Agricultura

Microorganismos del suelo abren una vía contra hongos agrícolas

Publicado el 05/07/2026 · REDACCION

El investigador Víctor José Carrión Bravo, de la Universidad de Málaga, estudia cómo el microbioma vegetal puede reforzar la resistencia de los cultivos y reducir la dependencia de fungicidas químicos.


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz

La agricultura española busca nuevas respuestas frente a las enfermedades fúngicas que afectan a cultivos hortícolas como tomate, pepino y pimiento. En ese contexto, una línea de investigación de la Universidad de Málaga plantea aprovechar microorganismos beneficiosos del suelo para lograr plantas más resistentes sin aumentar el uso de fungicidas.

El trabajo está asociado al investigador Víctor José Carrión Bravo, del Departamento de Microbiología de la Universidad de Málaga y del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea La Mayora. Su enfoque no consiste en añadir más productos químicos al campo, sino en comprender mejor las interacciones entre plantas, hongos y comunidades microbianas del suelo.

El problema de los hongos en los cultivos

Los hongos fitopatógenos pueden provocar pérdidas importantes en cultivos intensivos. En muchas producciones, el control se apoya en fungicidas y bactericidas, pero la presión regulatoria, los costes y la pérdida de eficacia obligan a buscar alternativas más sostenibles.

La resistencia a estos productos ya es un reto técnico y económico. En Mundo Agropecuario se ha explicado cómo la resistencia a los fungicidas puede aparecer cuando poblaciones de hongos sobreviven a tratamientos repetidos y transmiten esa tolerancia a nuevas generaciones.

La Unión Europea también impulsa una reducción del uso de químicos en el campo, lo que refuerza el interés por estrategias basadas en biodiversidad, microbiología agrícola y manejo preventivo de enfermedades.

Microbioma vegetal como defensa natural

Carrión Bravo centra su investigación en el microbioma vegetal: el conjunto de bacterias, hongos y otros microorganismos que viven en torno a las raíces, dentro del suelo y en asociación con las plantas.

Estas comunidades pueden influir en el crecimiento, la nutrición, la salud y la capacidad de defensa del cultivo. El objetivo es identificar microorganismos beneficiosos y compuestos bioactivos capaces de actuar frente a hongos que atacan a las plantas.

Para avanzar en esa dirección, el investigador combina metagenómica, bioinformática y microbiología. Es decir, analiza el suelo, lee la información genética de las comunidades microbianas y busca organismos con potencial para proteger los cultivos.

Menos químicos y más manejo biológico

El enfoque no elimina de inmediato todas las necesidades fitosanitarias, pero puede ayudar a reducir la dependencia de fungicidas químicos. La idea es reforzar al cultivo desde el suelo, utilizando microorganismos que ya forman parte del sistema agrícola.

Este planteamiento encaja con una transición hacia bioinoculantes, biocontrol y estrategias de manejo integrado. El desafío es trasladar los resultados del laboratorio al campo, donde las condiciones de suelo, temperatura, humedad y manejo agrícola pueden modificar la eficacia de los microorganismos seleccionados.

La búsqueda de alternativas resulta especialmente relevante porque los costos ocultos de la resistencia a fungicidas no siempre son visibles de inmediato: pueden aparecer como pérdida de rendimiento, aumento de aplicaciones o expansión de patógenos resistentes.

Andalucía como laboratorio agrícola

El sur de España es un territorio clave para este tipo de investigación. Andalucía concentra producciones hortícolas intensivas y subtropicales, con cultivos sometidos a presión por enfermedades, sequía, calor y exigencias comerciales.

En ese escenario, mejorar la resistencia de tomate, pepino o pimiento frente a hongos del suelo puede tener efectos directos sobre rentabilidad, reducción de tratamientos y estabilidad de campañas.

La experiencia de La Mayora y de la Universidad de Málaga conecta investigación básica y necesidades productivas. La meta es que el conocimiento sobre el microbioma pueda convertirse en herramientas aplicables para agricultores, viveros y empresas de insumos biológicos.

Una respuesta frente a patógenos que se adaptan

Los patógenos agrícolas evolucionan. Cuando una misma herramienta química se usa de forma repetida, aumenta la presión de selección y pueden sobrevivir variantes capaces de resistir tratamientos.

Ese problema se ha visto en enfermedades como la sigatoka negra del banano, donde los hongos resistentes y el análisis bioinformático han obligado a buscar nuevas vías de control más específicas.

La propuesta basada en microbiomas busca actuar de forma más compleja: no atacar solo al patógeno con una molécula, sino favorecer un entorno de suelo y raíz que dificulte la infección y fortalezca a la planta.

El reto de pasar del laboratorio al campo

El propio desarrollo de estos sistemas exige pruebas agronómicas rigurosas. Un microorganismo prometedor en laboratorio no siempre mantiene su eficacia cuando se aplica en parcelas comerciales, donde interactúa con clima, suelo, riego, fertilización y otras prácticas de manejo.

Por eso, el salto hacia productos o protocolos agrícolas requiere validación en campo, control de dosis, estabilidad del inoculante, compatibilidad con prácticas existentes y evaluación de efectos sobre rendimiento y sanidad vegetal.

El problema de las resistencias en cultivos europeos también se ha tratado en análisis sobre resistencia a fungicidas en cereales, donde se destaca la necesidad de combinar monitoreo, planificación y decisiones técnicas informadas.

Hacia una sanidad vegetal más preventiva

La línea de investigación de la Universidad de Málaga apunta a una agricultura menos dependiente de respuestas químicas de emergencia y más apoyada en prevención biológica, diversidad microbiana y conocimiento del suelo.

Si estos avances se consolidan en condiciones productivas reales, podrían ofrecer una herramienta útil para cultivos hortícolas sometidos a enfermedades fúngicas, presión climática y exigencias de sostenibilidad.

El objetivo no es presentar a los microorganismos como una solución única, sino integrarlos dentro de un manejo fitosanitario más amplio, donde el suelo deje de verse solo como soporte físico y pase a entenderse como un ecosistema activo en la defensa de los cultivos.

Fuente(s) referenciales

OKDiario



Mundo Agropecuario
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