Mijo frente al maíz por la sequía


El agrónomo Peter Doleschel plantea que la agricultura alemana debe diversificar cultivos y probar cereales menos conocidos ante el aumento del déficit hídrico.


Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz

La sequía ya no es un episodio excepcional para la agricultura europea. En regiones como Alemania, donde durante décadas el maíz ocupó un lugar central en muchas rotaciones agrícolas, el aumento de las temperaturas y la falta de agua obligan a mirar con más atención a cultivos que hasta hace poco tenían un papel secundario.

El agrónomo Peter Doleschel, vinculado a la Bayerische Landesanstalt für Landwirtschaft de Baviera, sostiene que la respuesta al déficit hídrico no puede limitarse a esperar más lluvia o ampliar el riego. Una de las salidas pasa por diversificar los cultivos y dar espacio a cereales menos conocidos, como el mijo, capaces de enfrentar mejor condiciones de sequía.

Por qué el maíz queda bajo presión

El maíz es un cultivo productivo y muy extendido, pero también puede sufrir con fuerza cuando la falta de agua coincide con etapas sensibles de su desarrollo. En campañas secas, el estrés hídrico afecta la formación de biomasa, la floración y el rendimiento final, un problema que ya ha sido observado en estudios sobre cómo la sequía afecta los rendimientos de maíz.

El cambio climático agrava esa vulnerabilidad porque no solo aumenta la temperatura media, sino que altera la distribución de las lluvias. Los periodos secos pueden ser más prolongados, las precipitaciones más irregulares y la evaporación más intensa. En ese escenario, depender demasiado de un cultivo sensible al déficit hídrico aumenta el riesgo productivo.

La recomendación de Doleschel apunta a una idea práctica: si el agua se convierte en el factor limitante, la agricultura debe ajustar sus especies, sus rotaciones y sus expectativas de rendimiento. No se trata de abandonar de inmediato el maíz, sino de reducir la dependencia de un solo cultivo cuando las condiciones climáticas cambian.

El mijo como alternativa agrícola

El mijo, incluido el sorgo o sorgo granífero dentro de los cereales tolerantes a la sequía, tiene una ventaja importante: puede producir con menos agua que otros cultivos más exigentes. Por esa razón, vuelve a ganar atención en regiones donde el verano seco empieza a condicionar las decisiones de siembra.

En Mundo Agropecuario ya se ha señalado que el mijo gana terreno frente al maíz como alternativa en suelos con menor capacidad de retención de agua. Esta comparación es especialmente relevante para agricultores que buscan mantener producción forrajera o cerealista en zonas cada vez más expuestas al estrés hídrico.

El sorgo también forma parte de esa discusión. Considerado uno de los cereales más tolerantes a la sequía, puede utilizarse como grano, forraje o materia prima para distintos usos agrícolas. Su interés no depende solo de la resistencia al calor, sino de su capacidad para integrarse en sistemas productivos más diversos.

Más diversidad para reducir riesgos

La propuesta de incluir cereales menos conocidos responde a una lógica de resiliencia. Un sistema agrícola con más especies y rotaciones más amplias distribuye mejor los riesgos frente a sequías, olas de calor, plagas o variaciones de mercado.

El problema no es únicamente agronómico. Para que un cultivo alternativo se consolide, también necesita compradores, cadenas de transformación, conocimiento técnico, maquinaria adaptada y mercados capaces de absorber la producción. Sin esa red, el agricultor puede asumir el riesgo de sembrar una especie más resistente, pero no encontrar salida comercial suficiente.

Aun así, los cereales tolerantes a la sequía han dejado de ser una curiosidad. Investigaciones y experiencias productivas vienen destacando el papel del sorgo y otros cereales tolerantes a la sequía para combinar producción, nutrición y sostenibilidad en escenarios de menor disponibilidad de agua.

El agua obliga a rediseñar las rotaciones

La adaptación al déficit hídrico no se resuelve con una sola especie. La selección de cultivos debe ir acompañada de manejo del suelo, conservación de humedad, mejora de la materia orgánica, elección de fechas de siembra y reducción de pérdidas por evaporación.

En zonas donde las lluvias se concentran en otras épocas del año, conservar el agua en el perfil del suelo se vuelve tan importante como elegir una planta tolerante. Prácticas como la cobertura vegetal, las rotaciones más largas y la protección de la estructura del suelo pueden ayudar a sostener el rendimiento bajo estrés hídrico.

Por eso, la elección entre maíz, mijo, sorgo u otros cultivos no debe verse como una sustitución simple. Es una decisión de sistema. La agricultura que enfrenta sequías más frecuentes necesita combinar genética, manejo, mercado y planificación territorial.

Una transición gradual en el campo europeo

El planteamiento de Peter Doleschel refleja una discusión que gana fuerza en Europa: cómo mantener la producción agrícola cuando el agua se vuelve menos predecible. El maíz seguirá siendo importante, pero su lugar puede cambiar en regiones donde la sequía limite su estabilidad.

Los cultivos alternativos ofrecen una vía de adaptación, aunque no son una solución automática. Requieren ensayos locales, variedades adecuadas, aprendizaje agronómico y aceptación por parte de productores, industrias y consumidores.

La transición puede ser gradual: introducir parcelas de prueba, comparar rendimientos, analizar costos y observar cómo responde cada cultivo al suelo y al clima de cada región. En ese proceso, el mijo y el sorgo aparecen como señales de una agricultura que empieza a prepararse para producir con menos agua.

Fuente(s) referenciales

Frankfurter Allgemeine Zeitung: Landwirtschaft in Klimawandel und Dürre: Hirse statt Mais