerosos callejones sin salida y figuras inspiradas en cuentos infantiles. Vistas desde el aire, las áreas recortadas entre las plantas representan personajes, un castillo y un unicornio.
La iniciativa comenzó hace 18 años, en 2008, en la cercana localidad de Kukutyin. Desde entonces, un grupo de voluntarios prepara cada temporada una composición diferente con herramientas manuales, mediciones sobre el terreno y, más recientemente, apoyo de drones para realizar los ajustes finales.
El diseño comienza cuando las plantas aún son pequeñas
La creación del laberinto requiere intervenir el cultivo en una fase temprana. El diseño de este año fue elaborado por Nagy Dávid mediante una cuadrícula digital que permitió trasladar las figuras desde el ordenador hasta el terreno agrícola.
Los voluntarios cortaron las plantas cuando apenas alcanzaban la altura de las rodillas. Trabajar en esa etapa facilitó la orientación dentro de la parcela y permitió observar con mayor claridad las líneas que debían formar caminos, imágenes y zonas cerradas.
Las herramientas de medición ayudan a mantener las proporciones del plano, mientras que las azadas y otros instrumentos manuales se utilizan para abrir los senderos. Los drones permiten comprobar desde el aire si las formas corresponden al diseño original y localizar sectores que necesitan correcciones.
Este procedimiento es similar al empleado en otras experiencias de agroturismo basado en laberintos de maíz, donde los patrones se trazan cuando el cultivo todavía es bajo y se hacen visibles a medida que las plantas crecen.
Un recorrido de 2,5 kilómetros entre callejones sin salida
Los visitantes reciben un mapa antes de internarse en el maizal, aunque encontrar la salida continúa siendo un desafío. El trazado incluye bifurcaciones, caminos cerrados y cambios de dirección que convierten el campo en una gran actividad de orientación al aire libre.
La directora del proyecto, Endrész Erzsébet, compara la experiencia con una sala de escape de gran tamaño. En lugar de desarrollarse dentro de un edificio, el reto utiliza las plantas, la superficie agrícola y el paisaje de Kiszombor como componentes esenciales.
La edición de 2026 permanece abierta hasta el 22 de agosto. Los organizadores esperan recibir, como sucede habitualmente, entre 2.000 y 3.000 personas interesadas en recorrer el laberinto y participar en juegos tradicionales de destreza.
El agroturismo como herramienta frente a la despoblación
El proyecto fue impulsado inicialmente por voluntarios del círculo de historia local Kiss Mária Hortensia. Su propósito era atraer visitantes y dar visibilidad a una región rural afectada por una disminución progresiva de habitantes.
La transformación temporal del maizal muestra cómo una explotación o parcela agrícola puede generar actividades complementarias sin perder su vínculo con el campo. En este caso, el cultivo funciona como escenario de recreación, elemento educativo y recurso para promover el conocimiento de la comunidad.
La experiencia coincide con investigaciones que señalan que la autenticidad, la interacción con los visitantes, el aprendizaje y la ubicación influyen en el desarrollo de proyectos de agroturismo. Estas actividades pueden ampliar los ingresos locales y fortalecer la relación entre los habitantes urbanos, la agricultura y las regiones productoras.
Los laberintos de maíz también forman parte de una oferta rural que incluye visitas a granjas, recorridos por cultivos, ventas directas, actividades educativas y celebraciones de temporada. Su funcionamiento depende tanto del manejo agrícola como de la capacidad de promoción y recepción de visitantes.
La promoción digital amplía el alcance de las iniciativas rurales
Las imágenes aéreas de las figuras recortadas en el cultivo se han convertido en una herramienta importante para divulgar el laberinto. Desde el nivel del suelo, los visitantes observan caminos entre plantas altas; desde el aire, en cambio, aparece la composición completa creada por los organizadores.
El uso de drones y redes digitales facilita que estas imágenes circulen fuera de la región y despierten el interés de potenciales visitantes. La conectividad resulta especialmente valiosa para pequeñas localidades que necesitan promocionar sus actividades sin disponer de grandes estructuras turísticas.
Estudios sobre la relación entre internet de alta velocidad y el crecimiento del agroturismo indican que la visibilidad en línea puede favorecer la llegada de público a granjas y emprendimientos rurales. Los visitantes suelen buscar previamente información sobre horarios, ubicación, recorridos y servicios disponibles.
El maíz convertido en paisaje y experiencia comunitaria
El laberinto de Kiszombor no busca modificar el uso agrícola permanente de la parcela, sino aprovechar temporalmente el crecimiento estacional del maíz para crear una experiencia recreativa. Al concluir la temporada, el diseño desaparece junto con el ciclo del cultivo y debe reconstruirse desde cero al año siguiente.
Esa condición temporal obliga a los organizadores a elaborar un nuevo plano, medir nuevamente el terreno y coordinar el trabajo de los voluntarios en cada edición. También permite cambiar la temática y ofrecer una experiencia distinta a quienes regresan.
El maíz posee además una profunda dimensión productiva, histórica y cultural en numerosas comunidades. La conservación de su diversidad y de los conocimientos asociados al cultivo constituye un asunto abordado en iniciativas dedicadas a preservar la herencia genética del maíz.
En Kiszombor, el cultivo adquiere durante el verano una función adicional: se convierte en un paisaje diseñado colectivamente para atraer visitantes, mantener vivas las actividades comunitarias y mostrar que la agricultura también puede servir como base para la diversificación económica de las zonas rurales.
Fuente referencial:
Euronews

